¡Hola!

Parece que los grandes éxitos que Trump prometió se le escapan. Ni Gaza, ni Irán, ni Ucrania parecen resolverse de una forma que le permita atribuirse el mérito y, con las elecciones de medio término acercándose, mal no le vendría alguno. Hablando de Ucrania, Zelensky ya salió a rechazar el pedido del exministro de Defensa Mykhailo Fedorov de volver a celebrar elecciones en plena guerra.

Pero esta semana nos vamos a ocupar de otras cosas: Estados Unidos se la agarra con la Corte Penal Internacional, a la que, para variar, no reconoce; China sigue expandiendo su presencia en el Mar de China Meridional; e Islandia va a votar si vuelve a negociar una eventual incorporación a la Unión Europea.

Para cerrar, nos zambullimos en la delicada relación entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, tratando de medir hasta dónde pueden permitirse competir entre sí.

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Estados Unidos contra la CPI

Estados Unidos sancionó a Tomoko Akane, presidenta de la Corte Penal Internacional (CPI), y a Abdoulaye Seye, uno de sus principales abogados litigantes. Las medidas congelan sus eventuales activos bajo jurisdicción estadounidense y restringen sus operaciones con personas y entidades estadounidenses. Washington, que no reconoce la jurisdicción de la CPI, acusa al tribunal de exceder sus competencias, en particular por las investigaciones y procedimientos contra dirigentes israelíes. La decisión recibió críticas de la propia Corte y de aliados estadounidenses como Japón, país de origen de Akane y uno de los principales defensores de la institución.

China construye una isla artificial

China completó la primera etapa de construcción de una isla artificial en Antelope Reef, uno de los arrecifes del disputado archipiélago de las Paracelso. Imágenes satelitales muestran una superficie recuperada de casi seis kilómetros de longitud, junto con un puerto, un muelle y una franja de más de tres kilómetros donde analistas creen que podría construirse una pista de aterrizaje. Beijing sostiene que las instalaciones servirán para actividades civiles, como investigación científica y meteorología, aunque analistas consideran probable que también tengan usos militares. Su ubicación en el norte del Mar de China Meridional podría reforzar la presencia china en una zona estratégica tanto frente a Vietnam como ante un eventual conflicto alrededor de Taiwán.

Islandia vuelve a mirar hacia la UE

Islandia celebrará el próximo 29 de agosto un referéndum para decidir si retoma las negociaciones de adhesión a la Unión Europea, suspendidas desde 2013. La votación no decidirá el ingreso del país al bloque: un eventual acuerdo de adhesión tendría que ser sometido posteriormente a un segundo referéndum. Aunque Islandia ya participa del mercado único europeo a través del Espacio Económico Europeo, el debate enfrenta a quienes ven en la membresía una oportunidad de mayor integración económica y política con quienes temen perder autonomía, especialmente sobre la industria pesquera. Las encuestas muestran un escenario abierto, con un 46% a favor de reabrir las negociaciones, otro 46% en contra y un 8% de indecisos.

En la mesa: Que compitan, pero que no se rompa

Durante años, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos conformaron una de las asociaciones más estrechas de Medio Oriente. Sin embargo, bancos saudíes comenzaron a aplicar controles adicionales a las transferencias dirigidas hacia Emiratos, similares a los utilizados con jurisdicciones consideradas de mayor riesgo. Algunas empresas denunciaron demoras o pagos rechazados y, en ciertos casos, comenzaron a recurrir a terceros países para completar las operaciones.

El Banco Central saudí sostiene que los controles responden a sus políticas contra el lavado de dinero y el financiamiento del terrorismo y no anunció ninguna restricción específica contra Emiratos. Fuentes consultadas por Reuters vincularon las nuevas dificultades con el deterioro de la relación bilateral.

La distancia actual contrasta con la coordinación que mantuvieron durante buena parte de la década pasada, que hizo de su relación un eje central de la política regional. Riad y Abu Dabi actuaron conjuntamente frente a varias de las revueltas de la Primavera Árabe, intervinieron en Yemen en 2015 y, dos años más tarde, encabezaron el bloqueo regional contra Qatar.

Pero, en 2019, Emiratos redujo su participación militar directa en Yemen y reforzó su relación con el Consejo de Transición del Sur (STC), un movimiento separatista en el sur del país. Arabia Saudita, por su parte, continuó respaldando al gobierno yemení reconocido internacionalmente. Esa divergencia terminó convirtiéndose en una confrontación mucho más abierta a finales de 2025, cuando el STC avanzó sobre territorios del sur y este de Yemen, incluidos sectores cercanos a la frontera saudí. Riad respondió con ataques aéreos y respaldó a fuerzas que, a comienzos de enero, recuperaron Hadramout y Al Mahra. El 30 de diciembre, además, atacó en el puerto de Mukalla lo que identificó como un cargamento militar vinculado a Emiratos. Arabia Saudita declaró entonces que su seguridad nacional constituía una línea roja, mientras Abu Dabi anunció la retirada de las fuerzas que todavía mantenía en Yemen.

Yemen, sin embargo, es solamente una de las expresiones de una competencia más amplia. Otra apareció en abril, cuando Emiratos anunció su salida de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), después de casi seis décadas como miembro. La decisión, que se hizo efectiva el 1 de mayo, le dio mayor libertad para aumentar su producción, después de años de desacuerdos sobre las cuotas de un organismo liderado de facto por Arabia Saudita. Emiratos había invertido fuertemente para ampliar su capacidad petrolera y buscaba mayor margen para aprovecharla.

Más allá de sus ambiciones regionales, los dos países intentan reducir su dependencia de los hidrocarburos y convertirse en centros globales para las finanzas, la tecnología, el turismo y los servicios. Esta convergencia de objetivos los coloca, en ocasiones, como rivales directos. Durante décadas, Dubái fue prácticamente sin competencia el principal centro empresarial de la región. Con Vision 2030, Arabia Saudita intenta cambiar esa situación y convertir a Riad en un competidor directo de Dubái.

En este contexto, las dificultades para realizar transferencias entre ambos países exceden una disputa bancaria. La relación ya no se sostiene solamente sobre intereses compartidos, sino que también incorpora espacios de competencia.

Arabia Saudita y Emiratos continúan profundamente conectados económicamente y mantienen importantes vínculos políticos, por lo que una ruptura completa resulta poco probable. De hecho, la guerra regional y la necesidad de garantizar el tránsito por el estrecho de Ormuz dejan claro que no pueden permitirse una competencia total. Cierta estabilidad regional sigue siendo esencial para los objetivos que ambos se proponen, aun cuando avanzar hacia ellos pueda llevarlos a competir de manera cada vez más directa.

¡Hasta la próxima!

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