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La situación en el estrecho de Ormuz parece estar atrapada en un bucle temporal. Todas las semanas comienzan con el anuncio de nuevas negociaciones que, indefectiblemente, fracasan antes de la próxima edición. Veníamos de tres semanas en las que, tras la firma de un memorando de entendimiento y el inicio de una nueva ronda de conversaciones, el estrecho había encontrado cierta calma.

La semana comenzó con ataques contra embarcaciones saudíes y qataríes que Washington atribuyó a Irán. Estados Unidos respondió revocando la autorización para que Teherán exportara petróleo y atacando objetivos iraníes. Durante los días siguientes volvió a repetirse el mismo patrón de ataques y contraataques. Más adelante les contamos cuál es la situación actual.

Además, la Unión Europea busca utilizar sus compras públicas para fortalecer su industria y reducir dependencias externas, especialmente frente a China. Por su parte, Putin no parece dar señales de querer detener su avance sobre Ucrania y podría estar preparando una nueva escalada.

Cerramos analizando cómo China busca ampliar y consolidar los límites de su presencia marítima en el Indo-Pacífico.

En el menú

UE: un borrador para priorizar las compras europeas

La Comisión Europea prepara una reforma que permitiría excluir de grandes licitaciones públicas a ofertas con menos de 50 % de contenido europeo y priorizar proveedores del bloque en sectores estratégicos. La propuesta busca convertir el enorme mercado de compras públicas europeo en una herramienta de política industrial y reducir dependencias externas, especialmente frente a China. Por ahora, es un borrador sujeto a modificaciones que deberá ser aprobado por los Estados miembros.

Putin endurece su postura frente a Ucrania

Tres fuentes próximas al Kremlin dijeron a Reuters que Putin rechazó propuestas de alto el fuego y considera indispensable conquistar completamente el Donbás. Los ataques ucranianos contra refinerías y puertos rusos habrían endurecido su postura, pese al optimismo expresado por Trump sobre una negociación cercana. No se trata de un anuncio oficial, pero sugiere que Moscú podría estar preparando nuevas operaciones en lugar de una salida negociada.

Sudán condiciona el plan de paz impulsado por Estados Unidos

El ejército sudanés aceptó buena parte de una propuesta estadounidense que contempla una tregua humanitaria de 90 días, negociaciones para un alto el fuego permanente y una transición civil. Sin embargo, exige que las Fuerzas de Apoyo Rápido se retiren de todas las ciudades ocupadas desde 2023, una condición que mantiene bloqueado el acuerdo. Mientras tanto, los combates y los ataques con drones continúan en Darfur y Kordofán.

En la mesa

Su poder es el mar

Esta semana, como parte de sus ejercicios anuales, la Armada china lanzó un misil balístico desde uno de sus submarinos nucleares. Se trataría de un JL-3, presentado públicamente el año pasado y con alcance suficiente para llegar a territorio estadounidense.

El lanzamiento es una señal de que China avanza en el desarrollo de una capacidad de segundo ataque. Esto significa que podría responder con armas nucleares incluso después de que un primer ataque destruyera buena parte de sus bases y silos terrestres. Mientras esa capacidad funciona como una garantía de supervivencia para el arsenal chino, también incrementa la preocupación de sus vecinos y de Estados Unidos.

La flota china de submarinos balísticos nucleares todavía es pequeña y enfrenta dificultades para operar sin ser detectada. Sin embargo, ya no puede considerarse una herramienta puramente defensiva. Al convertir grandes extensiones del Pacífico en posibles zonas de lanzamiento, permite a China proyectar su capacidad nuclear más allá de sus costas y obliga a países como Japón, Taiwán, Australia y Estados Unidos a ampliar sus tareas de vigilancia.

Australia fue uno de los países que criticó con mayor dureza el lanzamiento, que coincidió con la firma del Tratado de Veitacini entre Canberra y Fiji. El acuerdo establece mecanismos de cooperación en seguridad, defensa y vigilancia, además de una obligación de asistencia mutua en caso de ataque. El tratado muestra que distintas naciones del Pacífico buscan avanzar hacia algún tipo de arquitectura regional de defensa frente al aumento de las tensiones. En ese contexto, el lanzamiento chino también puede leerse como una advertencia para otros países que evalúen seguir el camino de Fiji.

Tampoco es menor que la prueba haya coincidido con el décimo aniversario del fallo de un tribunal internacional que rechazó buena parte de las reivindicaciones chinas sobre el mar de China Meridional. La disputa involucra una extensa zona reclamada por Pekín, pero también por Filipinas, Vietnam, Malasia, Brunéi y Taiwán. Esta semana, catorce países reafirmaron que esas pretensiones carecen de fundamento jurídico, mientras China volvió a desconocer una decisión que considera ilegítima.

Para China el aumento de las tensiones regionales responde a la intromisión y aumento de fuerzas armadas extraregionales operando en la zona, y apunta específicamente a los Estados Unidos.

Además, esta semana volvió a producirse un incidente alrededor de las islas Senkaku, administradas por Tokio y reclamadas por Pekín bajo el nombre de Diaoyu. Este tipo de episodios se volvió más frecuente en los últimos años, acompañado por una presencia cada vez más constante de guardacostas y patrullas chinas en la zona. El patrón recuerda al observado en otros territorios que China considera propios, donde la presión no suele adoptar la forma de una confrontación abierta, sino de una presencia sostenida que busca normalizar su control sobre el espacio disputado.

Para Pekín, el aumento de las tensiones regionales responde a la creciente presencia de fuerzas extrarregionales, especialmente estadounidenses, en una zona que considera parte de su esfera inmediata de seguridad. Para muchos de sus vecinos, en cambio, China actúa como una potencia expansiva que busca imponer por la fuerza reclamos sobre territorios ajenos. En cualquiera de los casos, el mar aparece como un espacio central de disputa, no solo para las naciones insulares, sino también para cualquier Estado que aspire a proyectarse como potencia.

¡Hasta la próxima!

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