En las últimas semanas, la tormenta se desató en Ceuta. Más de 70.000 migrantes, en su mayoría marroquíes, intentaron llegar a territorio español. Más de 90 personas murieron en el intento. La crisis no tardó en convocar a figuras de la extrema derecha europea, que encontraron en el caos una nueva oportunidad para demonizar a los inmigrantes y alimentar los temores en torno a su llegada. Este oportunismo político, lejos de contribuir a dar una respuesta a la crisis, no hizo más que avivarla.
Alvise Pérez, Vito Quiles y Zia Yusuf, este último dirigente de Reform UK, se dieron cita en Ceuta para agitar algunos de los principales fantasmas en torno a la inmigración: los migrantes como invasores dispuestos a destruir la cultura europea, la incapacidad de un gobierno socialdemócrata para hacer frente a la crisis y, sobre todo, la convicción de que el sistema europeo ha fracasado de forma rotunda a la hora de dar respuesta.
Armados con teléfonos celulares, buscaron mostrar el peligro que, según su relato, implicaba la llegada masiva de inmigrantes para la población local. Para ello, entrevistaron a los ceutíes en busca de testimonios que confirmaran esa interpretación: historias de robos, acoso a mujeres y migrantes violentos.
Sin embargo, la indignación que encontraron no siempre estaba dirigida contra los migrantes. Algunos vecinos cuestionaron, en cambio, a quienes habían llegado a aprovechar políticamente la crisis. Esto no impidió que el relato que buscaban construir prendiera fuera de Ceuta: la crisis cobró relevancia internacional y fue amplificada por figuras como Elon Musk y Donald Trump. Este último utilizó lo ocurrido para advertir a los ciudadanos de Estados Unidos sobre las consecuencias que, según él, tendría continuar recibiendo inmigrantes.
Este relato no solo convierte un caso particular en una regla general sobre la inmigración, sino que además omite las condiciones históricas y políticas propias de Ceuta. Lo ocurrido no puede entenderse sin considerar los reclamos territoriales de Marruecos sobre Ceuta y Melilla y el papel que la cuestión migratoria ha desempeñado en su relación con España.
Aun así, la crisis de Ceuta sí pone de relieve algunos de los errores y contradicciones de la política migratoria europea, entre ellos la creciente militarización de las fronteras y el impacto que la desinformación puede tener sobre las decisiones de sus dirigentes. En un editorial publicado a raíz de los acontecimientos, el diario británico The Guardian alertó sobre la falta de solidaridad de otros jefes de Estado y de Gobierno con España. La decisión del gobierno de Giorgia Meloni de suspender temporalmente la aplicación de Schengen para determinados viajeros procedentes de España, pese a que Ceuta cuenta con un régimen particular y ambos países no comparten una frontera terrestre, muestra hasta qué punto los temores en torno a la inmigración pueden influir en las decisiones de las autoridades europeas.
En el mismo medio, Ruben Andersson, profesor de Antropología Social de la Universidad de Oxford, retomó testimonios que había recogido de guardias civiles españoles durante una visita a Ceuta en 2023 sobre los efectos secundarios de la creciente militarización de las fronteras. Estos testimonios apuntan a una paradoja: la creciente militarización puede significar ceder control en vez de recuperarlo. Los acontecimientos de las últimas semanas pusieron de relieve numerosos interrogantes sobre la inmigración, aunque no necesariamente aquellos que busca instalar la extrema derecha. La incapacidad de los líderes europeos para proponer una respuesta integral y conjunta a esta problemática no hará más que alimentar los prejuicios y mantener vivos los fantasmas que rodean al fenómeno migratorio en el siglo XXI.




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