Con el inicio de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2026, simpatizantes, funcionarios gubernamentales y, por supuesto, jugadores de todo el mundo se darán cita en México, Canadá y Estados Unidos para disputar la Copa del Mundo, un torneo que es mucho más que el Mundial de Fútbol. Desde 1930, el Mundial logró convertirse en algo mucho más grande que un fenómeno deportivo masivo: actualmente es terreno de disputas geopolíticas e históricas.
Los inicios: un Mundial a las puertas de la Segunda Guerra Mundial
En 1930, año en el que se disputó la primera Copa del Mundo, los equipos participantes debieron trasladarse en barco hacia Uruguay, sede del torneo. Benito Mussolini, que por entonces se desempeñaba como duce (líder) de la Italia fascista, organizó un boicot al Mundial, afirmando, sin ningún tipo de pruebas, que en el Río de la Plata se encontraban icebergs. El motivo de este enojo por parte del líder fascista italiano se debía a su frustración por el hecho de que Italia no había sido elegida como sede. Muchos equipos europeos se ausentaron y el primer Mundial de la historia fue ganado por Uruguay, que derrotó en la final a la Argentina.
En 1934, Italia finalmente fue elegida como sede y se consagró campeona derrotando a Checoslovaquia en la final. Este Mundial fue bastante polémico, sobre todo porque Mussolini se empeñó en hacer del torneo una estrategia de propaganda fascista. Pero si hubo un Mundial realmente controversial, por los peores motivos posibles, fue el Mundial celebrado cuatro años después, en 1938. Resulta que la favorita del torneo, Austria, conocida como el Wunderteam, fue anexada por la Alemania nazi en medio del Mundial.
Fueron expulsados de la competencia y fueron obligados a jugar un partido presuntamente «de despedida», que en realidad no era otra cosa que un partido propagandístico para demostrar la supuesta superioridad de Alemania sobre Austria. Los oficiales nazis les advirtieron que no se les ocurriera ganar el partido, pero los austríacos ganaron igual. Matthias Sindelar, conocido como «el Mozart del Fútbol», murió un par de días después como consecuencia de un escape de gas. Las verdaderas causas de su muerte siguen siendo un misterio hasta el día de hoy.
Durante los años 40, el Mundial no se realizó por razones de público conocimiento; la Segunda Guerra Mundial había estallado y casi toda Europa sufría bajo el yugo de la ocupación nazi. Pero en Río Negro, un grupo de aficionados argentinos y extranjeros jugaron un torneo conocido como «El Mundial de la Patagonia». Aunque la FIFA no lo reconoció como un torneo oficial, este torneo de fútbol amateur demuestra el rol de la Argentina y Sudamérica como una región de paz.
La posguerra: del Maracanazo al Milagro de Berna
En 1950, cinco años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, la Copa del Mundo revivió y Alemania, por razones obvias, fue excluida de la competencia. El gran favorito era el local Brasil. En el partido final, celebrado en el mítico Estadio Maracaná, Brasil solo necesitaba un empate para asegurar el campeonato, pero ese día sucedió lo impensable. Uruguay, un país mucho más pequeño con unos pocos millones de habitantes, se impuso 2 a 1 en un partido memorable que se conoce actualmente con el nombre de Maracanazo. A pesar de la decepción que envolvió a Brasil durante años, este país ostenta actualmente el récord de campeonatos del mundo, con cinco copas en su haber.
Para el siguiente Mundial, celebrado en 1954 en Suiza, Alemania fue autorizada a participar nuevamente. El gran favorito era Hungría y su principal figura, Ferenc Puskás. La final del torneo fue disputada por Hungría y Alemania. De forma realmente inesperada y milagrosa, Alemania se impuso 3 a 2 en un partido conocido como el «Milagro de Berna». Esta fue la primera de las cuatro copas ganadas por Alemania.
Años 70: el Mundial como propaganda política
Para la década de 1970, el Mundial ya se había convertido en un fenómeno internacional de masas. En 1978, la Copa del Mundo se realizó en Argentina, en ese entonces gobernada por una dictadura militar responsable de la desaparición de alrededor de 30.000 personas. Lo que prometía ser una fiesta popular se convirtió en una maniobra de propaganda del régimen para contrarrestar las críticas que las masivas violaciones a los derechos humanos suscitaban en el extranjero. La sociedad celebraba un campeonato mundial cuando, a pocos kilómetros, miles de personas permanecían detenidas en centros clandestinos de detención. La Argentina se consagró campeona de aquella edición del Mundial, pero su victoria quedó empañada por la utilización política que la dictadura militar hizo de ella.
Reflexiones finales
Los ejemplos anteriores muestran que, desde el comienzo, la Copa del Mundo es un fenómeno político. Más recientemente, las ediciones que se celebraron en Rusia y Qatar demostraron que el Mundial sigue siendo un evento lucrativo que puede servir para desviar la atención de violaciones masivas a los derechos humanos. La actual edición, que se celebra en México, Canadá y Estados Unidos, ha despertado controversias con respecto a muchos atletas, hinchas y árbitros que se vieron impedidos de ingresar a los Estados Unidos. Los altos costos que trae aparejada la organización de una Copa del Mundo podrían hacer que, en el futuro, solo aquellos países autoritarios capaces de reprimir violentamente protestas contra el Mundial sean capaces de albergar el campeonato mundial de fútbol. Es por eso que es necesario luchar por un deporte transparente, que no contribuya al encubrimiento de este tipo de crímenes.




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