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Una resolución de la ONU aprobada en marzo abrió un nuevo capítulo en el debate sobre las reparaciones por la esclavitud y el colonialismo. Esta semana, Ghana y otros países africanos comenzaron a discutir cómo exigir reparaciones. También repasamos el inicio de las negociaciones entre Estados Unidos e Irán tras la firma del memorándum, mientras Europa atraviesa una nueva ola de calor.

Por último, cuando se cumplen diez años del Brexit, aprovechamos para revisar cómo se evalúa hoy una de las decisiones políticas más importantes de la Europa reciente.

En el menú

Ola de calor en Europa

Este domingo se llegaron a registrar temperaturas de hasta 40 grados centígrados en distintas ciudades europeas, dando lugar a alertas nacionales y afectando el transporte público. España, Italia y Francia fueron las principales afectadas y se espera que la ola dure hasta el miércoles, mientras que en Berlín hay alertas por tormentas eléctricas y tuvieron que cancelar festivales al aire libre. El fenómeno ocurre por una masa de aire caliente que llegó desde el Sahara y quedó atrapada entre el norte y el oeste de Europa, generando aumentos diarios de temperatura. Los expertos advierten que la ocurrencia más frecuente de estos fenómenos es causada por el cambio climático.

Ghana busca una reparación histórica

Ghana reunió esta semana a representantes de más de 80 países para discutir reparaciones vinculadas a la esclavitud y el colonialismo. Impulsada por una reciente resolución de la ONU y respaldada por la Unión Africana, la iniciativa busca llevar un reclamo histórico desde el plano simbólico al diplomático. La discusión incluye tanto compensaciones económicas como devolución de patrimonio cultural, reconocimiento histórico y reformas institucionales. Aunque las antiguas potencias coloniales rechazan la idea de compensaciones económicas, a partir de la resolución de la ONU el tema parece estar instalándose.

El vicepresidente J.D. Vance llega a Suiza

El domingo comenzaron en Suiza las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, encabezadas por el vicepresidente J.D. Vance y representantes del gobierno iraní. La instancia llega después de la firma de un memorándum de entendimiento que abrió una ventana de 60 días para alcanzar un acuerdo definitivo. Las conversaciones debían comenzar el viernes, pero fueron postergadas luego del ataque israelí contra Líbano, ante el cual Teherán decidió suspender temporalmente su participación.

En la mesa

A diez años del Brexit

El 23 de junio de 2016, el 51,9% del Reino Unido votó a favor de salir de la Unión Europea. A esta decisión le cabió el mote de Brexit. En retrospectiva, la crisis de 2008 parece haber marcado el inicio de un proceso de fragmentación en varios niveles: dañó profundamente la confianza de las sociedades en las élites políticas y, al mismo tiempo, debilitó la confianza de parte de esas élites en los proyectos supranacionales.

Quienes impulsaron el Brexit estaban dispuestos a asumir una enorme incertidumbre a cambio de recuperar el control político. Económicamente, la situación del Reino Unido era bastante mejor que la de países como España o Grecia. Después de 2008, el gobierno laborista tomó medidas que dispararon el déficit público. Esto le dio a la oposición el marco discursivo para argumentar que eran necesarias políticas de mayor austeridad.

Cuando llegó un gobierno conservador, aplicó medidas para reducir el déficit fiscal. El impacto se sintió especialmente en las regiones más periféricas, que además ya venían golpeadas por décadas de desindustrialización. A esto le siguió una recuperación económica que se concentró principalmente en Londres y en los sectores financieros y de servicios, profundizando la sensación de que no todos se estaban beneficiando por igual.

Al mismo tiempo, se instaló la idea de que los contribuyentes habían tenido que pagar una crisis causada por la City, lo que alimentó una creciente desconfianza hacia las élites financieras y políticas.

Mientras tanto, la Unión Europea siguió expandiéndose hacia el este, manteniendo un flujo migratorio hacia el Reino Unido. Si bien estudios encargados por el propio gobierno indicaban que no existían pruebas de que la inmigración tuviera efectos negativos sobre el empleo, los salarios o el sistema de salud, eso no impidió que distintos sectores políticos la utilizaran como chivo expiatorio durante la campaña.

Así, para muchos, el Brexit significaba recuperar el control de las fronteras. Diez años después, ¿qué cambió?

En principio, el impacto sobre la inmigración fue una sustitución de la inmigración europea por inmigración proveniente de terceros países, sin que la cantidad total se redujera de forma significativa. Como la estructura de la economía británica no cambió sustancialmente, sectores enteros de servicios siguieron dependiendo de trabajadores extranjeros para funcionar. La diferencia fue que ahora cuentan con menos flexibilidad para acceder a ellos.

Cayó fuertemente la integración de la economía británica con la de la Unión Europea, lo que para algunas estimaciones supone un PBI entre un 6% y un 8% inferior al que habría tenido permaneciendo en el bloque. También se calcula un impacto negativo sobre la productividad y las exportaciones. Sin embargo, todas estas cifras intentan medir una realidad alternativa, por lo que siempre existe margen para la discusión.

Por otra parte, la libra se depreció, lo que empeoró la crisis del costo de vida, que tomó la delantera entre las preocupaciones de la sociedad por delante de la inmigración.

Por último, los cambios más interesantes se dieron en el ámbito político. Primero, reabrió debates independentistas en Escocia e Irlanda del Norte. Por otra parte, muchas decisiones que se canalizaban a través de instituciones de la Unión Europea ahora volvieron a tener que resolverse localmente, y también tuvieron que crearse cuerpos y comités mixtos con la Unión para resolver disputas regulatorias y comerciales que aparecen permanentemente.

A diez años de la votación, muchas encuestas muestran que una parte importante de la población considera que el Brexit fue un error. Sin embargo, el balance más interesante quizás no sea económico sino político. El Reino Unido recuperó autonomía formal para tomar decisiones por fuera de la Unión Europea, pero los gobiernos británicos han demostrado ser reacios a utilizar plenamente ese margen de maniobra. La interdependencia con Europa sigue existiendo y apartarse demasiado de ella continúa teniendo costos. Diez años después, la principal lección del Brexit podría ser que recuperar soberanía y poder ejercerla son dos cosas distintas.

¡Hasta la próxima!

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