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Esperamos que hayan tenido un lindo fin de semana largo y patrio. En esta edición vamos a comentar qué pasó con START (el tratado de no proliferación nuclear), un poco de la situación de Bolivia y de qué va la primera encíclica papal de León XIV. Por último, para evitar acusaciones de favoritismos, vamos a hablar de la otra visita que tuvo el presidente Xi Jinping después de reunirse con Trump.

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START sin acuerdo
La conferencia de revisión del Tratado de No Proliferación Nuclear terminó sin acuerdo, tras semanas de negociaciones trabadas entre potencias nucleares y países no poseedores de armas atómicas. El principal choque giró en torno a la falta de avances concretos en desarme, la modernización de arsenales por parte de Estados Unidos, Rusia y China, y las disputas sobre garantías de seguridad. El bloqueo expone un deterioro profundo de los mecanismos multilaterales de control construidos desde la Guerra Fría y refleja la mayor fragmentación del actual sistema internacional.

Crisis en Bolivia
Bolivia atraviesa una nueva escalada de protestas, cortes de ruta y choques con fuerzas de seguridad en medio del deterioro económico y la puja política interna. La crisis combina escasez de combustibles, presión inflacionaria y disputa por el liderazgo dentro del oficialismo. El conflicto expone el agotamiento de un modelo sostenido por renta extraordinaria que no supo construir un esquema de crecimiento con gobernabilidad.

Encíclica papal
En su primer gran documento, el papa León XIV puso a la inteligencia artificial en el centro del debate global. Advirtió que, sin regulación, puede profundizar desigualdades, desinformación y conflictos armados. El gesto posiciona al Vaticano como una voz activa en la disputa sobre quién controla la próxima gran infraestructura de poder.

En la mesa: Xi se reunió con Putin

La visita de Vladimir Putin a Beijing, apenas unos días después del paso de Donald Trump por la capital china, permitió comparar cómo Xi Jinping se relaciona con las dos grandes potencias que disputan el orden internacional. Aunque ambos encuentros compartieron una puesta en escena similar, persiguieron objetivos distintos: con Trump, sostener el diálogo; con Putin, dar una señal clara de continuidad estratégica.

La diferencia se explica, sobre todo, por la profundidad de la relación entre China y Rusia. No se trata de un acercamiento reciente ni de un gesto coyuntural ligado a la guerra en Ucrania. La cooperación entre ambos países viene consolidándose desde hace años e incluye comercio energético, mecanismos financieros alternativos, transferencia tecnológica y proyectos de infraestructura de largo plazo.

Tras las sanciones occidentales a Moscú, esa relación ganó todavía más peso. China absorbió buena parte de la oferta energética rusa y ofreció canales financieros que ayudaron a compensar parte del aislamiento derivado de la exclusión del sistema SWIFT. Pero China no es una ONG: la demora en las negociaciones del gasoducto Power of Siberia 2 da cuenta de que la cooperación responde a intereses concretos y no a alineamientos automáticos.

La visita tuvo así un beneficio político para ambos líderes. Putin pudo mostrarse respaldado por uno de los principales centros de poder global, mientras que Xi reforzó una imagen más amplia: la de una China capaz de dialogar tanto con Washington como con Moscú sin quedar subordinada a ninguno.

Ese parece ser el mensaje central. Más que exhibir cercanía con Rusia, Xi aprovechó la secuencia para demostrar que, por más dispuesto que esté a negociar con Estados Unidos, esas negociaciones no van a poder ignorar los intereses chinos.

¡Hasta la próxima!

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