Los bombardeos rusos que impactaron en el territorio ucraniano tuvieron consecuencias devastadoras para la población civil. A cuatro años del inicio de la guerra, los efectos de este conflicto armado en la reestructuración defensiva de Europa son evidentes. Mientras más Estados buscan incorporarse a la Unión Europea y la OTAN, el creciente aislacionismo de Estados Unidos genera preocupación e incertidumbre.

Desde el 24 de febrero de 2022, la invasión rusa a Ucrania marcó un nuevo paradigma en las relaciones entre Europa y la Federación Rusa. Con la guerra otra vez en el continente europeo, la construcción de Rusia como el enemigo existencial de Europa se profundizó.

Este paradigma está aún más presente en los países del Báltico y de Europa del Este, que se incorporaron a la OTAN a finales de los años noventa y principios de este siglo. En particular, Estonia, Letonia y Lituania se encuentran en una situación crítica ante la amenaza de Rusia. Los ataques híbridos de Moscú contra estos países parecen buscar que se desate una especie de «conflicto a medias».

Es decir, no termina de existir un conflicto armado convencional, pero los ataques persisten. Asimismo, el creciente aislacionismo de Donald Trump y su intención de retirar las tropas estadounidenses de Europa profundizan la incertidumbre entre los países bálticos y de Europa del Este, que enfrentan nuevos dilemas de seguridad y evalúan la construcción de una estructura defensiva europea al margen del paraguas de seguridad estadounidense.

Luego de que Estados Unidos decidiera retirar 5.000 soldados estadounidenses de Alemania, tras las críticas de Friedrich Merz a la guerra en Medio Oriente, se encienden las alarmas sobre el futuro de la alianza atlántica entre Europa y Estados Unidos, encarnada en la OTAN.

Los últimos años han demostrado la poca voluntad de Estados Unidos de contribuir a la defensa europea. De hecho, la relación «cercana» entre Trump y Putin parece anticipar una Internacional autoritaria. En el futuro, es muy probable que Europa deba avanzar hacia una estructura defensiva propia. En ese futuro, signado por la Administración Trump, la continuidad de la OTAN es incierta, si es que resulta posible.

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