Política y religión en Japón: una relación complicada

La religión es un fenómeno presente en la humanidad desde prácticamente sus inicios, pero poco a poco se ha transformado en un elemento más propio de la esfera privada que de la pública (Fisker-Nielsen, 2016). De hecho, es habitual asociar a la religión con la anti-política, pero precisamente en Japón existen ejemplos que demuestran lo contrario. El país nipón presenta un sistema complejo donde la religión influencia más a la política de lo que puede parecer en un primer análisis.

La presencia de la religión en Japón

Japón establece el principio de libertad religiosa en el artículo 20 de su Constitución, pero, a diferencia de otros países como Inglaterra, Marruecos o incluso España, no tiene una religión oficial ni una relación de preferencia con ninguna. Es importante resaltar que constitucionalmente la política no puede inmiscuirse en la religión ni mucho menos favorecer a una específica. Lo que sí se puede ver en el país nipón son religiones mayoritarias, es decir, cultos que tienen una mayor cantidad de fieles. 

Las dos religiones mayoritarias son el sintoísmo, la religión autóctona de Japón que apareció alrededor del año 500 a. C.; y el budismo, que llegó a las islas aproximadamente en el siglo VI d.C. Juntas tienen alrededor de 171 millones de fieles para una población de 126.6 millones de personas, pero ¿cómo es posible lograr ese número? La respuesta es muy sencilla: muchas personas profesan ambas religiones al mismo tiempo. 

La presencia de la religión también se ve en la gran cantidad de santuarios y de matsuris (festivales) religiosos que hay a lo largo del país. Pero mientras que estos últimos han pasado a ser un elemento cultural y comunitario, los santuarios siguen estando profundamente ligados a la religión y en algunos casos también a la política.

Las relaciones entre la política y la religión

Desde la Restauración Meiji (1868), pero sobre todo a partir del período de 1920-1945, el sintoísmo fue instaurado por parte de la esfera política como un “culto patriótico no-religioso” (Fridell, 1983), cuyo fin era respaldar el discurso nacionalista y la ideología de Estado. Aún así, los poderes políticos han sabido canalizar la fe religiosa vinculada al sintoísmo hacia sus propios fines, como ya se explica en este otro artículo

Con todo y aunque entre la población japonesa no existe un cleavage basado en la fe (Bachika, 2010), los grupos religiosos han conseguido tener presencia política. Sobre todo, estos grupos son relevantes cuando se tratan temas relacionados con el pacifismo y el revisionismo histórico, especialmente en el debate que envuelve al Santuario de Yasukuni, un símbolo del imperialismo japonés que el PLD ha tratado de nacionalizar en contra de la voluntad de colectivos religiosos y otros partidos políticos (Beyers, 2010). 

Además, los grupos religiosos son una fuente de lo que se conoce como sushiki-hyō, o voto organizado (Klein, Reed, 2015), lo cual desde la perspectiva de un partido político o un candidato es muy útil. Normalmente, su apoyo político suele verse en la Cámara de Consejeros (sangiin) a candidatos individuales o hacia otros candidatos y/o partidos que bregan por una defensa fuerte, por las visitas oficiales al santuario de Yasukuni y por no apoyan el voto extranjero en las elecciones. Todo esto, claro está, dependerá de la propia ideología del grupo religioso. 

Pero además, desde su propia perspectiva hay varios motivos por los que vincularse a la política es útil y un movimiento estratégico. Por un lado, les permite tener influencia en la toma de decisiones y el policy making, así también puede defender los intereses de su organización de la influencia estatal y de la oposición política y religiosa. Y por otro lado, es una forma de contribuir a su propia cohesión organizativa y generar engagement entre sus miembros.

El Komeito y su influencia

Como se ha mencionado, los grupos religiosos muchas veces tienen sus propios grupos políticos, siendo esta una forma de participar indirectamente de la esfera política y no ser sólo un refuerzo a otros partidos ya existentes. Esto no es un fenómeno actual ya que desde el siglo pasado múltiples grupos se han involucrado en la política, pero a día de hoy solo el Komeito tiene relevancia.

El grupo Komeito o Nuevo Komeito es (o más bien era) el brazo político del Soka Gakkai, una organización de la rama budista nichiren. Desde el año 1999 formó una coalición con el PLD que se ha mantenido estable a través de los años. De hecho, actualmente son socios de Gobierno con una mayoría holgada, siendo el Komeito la tercera fuerza con 29 escaños y un electorado muy leal elección tras elección. 

A nivel ideológico, se sitúan como un partido de centro-derecha con una perspectiva pacifista, siendo firmes defensores del artículo 9 de la Constitución que impide a Japón tener un ejército. Esto supone un punto de fricción con respecto al PLD, el cual favorece una reforma constitucional para rearmar el país y tiene una perspectiva revisionista del pasado imperial. 

El Komeito tiene una considerable influencia política, ejerciendo como contrapeso en cuestiones clave respecto al Partido Liberal. Si bien han tenido que ceder en el pasado y pactar con este último, ahora son un socio clave para que el PLD pueda gobernar con una mayoría cómoda y esto sin duda, es una ventaja para defender sus intereses como grupo político (y religioso).

A lo largo de este artículo se ha explicado cómo la religión sigue siendo un factor relevante cuando se discuten cuestiones históricas y políticas, sobre todo en lo relativo al pasado imperial japonés y al pacifismo de la Constitución de 1947. Con todo, los grupos políticos religiosos como el Komeito, cada vez se acercan más a modelos de partido laico con su propia ideología. ¿Se podrá hablar de la influencia de la religión en Japón de ahora en adelante? Se tendrá que esperar para verlo. 

Bibliografía

Klein, Axel, Reed y Steven (2015) Religious Groups in Japanese Electoral Politics. Komeito. Politics and Religion in Japan. Capítulo II. Institute of East Asian Studies. ISBN-13: 978-1-55729-162-2. 

Beyers, J. (2015) Religion as Political Instrument: The Case of Japan and South Africa. Journal for the Study of Religion 28,1 pp. 142 – 164. 

Bachika, R (2010) A look at religion in Japan. Politics and religion • politologie des religions • Nº 1/2010 Vol. IV

Fisker-Nielsen, A. M (2016) Has Komeito Abandoned Its Principles? Public Perception of the Party’s Role in Japan’s Security Legislation Debate. The Asia Pacific-Journal Vol. 14, issue 21, nº3. 

Fridell, W.M. (1983) Modern Japanese Nationalism: State Shinto, the Religion  that was ‘Not a Religion’. In Merkl, P.H. & N. Smart. Religion and  Politics in the Modern World. New York: New York University Press.

Escrito por

Soy politóloga por la Universidad de Santiago de Compostela y divulgo en redes sociales (@vegetari_). Tengo un podcast llamado Política con-Ciencia donde acerco la política a la audiencia desde una perspectiva científica.

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