El lunes 22 de junio, el primer ministro británico Keir Starmer anunció su dimisión tras la enorme derrota que sufrió el Partido Laborista en las elecciones municipales. Su salida lo convierte en el sexto Primer Ministro que renuncia desde la aprobación del Brexit en 2016.

El 4 de julio de 2024 se celebraron las elecciones generales en el Reino Unido. Después de más de diez años de liderazgo del Partido Conservador, el Partido Laborista obtuvo una victoria aplastante que le permitió llegar al poder por primera vez en casi veinte años. El Partido Conservador sufrió la peor derrota de su historia, en gran parte debido a la falta de gobernabilidad que demostró desde 2016, cuando el Reino Unido votó a favor de retirarse de la Unión Europea.

La victoria de Starmer y el laborismo pareció inaugurar un ciclo político más orientado a la centroizquierda y en contraposición con la austeridad propuesta por los conservadores. Sin embargo, la luna de miel duró poco y, a escasos meses de asumido el nuevo gobierno, las crisis comenzaron a aflorar. La crisis económica, sumada a la conflictividad social, hizo que la popularidad del gobierno mermara considerablemente.

Si en varios países de Europa y Latinoamérica las derechas tradicionales son incapaces de mantener su capital político ante el avance de las extremas derechas, en Gran Bretaña sucedió algo bastante particular. Luego de las elecciones generales de 2024, el conservadurismo parecía agotado políticamente y el laborismo se perfilaba como la fuerza política dominante en el país. Tan solo unos pocos meses después, esta percepción comenzó a disiparse.

En este contexto, fue Nigel Farage, líder de Reform UK, quien comenzó a canalizar demandas insatisfechas de la sociedad británica. Como otros líderes populistas, Farage propuso un nosotros, los británicos, frente a un ellos, los inmigrantes. Ante la aceptación que este discurso suscitaba en la sociedad británica, Starmer decidió apropiarse de algunos elementos de la propuesta de Farage, sobre todo los relacionados con las restricciones migratorias. De esta forma, el primer ministro británico se dispuso a abandonar los valores universalistas que caracterizaron la política del Partido Laborista y la socialdemocracia europea. Incluso muchos laboristas desencantados con el liderazgo del partido formaron su propio espacio de izquierda, el Green Party.

Luego de la derrota en las elecciones municipales celebradas hace algunos meses, el propio partido empezó a exigir la renuncia de Starmer y, después de varias semanas de incertidumbre, finalmente dimitió. Todo apunta a que Andy Burnham, el único candidato laborista que obtuvo la victoria en Manchester, será el sucesor de Starmer en un momento en el que el Partido Laborista británico afronta una de las peores crisis de su historia.

El surgimiento del Green Party y Reform UK parecen los principales adversarios políticos de un sistema parlamentario bipartidista que caracterizó a la política británica durante siglos. Aunque el futuro es incierto, una cosa es segura: desde el Brexit, el Reino Unido ha sido incapaz de recuperar su estabilidad política.

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