La ¿paradoja? del escenario chileno: entre la elección del nuevo presidente y la redacción de la nueva Constitución Nacional.

Este artículo fue escrito en conjunto con @brunodiforti 

Introducción: ¿Qué horizonte le puede deparar a Chile?

La sociedad chilena llegó a las elecciones presidenciales en pleno proceso de cambio social y político. Desde octubre de 2019, cuando alrededor de 3 millones de ciudadanos y ciudadanas salieron a las calles para darle forma al estallido social, el gobierno de Sebastian Piñera (y la política en general) vive una crisis en relación a su consideración por parte del pueblo.

El presente artículo busca dar cuenta de un escenario de suma trascendencia que tiene lugar en Chile. El mismo concatena no solamente un suceso histórico, como lo es la vuelta de página en relación a la heredada constitución pinochetista, en busca de construir la redacción de una nueva Carta Magna. Al mismo tiempo, el calendario electoral puso a la sociedad chilena frente a la decisión de elegir un nuevo jefe de estado, que deberá interceder y expedirse al momento de refrendar la nueva Constitución Nacional.

Habiendo introducido la coyuntura que atraviesa Chile, se debe mencionar que la primera vuelta del domingo pasado graficó de forma nítida la crisis en la paridad de los resultados, que dejaron el escenario polarizado entre José Antonio Kast y Gabriel Boric, quienes obtuvieron alrededor 28% y 25% de votos, respectivamente. Ambos deberán encaminarse a la segunda vuelta, que tendrá lugar el próximo 19 de diciembre. 

En este marco, la polarización política es muy visible entre el cambio, que materializaría la nueva Constitución apoyada por Boric, y la idea de orden y paz, acuñadas por Kast en su discursiva conservadora.

Por otra parte, una cuestión sustancial  a tener en cuenta es que la Convencional Constituyente se viene desarrollando bajo una composición que expresa notablemente la diversidad del país y, a su vez, cuyo bastión es un proceso para acabar con la Constitución pinochetista. Sin embargo, tal como se esperaba, la posibilidad de un giro a la izquierda o a la derecha se jugará una carta decisiva en la cita electoral. Para ponderar una observación con precisiones sobre este asunto, el politólogo especialista en el tema, Alejandro Quiroga nos proveyó de su análisis.

Ahora bien, el contexto sociopolítico que acompañó la jornada electoral del domingo deja mucha tela para cortar. En ese marco, han quedado al descubierto tensiones claras a desgranar que nos proveerán de un marco analítico para comprender las grandes disputas dentro de la sociedad chilena, los desacuerdos y los puntos fuertes de los candidatos a enfrentarse en la segunda vuelta.

Comenzando por orden, con el diario del lunes, el podio Kast-Boric-Parisi retrata 3 posiciones políticas bien diferenciadas: el primero encontró su gran apuesta en el orden, en el discurso de mano dura frente a los ingresos ilegales de inmigrantes en el norte, en contra del conflicto mapuche en el sur y, sobre todo, en contra de la sensación de tensión constante que dejó en las calles el estallido, las protestas y represiones. 

Boric, por su lado, tiene bien claro cuál es su frente: la renovación, el cambio de rumbo y la consolidación del Octubre Rojo a través de la nueva constitución, no solo su agenda lo expresa, sino que el hecho de que pueda llegar a la presidencia con 35 años explica que tipo de aire fresco traería. 

Cerrando el podio aparece la gran sorpresa, el outsider Franco Parisi, quien acuñó el sentido de agente totalmente indiferente al sistema tradicional, alejándose de los extremos, de lo convencional y encarando una campaña muy particular desde Estados Unidos por situaciones legales y sanitarias, englobando el voto de los hastiados con ambos extremos, cansados de dos años de peleas políticas en torno a lo derivado del estallido social.

Los otros 4 postulantes también pueden dividirse en dos ejes: Sebastian Sichel y Yasna Provoste, el candidato oficialista y la candidata democristiana, quedaron décimas abajo de Parisi, pasando apenas el 10% cada uno, reflejando la caída de los partidos tradicionales de la política chilena post retorno a la democracia: la concertación de los ‘90 y la centroderecha tradicional. Finalmente, Marco Enriquez Ominami y Eduardo Artés culminan la lista, con un promedio de 7 y 1 punto porcentual, respectivamente.

Antes de avanzar en los detalles del marco, lo que dejó esta vuelta y lo que vendrá, es importante volver a dejar en claro el contexto del pueblo chileno en relación a la política y los partidos: Latinobarómetro muestra en su trabajo cómo cae de 2018 a 2020, con el estallido de por medio, la confianza de la gente en relación a los partidos.

Además de tener la posibilidad de dialogar con el licenciado Quiroga, también tenemos la lectura de Cinthya Navarro Soto, periodista y comunicadora de la Universidad Nacional de Bernardo O’Higgins, que afirma que la confianza del pueblo hacia los partidos “va de mal en peor (…) ya no se trata solo de quienes hacen política, sino que la situación también arrastra al concepto de ‘política’ como tal, nada que esté ligado a ella genera confianza. Lamentablemente, hoy la política es vista como algo sucio, nefasto y deplorable.”

El ascenso de Kast: La radicalización del modelo

Desde la década de los ‘90, a partir del retorno a la democracia en Chile, se ha tomado al modelo liberal aplicado en el país como un ejemplo de gestión. Si bien la impronta de los nuevos gobiernos fue muy diferente a la que tuvo la dictadura pinochetista, el bando de La Concertación no intentó modificar demasiado el sistema económico una vez retomada la senda democrática.

Podría pensarse que las primeras señales de cambios e inestabilidades suceden en un proceso que nace en 2006, con un ligero matiz entre centro y derecha moderada, tanto por los mandatos de Michelle Bachelet de comenzados en 2006 y en 2014, intercalados con Sebastian Piñera en 2010 y 2018. Si bien la reelección inmediata no está permitida, este enroque de presidentes tuvo las mayores diferencias en la cadena de sucesiones, ya que la primera mandataria provenía del Partido Socialista y el actual presidente de una corriente conservadora, la Coalición por el Cambio, externa y más a la derecha que La Concertación.

Esta sucesión de mandatos trajo por primera vez en estos 30 años de joven democracia un aire de alternancias en Chile, y bien podríamos tomar como puntapié para entender lo que pasa hoy con la radicalización hacia la derecha. José Antonio Kast se erigió en estos últimos meses como el gran representante de las ideas liberales que pusieron a Chile como modelo desde hace años, aún por encima del candidato oficialista Sebastian Sichel. Una de las primeras claves de su crecimiento nace desde una interna en la UDI, partido político que Kast abandonó hace unos años y ahora parece ser la organización quien acude a él, abandonando la moderación ante la incapacidad de Sichel/Piñera de ofrecer respuestas y futuros posibles para la sociedad en lo inmediato.

Desde ese respaldo partidario, el polémico candidato, que en  su primera aventura presidencial de 2017 obtuvo un 7.93% de votos, orientó su discurso hacia la conservación del orden, la paz y el camino que recorrió Chile en las últimas décadas, demostrando una mayor capacidad que el oficialismo para calmar las aguas post estallido. Tal es así que Kast se mostró muy activo en relación a las problemáticas de inmigrantes ilegales en el norte y frente a las protestas y descontrol que tuvieron lugar en la conmemoración del segundo aniversario del Octubre Rojo.

Para sintetizar acerca de la posición extremista en relación al proceso de cambio que parecía llegar a Chile, retomamos a la doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Universidad de Concepción Paulina Astroza que, en diálogo con Franco Delle Donne en Epidemia Ultra2, marca que Kast se hizo representante y cara visible del rechazo a la Constituyente, absorbiendo ese piso de 22% de votos negativos como plataforma de base.

En la búsqueda del centro: del árbol a la realidad territorial

En la otra orilla, aparece el mencionado Gabriel Boric, el candidato de 35 años y representante de las izquierdas. Quien venciera, para sorpresa de varios, a Daniel Jadue en las internas del Frente Amplio que hoy se encuentra cercano a las ideas de la Convención Constituyente, posicionándose como la imagen de la nueva reforma.

No es coincidencia que, de ganar, Boric se convertiría por lejos en el presidente más joven desde el retorno a la democracia. Incluso desde este dato meramente estadístico puede analizarse para pensar porque el diputado por la Región Magallanes es la opción más disruptiva en relación a sus predecesores. Chile se encuentra con la posibilidad de tener un gobierno de izquierda como el que llegó de la mano de Salvador Allende en 1970, posteriormente derrocado por la dictadura militar.

El desafío ahora es plasmar todas esas voluntades de cambio en un plan de gobierno que incluya a (casi) toda la sociedad chilena, saliendo del foco de respuesta al estallido con la Constituyente, y abarcando también a quienes no son tan adeptos a este movimiento ni formaron parte de las protestas. En ese sentido, el primer guiño llegó de parte de Yasna Provoste, la candidata por el Nuevo Pacto Social que merodeó 11 puntos le brindó su apoyo de cara a la segunda vuelta.

Desde el otro lado, Kast ya posicionó la narrativa en “comunismo o libertademulando a Isabel Díaz Ayuso en las elecciones madrileñas, en búsqueda de polarizar (aún más) la segunda vuelta. Pero mientras tanto, Boric comenzó a tejer el camino hacia el centro respondiendo también sobre la seguridad, uno de los pilares en los que su rival construyó su discurso para adosarle a la izquierda la imagen del desorden social.

La coalición del Frente Amplio fue mostrando sus más importantes cartas de cambio durante la campaña: en relación a las pensiones y las AFP, aclarando que desde la propuesta de eliminación no intervendrán en la propiedad de los fondos ahorrados hasta el momento, ahuyentando cualquier fantasma que la derecha pueda asignarle de expropiación comunista. También se acerca al feminismo en la proposición de una ley de interrupción voluntaria del embarazo, la cual se enmarca en un listado de las 53 propuestas destacadas en su programa

En lo económico y laboral, se mostró a favor del apoyo a las Pymes, en la consolidación de 40 horas semanales de trabajo, en subir el salario mínimo progresivamente, abarcando los derechos del trabajador pero también abriendo las puertas a fomentar la producción y la competencia de mercado recuperando trabajos y creando otros nuevos. Y, por último de sus destacados, en educación toca un tema muy interesante en relación al sistema chileno como la deuda estudiantil: propone condonar dicha deuda para luchar contra el fracaso del sistema del sistema y garantizar el acceso a esta como un derecho.

El tablero y las piezas están, casi en su totalidad, definidas. Con los partidos tradicionales fuera de la pelea, el 19 de diciembre Chile decidirá entre un cambio de rumbo o la profundización del camino recorrido, Kast y Boric trabajarán a destajo en las próximas semanas para conquistar primero a la mitad de electores que votaron a otras opciones y, además, intentar atraer a quienes no concurrieron a votar el pasado domingo, dado que el voto en Chile es optativo.

¿Podrán los candidatos moldear un contexto de mayor interés político para aumentar la participación? ¿Conformarán propuestas superadoras o apelarán a la polarización para atraer a los indecisos?

Conclusiones: ¿Hoja de ruta a la vista?

Con un grado de certeza lo suficientemente respaldado por las reflexiones de quienes fueron entrevistados para este artículo, se puede afirmar dos cuestiones. Por un lado, en lo que refiere al proceso Convencional Constituyente, que comenzó el 25 de octubre del 2020 y terminará el año entrante con el llamado a plebiscito ciudadano de la nueva constitución nacional.

Es sumamente importante resaltar el hecho de que su composición no se condice con la otra cuestión a poner de manifiesto, que tiene que ver con la elección del próximo presidente de Chile. Con el “no se condice” se alude a que su resultado y la representación política en los órganos y las instituciones lejos está de reflejar a la sociedad chilena de la misma manera que lo hacen los 155 miembros que están encargados de redactar la nueva Carta Magna. Por supuesto que no se puede obviar un aspecto técnico, que se desprende del hecho de que se hayan usado diferentes reglas electorales para elegir a las y los miembros de la Convencional.

En suma, al cabo de algunas semanas, la ciudadanía chilena deberá concurrir a las urnas para dirimir quién será el nuevo presidente. José Antonio Kast o Gabriel Boric. Un escenario polarizado que confronta con la legitimidad y confianza que, apenas hace algunos meses, la ciudadanía dotó al proceso constituyente. ¿Sorprende? No tanto, visto y considerando que un 22% de la ciudadanía chilena votó “desapruebo” el 25 de octubre del 2020. Por el lado de Boric, los analistas coinciden en que la capacidad de convocar a sus votantes será clave para la segunda vuelta. 

Un dato revelador para concluir: en esta elección, votó un 47% del padrón electoral, similar a las primeras vueltas de 2013 y 2017, mientras que en para el plebiscito por la nueva Constitución, votó un 51%.

Escrito por

Estudiante de Ciencia Política en la UBA. Vivo en Quilmes, apasionado por el deporte, la música y conocer cada rincón de este mundo. Caminando por la senda del Taekwondo y con la cabeza puesta en la realidad internacional.

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