Chile define al sucesor de Sebastián Piñera

Artículo escrito en conjunto con @brunodiforti

Introducción

Durante este anteúltimo domingo del año, el pueblo chileno se moviliza hacia las urnas para elegir a su nuevo presidente. La segunda vuelta electoral tendrá como contendientes, por un lado, a Gabriel Boric, de Apruebo Dignidad, y, por el otro, a José Antonio Kast, del Frente Social Cristiano. 

Las cuatro semanas entre cada una de las votaciones marcaron una agenda polarizada en Chile, poniendo en tensión una narrativa comunista sobre Boric y una extremista en Kast, con los medios de comunicación, la Convención Constituyente, algunos excandidatos y/o expresidentes jugando en roles importantes de cara a la definición del sucesor de Sebastian Piñera. 

El presente desarrollo y análisis tiene el gentil aporte de Juan Elman, periodista especializado en política internacional que participa en medios como Cenital, IP y Futurock. Para esta ocasión, Juan nos brindó su mirada del contexto sociopolítico desde Chile.

Desde antes de la primera vuelta del 21 de noviembre, las encuestas dejaban al tope de la lista a los dos candidatos que pasaron al balotaje. Si bien el crecimiento de Gabriel Boric luego de vencer en las internas a Daniel Jadue lo dejaba como el gran contendiente, el polémico Kast sorprendió con su explosión a partir de septiembre. Para tener un pantallazo sobre la antesala de lo que fue la primera vuelta electoral, desde Politólogos al Whisky se publicó un artículo en referencia que analiza los detalles de las candidaturas, sus posiciones, ventajas y desventajas en la carrera para el ingreso al Palacio de La Moneda.

Por lo que, se puede decir que el país trasandino se encuentra ante una bisagra sociopolítica en la que los recientes sondeos de intención de voto arrojan un emparejamiento del porcentaje, con Boric como probable ganador. En este sentido, independientemente del ganador, desde las adhesiones a Gabriel Boric se materializan todas las manifestaciones de cambios, disconformidad y revolución que caracterizaron al Octubre Rojo de 2019, lo que podría significar una transformación social y económica inédita en estas últimas tres décadas de democracia.

Mientras que, desde el bando de José Antonio Kast, por el contrario, se evoca una línea similar a Piñera en algunos aspectos, pero con un manto de incertezas acerca de su posición entre este gobierno de centroderecha o un conservadurismo similar al de la última dictadura, pensando en su tradicionalismo familiar, económico, social y religioso, plasmado en sus ideas de orden y paz en contraposición de lo que resume el estallido de 2019.

Trazando la ruta de los votos

El universo electoral en Chile, a priori, debe dividirse en dos grandes polos: El votante y el no votante. La primera cuestión a analizar es el nivel de participación electoral en el pasado noviembre (un 47%), de modo tal de poder entender un poco más cómo pueden influir quienes no votaron antes que quienes eligieron a un candidato que no llegó a segunda vuelta.

Para ello, retomamos la perspectiva de Juan Elman, quien afirma lo siguiente: “lo importante es quiénes van a votar y dónde, de qué zona salen los votos”, en relación a un posible recambio de votantes en el norte, por ejemplo. Al respecto, tanto Gabriel Boric como José Antonio Kast han hecho esfuerzos para atraer a los ausentes desde sus campañas y discursos, la evidente moderación de ambos candidatos junto con las incorporaciones a sus equipos apunta a los desencantados y/o desinteresados por la política.

En un segundo orden, los votos a capturar por ambos contendientes vienen del sorpresivo 13% conseguido por el candidato outsider, Franco Parisi. Parisi se construyó como un fenómeno inesperado y muy investigado en estos días para entender sus intenciones. Este trabajo de Tercera Dosis resume, a grandes rasgos, que se trata de hombres de 25 a 34 años, con educación media o inferior, de clase media emergente o baja y preferentemente de regiones por fuera de la Metropolitana. En género se divide de manera pareja, aunque el 70% de las mujeres que votaron a Parisi son de clase baja, lo que evidencia la adhesión en sectores populares, en el sector medio el resultado es viceverso: 78% de hombres, algo lógico teniendo en cuenta las cuestiones judiciales que afronta.

En la citada encuesta, un dato que surge como revelador es que el 67% de votantes de Parisi se declaró a favor de partidos y políticos independientes y, por consiguiente, en contra de los tradicionales. Este aspecto es abordado desde este testimonio, que se vincula estrechamente a la fragmentación política que atraviesa el contexto sociopolítico de Chile, tratada en el artículo de la primera vuelta y a la caída libre de la confianza en los partidos tradicionales.

Aunque finalmente, lo que parecía una pregunta sin respuesta, se aclaró (en parte) a menos de 24 horas de la apertura de los comicios: Franco Parisi apoya a Kast, fundamentando que “Boric se dedicó a atacar al PDG” y no concurrió a su programa digital Bad Boys a “aclarar su proyecto”. Pero según Parisi, sobre todo, en relación al resultado de la consulta digital realizada entre sus partidarios, más del 60% se sentía mejor representado por el programa de Kast, mientras que apenas un 6% considera más apto el de Boric.

Sin embargo, y un detalle no menor para finalizar con este punto, es que la consulta tuvo un 55% de respuestas, lo que deja a un 45% de los militantes de Parisi sin representación en la consulta, en consonancia con la lectura de Juan de que “son gente que está cansada de la política”, por lo que es factible que “una buena parte del electorado el domingo ni siquiera salga a votar”

En un último orden aparecen el resto de los votos de primera vuelta, la mayoría ya decantados por apoyos de los candidatos eliminados o por temor a uno de los polos representados. Una primera aproximación hacia esta dimensión refleja que el arco de la centroderecha saliente del gobierno de Piñera, incluyendo al candidato Sebastián Sichel, muy rápidamente, se acercó a Kast, que si bien “la pregunta es si la centroderecha se convenció o si se lo tragan solamente porque les parece peor Boric, yo creo que hay un poco de ambos” como marca Juan Elman, contribuyeron a armar “un bloque que sacó más votos que en 2017”, naturalizando también la imagen de JAK más como un representante de derecha que un extremista.

Al barco de Boric se subieron Yasna Provoste y Marco Enríquez Ominami, candidatos de centroizquierda que no pasaron al balotaje, y fue en estas últimas semanas finales que sumó apoyos de mucho peso: el expresidente Ricardo Lagos y la expresidenta Michelle Bachelet, quien se reunió con Boric y lo respaldó abiertamente afirmando arribar a Chile, entre otras cosas, con la misión de darle su voto. 

Estos históricos mandatarios resaltaron la “amplitud de criterio” y la capacidad para asegurar una “senda del progreso” en el candidato izquierdista. Y como si fuera poco, también recibió simpatías del plano internacional: Lula Da Silva, expresidente brasilero y uno de los políticos más relevantes en la historia reciente de Latinoamérica. Además, el expresidente de España José Luis Rodríguez Zapatero encabezó una lista de apoyos integrada por académicos, analistas internacionales, periodistas, parlamentarios y otros comisionados del viejo continente en favor de Boric.

El panorama social

El contexto del año electoral chileno, desde la elección de los representantes constituyentes a las presidenciales, estuvo marcado fuertemente por las consecuencias recientes del estallido social de hace poco más de dos años. En ese sentido, se pone en juego un clivaje distinto al ideologico o al anticomunista-antipinochetista, que es orden versus cambio.

Desde ese punto, Juan afirma que si bien “no es el clivaje principal, si sirve para vincular a la elección y la política actual con el estallido”. Todo ese clamor popular, revueltas y protestas se tradujo, también, en violencia; dándole sentido a la necesidad de orden ante la revolución social que también afecta el día a día de los chilenos en las calles.

Es por ello que la confrontación de las candidaturas se consolidan en que Kast es el indicado para garantizar ese orden, y que no hay nadie mejor que Boric para materializar esos cambios. Por último, para analizar la deficiencia en sus matices, Juan lee que Boric “representa más un cambio sin orden, y a Kast se le achaca que es un orden sin cambio”.

Ambos candidatos reforzaron fuertemente sus campañas para acercarse a los sectores que les son reticentes en la sociedad chilena: Kast apostó a achicar la brecha en el voto femenino, se disculpó y dio marcha atrás en su idea de eliminar el ministerio de la mujer y, como bien marca Juan, las incorporaciones de Paula Deza y Evelyn Matthei “tienen que ver con una falencia que tiene Kast con el electorado feminino”.

Por su lado, Boric organizó los esfuerzos en puntos adversos por fuera de Santiago, sobre todo al sur y en su tierra natal, la Región de Magallanes. El refuerzo estrella de su comando para desplegarse a lo largo de Chile se trata de Izkia Siches, expresidenta del Colegio Nacional de Médicos (Colmed), “una figura muy relevante en el sector progresista” describe Juan, y que puede ser clave en una posible gobernabilidad con el Congreso, ya que en la previa de la primera vuelta tuvo conversaciones con 5 de los 7 candidatos.

En la comparativa de las campañas, Juan destaca un detalle muy interesante sobre una campaña de autoconvocados: “estos se llaman a votar contra Kast en varias regiones, con bicicletadas, recorridas, puerta a puerta, activados por la posibilidad que gane el ultraderechista. Aunque no están muy representados por el programa de Apruebo Dignidad, se movilizan por el miedo a que gane Kast. Esto es lo más importante de la segunda vuelta, aunque también queda saber si será suficiente”. 

Esto podría traducirse en que la narrativa antipinochetista, o el miedo a un gobierno ultraderechista, fue más fuerte que los intentos de moderación de Kast y una campaña fuerte contra la idea de un retorno comunista, en la que JAK hasta se atrevió a polemizar con propuestas de test de drogas para ambos candidatos y machacando sobre una denuncia de abuso sexual, llegando así a un cierre de campaña en llamas.

El día después

La temperatura de las campañas y de la carrera para ingresar al Palacio de La Moneda, junto al posible desenlace de las manifestaciones y el estallido social en la redacción de una nueva constitución, consolidan un panorama incierto y, todavía, poco ahondado: La gobernabilidad después del 19D. El 2022 puede significar un año de transición para Chile, de reacomodar cimientos y consolidar un nuevo modelo de país desde la figura de quien sea nuevo presidente.

El gobierno que asuma tendrá una evaluación muy severa, dado que no se permiten las reelecciones continuas en Chile, en cuatro años puede existir otra batalla en los mismos términos polarizados o, aún más fuerte, pensando en que cualquiera de los perdedores volverá a la carga en contra de los errores ajenos.

Los medios han sido, y serán, un factor relevante en el proceso, existen miradas que denuncian una normalización de Kast por parte de medios hegemónicos, y acusaciones de connivencia entre Boric y el Canal 13 por Franco Parisi. Su peso en la opinión pública también está en tensión con la Convención Constituyente y su imagen, Juan relata cómo “han contribuido bastante a la imagen de ella como un circo de festival identitario, algo de lo que antes era la trágica lista del pueblo, con sus supuestos escándalos de gasto, apuntalaron parte de esa caída”.

Esta caída en la consideración de la Convención es un punto que hizo crecer a Kast desde el 22% de rechazo en el plebiscito de octubre de 2020 para un primer puesto en las elecciones generales. Juan sintetiza que la misma se constituyó como un “nuevo poder” en el arco político chileno, por lo que su rol junto al nuevo gobierno será clave para la gobernabilidad.

Por último en relación a la Convención, Juan adelantó que la redacción de la carta magna “va a ser difícil porque lo que se viene requerirá mucha coordinación, los bloques se dispusieron para eso y los candidatos apelaron bastante a esas bases con sus discursos moderados”. Cabe recordar que tanto Boric como Kast tendrán bancadas pequeñas, siendo los bloques tradicionales quienes conservan la mayoría en el congreso, por lo que los acuerdos y negociaciones serán obligatorios en el próximo periodo.

A modo de cierre, Juan pronosticó que “habrá protestas toda la semana gane quien gane” aunque diferenciando el escenario según el vencedor: “La gente del estallido estaría saliendo igual aunque gane Boric, pero de manera más violenta si gana Kast.” En torno a la conflictividad latente aseveró: ”quien mejor la puede encausar es Boric, aunque es una cuestión abierta achacar la conflictividad en las calles. Pero con Kast se pudriría peor”.

He aquí el repaso de la baraja de cartas para este domingo, que puede pasar a la historia en Chile con un rótulo a definir entre cambio y orden, para intentar entender cómo jugará cada candidato en caso de ganar.

Para leer la entrevista completa a Juan Elman, hacé click acá

Escrito por

Estudiante de Ciencia Política en la UBA. Vivo en Quilmes, apasionado por el deporte, la música y conocer cada rincón de este mundo. Caminando por la senda del Taekwondo y con la cabeza puesta en la realidad internacional.

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