Anarco Raíces: El escenario argentino del consumo y los inmigrantes de los años 20 y 30

Mucha curiosidad hay por la historia argentina y mucha pasión por el abanico de culturas que, hasta hoy, conforman la sociedad argentina. Si bien siempre se recuerda que las culturas preexistentes deben aparecer en escena, quienes llegaron al país con las grandes corrientes migratorias desde el viejo continente siguen dando qué hablar a la hora de analizar fenómenos estructurales e históricos.

La inmigración fue promovida en el mientras tanto de la construcción del Estado Argentino. Pensando en una mano de obra inmediata, se terminó por importar ideas, reclamos de condiciones laborales y movimientos políticos. Es así como poblar este territorio implicó la puja de intereses con la aparición de nuevos actores sociales y la factibilidad de un clima de pluralidad política. 

¿Qué pasaba en los años 20 y 30 en Buenos Aires?

La explosión de la producción en serie y la transnacionalización de los mercados alcanzaba a Buenos Aires haciendo de ella una ciudad receptora de grandes marcas y bienes de consumo. En 1917 Ford se instala en Argentina al igual que General Motors lo hace en 1925. Y a partir de esto, en 1920, según algunas estadísticas relevadas, aumenta el parque automotor y la mortalidad en accidentes automovilísticos alcanza su mayor número en 1925.  Lo interesante, son todas las hipótesis y líneas de análisis que surgen a partir de los datos. 

Uno de los puntos resaltados es la expansión del consumo y la disposición de bienes como el automóvil, radio, teléfonos y armas a mayor cantidad de personas. La accesibilidad se encuentra dada por la alta demanda de estos bienes de consumo frente a una oferta (publicidad) permanente y por la implantación de las grandes fábricas en las ciudades emergentes. La venta de armas estaba tan naturalizada que distintas casas de venta de productos varios ofertaba revólveres y pistolas a bajo costo o de ‘regalo’ con algún otro producto que se comprara. No está demás aclarar que estos objetos eran promocionados como indicadores de virilidad y eran indispensables para la inseguridad que vivían las grandes ciudades con la industrialización. El uso común de armas implica, intuitivamente, un clima de violencia que llenaba la cotidianeidad de todos los bonaerenses. 

Otra de las hipótesis llamativas que surgen de la popularización de los bienes de consumo tiene que ver con el automóvil. Las nuevas modalidades delictivas comienzan a incorporar el automóvil como protagonista. Si bien las viejas usanzas del cambio de identidad, las estafas y el hurto no cesan, se percibe aún más fuerte el crimen violento de los asaltos en banda. Así ‘el automóvil es funcional a la delincuencia colectiva, a la planificación en grupo con roles distribuidos con antelación entre el que maneja las armas, el que toma la valija, el conductor que espera con el auto en marcha, etc’ (Caimari, 2012) Si bien, no siempre el automóvil era una compra del que delinquía, su alta circulación permitía el robo de este, la reventa y la obtención por otros medios no legales. Esto descansa, al igual que la posesión de armas, en el poco control por parte del Estado del uso y distribución de estos bienes. Un dato no menor es que el trazado de rutas que avanzaba en el país, facilitaba las fugas de los delincuentes y la jurisdicción policial no se pudo modificar para llevar a cabo persecuciones más allá de la provincia hasta 1938 con la creación de la Gendarmería Nacional.

Contra el sistema desde el viejo continente

Las corrientes migratorias se caracterizaban por una fuerte presencia de españoles e italianos y, en menor medida, franceses y rusos. Por supuesto que las nacionalidades eran muchas pero los porcentajes más perceptibles eran los mencionados. No solo la inmigración planteaba un desafío para la formación de la ‘cultura argentina’, sino que también presentaba un conflicto las costumbres e ideas de los hombres que pisaban el sur de este continente. El socialismo y el anarquismo sentaron sus primeras reflexiones tan pronto como el territorio se poblaba de italianos y españoles. Los espacios más notables eran las pequeñas asambleas de obreros y la creación de bibliotecas populares y teatros. Por supuesto que toda esta presencia no generaba mucha simpatía para los gobiernos, sobre todo cuando se empezaron a generar líneas de prensa y agitación obrera para el reclamo de condiciones laborales. No hay que olvidar que la influencia anarquista empujó a la creación de los primeros sindicatos y es importante resaltar que para principios del siglo XX el anarquismo arrasaba con consistente hegemonía en las agrupaciones obreras. El impacto fue contundente, tal así que el aniversario de la Revolución de Mayo de 1910 fue conmemorado bajo estado de sitio para contener los arrebatos de la clase obrera (CONICET,2016).

Posteriormente, se abre una nueva línea de conflicto en la ciudad que es la violencia política. Los asaltos o tiroteos en campañas empezaban a ser vistos seguidamente, como en los actos políticos de Yrigoyen en 1928. La tendencia al conflicto en los espacios políticos provenía de ideologías contrapuestas y de los grupos organizados que se apoyaban en la propaganda de hecho como el anarquismo. Los atentados mediante bombas eran conocidos, pero los tiroteos e incluso la planificación de asaltos a grandes botines de dinero de las arcas del Estado empezaron a ser parte de la protesta contra la propiedad privada. La llegada de estas corrientes ideológicas se relacionaban con las corrientes migratorias y, en la opinión pública, también se reflejaba una relación entre el aumento de la criminalidad con la inmigración. Así, las ideas puestas alrededor de los extranjeros provenían de una ciencia originada en Italia en el siglo XIX: la antropología criminal (Roca, 2011), que sostenía que las características físicas y biológicas eran la causa del comportamiento criminal . Lombroso aseguraba que el crimen  cometido no debía ser el objeto de estudio, sino la persona que lo cometió. Los crímenes o disturbios ocasionados con alta carga de violencia por parte de grupos anarquistas fueron abordados por un psiquiatra, quien aludía que el discurso anarquista es, propiamente, criminal y de degeneración . 

La constante y recíproca violencia entre Estado y grupos anarquistas constituyó un desafío en cuanto a las restricciones migratorias y al proceso de construcción política del país. Según muchos funcionarios, los anarquistas, delincuentes y vagabundos se mezclaban entre los trabajadores y plantaban ideas perjudiciales para la clase obrera. Los grupos anarquistas y anarco-socialistas que, a posteriori, quisieron participar de forma pacífica se vieron acaparados por el  estigma de años pasados.

Es así como la construcción de la historia argentina está cargada de una multiculturalidad y de los embates de la violencia política que se pueden ver hasta la actualidad. Quizá con distintas formas y actores, pero no menos hostil. Esta retrospectiva muestra que a lo largo de los años algunos actores sociales e ideas han quedado guardadas y dormidas luego de los incansables intentos y operaciones del Estado por suprimir lo considerado una ‘amenaza’ para el país. Aquí se ejemplifica con la figura del anarquista y el inmigrante, en otras oportunidades se ejemplificó con los pueblos nativos de la, tiempo después, República Argentina.  

Fuentes

-Caimari, L. (2012)  Mientras la ciudad duerme. Pistoleros, policías y periodistas en Buenos Aires, 1920-1945.  Buenos Aires: Siglo XXI. Capítulo 2: Pistoleros, pp.27-54

-Devoto, F.  (2003) Historia de la inmigración en la Argentina. Buenos Aires:Sudamericana. Capítulo 6: La inmigración de masas, pp. 247 a 294

-Roca, M. (2011) La delincuencia asociada a la inmigración y el anarquismo a finales del Siglo XIX y principios del Siglo XX en la Argentina. III Congreso Internacional de investigación y práctica profesional en Psicología. XVIII Jornadas de investigadores Séptimo encuentro de Investigadores de Psicología del MERCOSUR. Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires

Escrito por

Politóloga, Maestranda en Sociología. Investigadora.

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