Bolivia: entre golpe y transición

En el último mes, Latinoamérica se vió sacudida por una serie de eventos que contentaron a algunos y preocuparon seriamente a muchos otros. Chile, Ecuador, Brasil, Argentina,Colombia, México y el más actual de todos, Bolivia, han tenido o a) elecciones presidenciales; b) crisis de representativas o c) ambas. 

Bolivia se encuentra en el último grupo. El 20 de Octubre de este mismo año, el Estado plurinacional era testigo de una de las elecciones con mayor participación en los últimos tiempos. Sin embargo, la polaridad social ya tensaba el ambiente. Esto se ve reflejado en los cierres de campaña; por ejemplo, en el caso del MAS, el acto de cierre en Santa Cruz -donde se concentra mayoritariamente la oposición al ex presidente Morales- se vio signado por una protesta en contra de Evo Morales que terminó con una fuerte represión y por lo menos 13 detenidos. Por su lado, Carlos Mesa -también ex presidente de Bolivia y el principal contrincante de Evo Morales- basó su campaña en “la protección a la democracia”, alegando que el ex presidente se estaba convirtiendo en un dictador. Mesa había anticipado que si ganaba Morales, no reconocería su victoria, ya que “sería producto de fraude”. Esto demuestra el carácter de oposición desleal con la que contaban esas elecciones. 

El día 21 de octubre estuvo signado por mucha incertidumbre, ya que el conteo provisorio de las urnas se detuvo por 23 horas. Este hecho llamó la atención de la OEA, quien determinó que debían realizar las elecciones nuevamente debido a irregularidades en las elecciones y el recuento de los votos. Debido a esto, las calles se llenaron de gente -ya sea a favor o en contra de Evo Morales-, lo que causó gran desestabilización. El mismo Carlos Mesa llamó a sus partidarios a que se movilizaran, en pos de la resistencia civil y la “protección” de la democracia. A este pedido se le sumaron líderes evangélicos y magnates financieros. 

Con el pasar de los días, la violencia por parte de la resistencia civil no hizo más que aumentar. De esta manera surgieron algunos crímenes racistas, machistas y xenófobos como lo fueron el ataque de la alcaldesa de Cochabamba, Patricia Arce, o el ataque al director de la Radio Comunidad, a quien encadenaron a un árbol. A su vez, las denuncias por muertes de ambos lados aumentaron con el paso de los días. 

La tensión llegó a tal punto que las fuerzas policiales decidieron amotinarse la noche del 8 de noviembre. En la mañana del 10 de noviembre, aquel general que tres meses atrás declaraba en un acto público que Evo Morales fue el presidente que “mejor había tratado a las Fuerzas Armadas”, recomendaba públicamente la renuncia del presidente. Horas más tarde, William Kaliman fue removido de su puesto bajo el gobierno de Jeanine Añez.

De esta manera, surgen dos preguntas ¿Era Evo Morales democrático? ¿Fue realmente un Golpe de Estado?

Respondiendo a la primer pregunta, no, la Bolivia de Evo Morales no era 100% democrática. Más bien se encasillaba en lo que Levitsky y Way llamarían “Autoritarismo Competitivo”. Este tipo de regímenes son una forma disminuida tanto de democracia como de autoritarismo, es un gran gris. No es un autoritarismo porque la persona que detenta el poder (en este caso Evo Morales) realmente tiene la posibilidad de perder el poder. Pero tampoco es una democracia, ya que los requisitos básicos para que sean unas elecciones libres y justas (Diamond, 2002) son sistemáticamente violados, pero no son derogados. Por ejemplo, Evo Morales presentándose para su tercera reelección, yendo en contra de la Constitución y del Plebiscito de 2016. 

Ahora, otra pregunta que resonó mucho en todos los medios de comunicación fue ¿hubo o no fraude en las elecciones del 20 de Octubre? Si y no. Si porque se demostró que hubo por lo menos 500 mesas en donde hubo irregularidades, consistiendo en 90 mil votos. No porque no fue un fraude masivo, puede poner en duda la victoria en primera vuelta, pero no la legitimación de Morales en el poder -no del todo-. 

Esto lleva a responder la segunda pregunta: ¿Fue un golpe de Estado? Si, lo fue. Como explica Malamud, este fenómeno de la política boliviana cuenta con los tres elementos constitutivos para ser un golpe de Estado: un blanco (el presidente), un perpetrador (otro agente estatal) y un procedimiento (secreto, rápido, no del todo legal). Entonces, está el blanco: Evo Morales y están los perpetradores: Las Fuerzas Armadas, la oposición, Camacho (líder de un grupo de negocios conocido como Comité Pro-Santa Cruz, representando así el sector de la elite económica, y si se investiga su pasado, viene de militar en la facción juvenil fascista de Santa Cruz) y representantes de iglesias evangelistas y católicas. 

Ahora bien, el procedimiento es lo que sale de lo clásico y pone a la academia a discutir. Algunos dicen que no fue un golpe porque “el presidente renunció, no lo depusieron”. Es cierto, Evo Morales, junto con sus ministros, su Vice y el presidente de la Cámara de Diputados renunciaron, pero lo hicieron bajo la presión de las constantes y violentas manifestacionesbajo la amenaza a la integridad de sus familiares y bajo el ataque constante a sus líderes políticos, a quienes violentaron sus hogares hasta su integridad física

A su vez, la Constitución de Bolivia establece que “si el Presidente renuncia […], debe asumir el Vicepresidente de la Nación, y si este renuncia, el Presidente de la Cámara de Diputados”. Entonces, a quien le corresponde asumir el mando sería a Susana Rivero Guzmán, actual Presidente de la Cámara de Diputados, quien nunca presentó su renuncia, más está refugiada en la embajada de México en La Paz. Sin embargo quien asumió el poder y se autoproclamó presidente fue Jeanine Añez, quien antes de asumir como Jefe de Estado, era la Vicepresidente segunda de la Cámara de Senadores.  

Por último, el único aspecto que le podría otorgar legitimidad al gobierno de Jeanine Añez, cuyo partido sacó sólo el 4% de los votos, era llamar a elecciones. Ese era su único objetivo. Sin embargo, en la última semana la política boliviana cambió 180°. No solamente rompió relaciones con Venezuela y Cuba, sino que removió a 80 diplomáticos de sus puestos y se retiró del ALBA. Hasta el momento, no aseguró ninguna fecha oficial para las nuevas elecciones, sólo dijo que “confía que para el 22 de enero el pueblo boliviano vuelva a las urnas”, mas no ha hablado de la situación del MAS ni ha negado los rumores de que insinúan una proscripción de dicho partido. 

En definitiva, lo que determinaría si el régimen que tiene hoy Bolivia es de transición hacia la democracia o hacia la dictadura, es el llamado a elecciones y las condiciones en las que las mismas serían llevadas a cabo. Es decir, en primer lugar deben cumplir con lo requerido por la Constitución boliviana que dice que deben llamar a elecciones antes de los 90 días de asumido el jefe de Estado interino, luego, deben garantizar las elecciones libres y justas, permitiendo la participación de Evo Morales o a cualquier representante del MAS en las elecciones, y por último deben entregar el poder de manera pacífica y ordenada. Pero esto, solo lo definirá el tiempo. Hasta el momento, lo único que se puede afirmar es que Jeanine Añez quiere dejar bien marcada su huella el tiempo que esté al mando del Estado.

Escrito por

Fundadora de Politólogos al Whisky. Argentina, siempre del lado de la justicia social. Analista política. Chaqueña de nacimiento.

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