¡Hola!
Esta semana comenzó con el día después del balotaje brasileño. Mientras el juez Alexandre de Moraes ordenaba que Flávio Bolsonaro entregara sus pasaportes, el excandidato presidencial cruzaba la frontera con Argentina desde donde tomarían un vuelo privado hacia Estados Unidos. Pero no es el único indicio de que la institucionalidad global viene berish.
En esta edición también incluimos el cierre del G20 y los resultados de la COP17, donde volvió a aparecer el problema de la financiación. Además cómo fue la elección en Israel.
Por último, nos vamos al Sáhara Occidental, donde un veto ruso en el Consejo de Seguridad de la ONU dejó sin mandato a una misión que llevaba 35 años intentando supervisar un alto el fuego y organizar un referéndum que nunca se celebró.
En el menú
El G20 sin acuerdos ni foto
La reunión de cancilleres del G20, celebrada el 30 y 31 de octubre en Atlanta, terminó sin un comunicado conjunto debido a las diferencias sobre las guerras en Ucrania e Irán, los aranceles estadounidenses y las disputas en el mar de China Meridional. Estados Unidos, que ejercía la presidencia del grupo, debió conformarse con una declaración propia que enumeró prioridades comunes, pero no logró acuerdos concretos. Tampoco se dió la tradicional “foto de familia” ya que varios representantes europeos se negaron a posar junto al canciller ruso Serguéi Lavrov, por lo que Marco Rubio decidió cancelar la fotografía.
COP17 sin financiación
La COP17 sobre biodiversidad concluyó el 31 de octubre en Ereván, Armenia, con la adopción de “la Hoja de Ruta de Ereván”, un acuerdo para acelerar el cumplimiento de los objetivos internacionales de protección de la naturaleza establecidos para 2030. La primera evaluación global de esos compromisos reveló que el mundo no está encaminado a cumplirlos, mientras los países desarrollados tampoco alcanzaron la meta de movilizar 20.000 millones de dólares anuales para 2025. Aunque se acordaron nuevas medidas de implementación y financiación, las diferencias sobre quién debe aportar los recursos siguen sin resolverse.
Netanyahu gana, pero pierde la mayoría
Las elecciones parlamentarias israelíes del 27 de octubre dejaron al Likud de Benjamin Netanyahu como primera fuerza, con 27 escaños, aunque su bloque consiguió solamente 53 de los 120 asientos de la Knéset, ocho menos de los necesarios para gobernar. La oposición encabezada por Gadi Eisenkot obtuvo 48 escaños, mientras que los partidos árabes alcanzaron un récord de 19, suficientes para inclinar la balanza si las fuerzas opositoras aceptaran cooperar con ellos. Los resultados deben ratificarse oficialmente el 4 de noviembre y darán paso a las negociaciones para formar gobierno, mientras Netanyahu denuncia irregularidades electorales que las autoridades no consideran suficientes para cuestionar la legitimidad de los comicios.
En la mesa: Sáhara Occidental: 35 años de misión, ningún referéndum
El 30 de octubre, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas debía decidir qué hacer con una misión que llevaba 35 años desplegada en el Sáhara Occidental. Lo que durante décadas había sido una renovación prácticamente rutinaria terminó en un enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia. Moscú vetó la propuesta estadounidense, Washington rechazó la alternativa rusa y, por primera vez desde su creación en 1991, la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) se quedó sin mandato.
Para entender cómo se llegó a esta situación hay que retroceder a 1975, cuando España se preparaba para abandonar su última colonia africana. Marruecos y Mauritania reclamaban el territorio, mientras el Frente Polisario, fundado dos años antes, exigía su independencia. Ese noviembre, Marruecos organizó la Marcha Verde, una movilización de unas 350.000 personas hacia el territorio, y España firmó los Acuerdos de Madrid, que transfirieron su administración a los dos países vecinos.
La retirada española dio paso a una guerra entre Marruecos, Mauritania y el Frente Polisario. Mauritania abandonó sus reivindicaciones en 1979, pero Marruecos continuó expandiendo su control y construyó una extensa barrera defensiva que divide el territorio. Miles de saharauis huyeron a campamentos de refugiados en Argelia, principal respaldo regional del Polisario.
En 1991, Naciones Unidas consiguió un alto el fuego y estableció la MINURSO. Su objetivo era supervisar el cese de las hostilidades y organizar un referéndum en el que los saharauis pudieran elegir entre la independencia y la integración con Marruecos. La consulta debía realizarse en 1992, pero las diferencias sobre quiénes tendrían derecho a votar y el futuro político del territorio impidieron concretarla.
La misión terminó dedicada principalmente a observar la situación militar, mientras las negociaciones permanecían estancadas. En 2007, Marruecos presentó un plan de autonomía que permitiría a los saharauis administrar sus asuntos internos, pero mantendría el territorio bajo soberanía marroquí. El Frente Polisario, en cambio, continuó reclamando un proceso de autodeterminación que incluyera la posibilidad de independencia.
El alto el fuego terminó por romperse en noviembre de 2020, cuando el Polisario lo declaró terminado después de una operación militar marroquí en Guerguerat, cerca de la frontera con Mauritania. Desde entonces se registran enfrentamientos de baja intensidad, aunque sin regresar a la guerra abierta de las décadas anteriores.
En paralelo, Marruecos consiguió importantes respaldos diplomáticos. Estados Unidos reconoció su soberanía sobre el territorio en 2020, durante el primer mandato de Donald Trump, y varios gobiernos europeos se acercaron posteriormente a su propuesta de autonomía. En octubre de 2025, el propio Consejo de Seguridad aprobó una resolución que establecía ese plan como base de las negociaciones, aunque todavía contemplaba una solución mutuamente aceptable y el principio de autodeterminación.
Estados Unidos quiso avanzar un paso más. Su propuesta no solo renovaba la misión hasta octubre de 2027: también modificaba su nombre, reducía progresivamente su componente militar y consolidaba la autonomía bajo soberanía marroquí como única base de negociación. Washington suavizó algunos términos después de recibir objeciones, pero mantuvo el cambio de orientación.
Rusia consideró que la iniciativa favorecía a Marruecos y predeterminaba el resultado de las negociaciones. Su veto bloqueó una resolución que había recibido once votos favorables. Moscú presentó entonces una alternativa mucho más limitada, que simplemente prorrogaba la misión durante otro año sin modificar sus funciones. Esa propuesta tampoco prosperó: obtuvo tres votos a favor, uno en contra y once abstenciones.
El mandato de la MINURSO expiró el 31 de octubre y Naciones Unidas comenzó a desmantelar la misión al día siguiente. Su retirada no resuelve la disputa territorial ni implica un reconocimiento internacional de la soberanía marroquí, pero elimina el principal mecanismo de observación sobre el terreno y aumenta el riesgo de una escalada entre Marruecos y el Frente Polisario. El Consejo de Seguridad todavía podría acordar una nueva misión, aunque las diferencias entre Washington y Moscú dificultan esa posibilidad. Después de 35 años, el referéndum nunca llegó a celebrarse y los saharauis no solo siguen sin poder decidir su futuro, sino que ahora también pierden la presencia internacional que debía contribuir a garantizar ese derecho.
¡Hasta la próxima!




Deja un comentario