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Esta semana las instituciones internacionales tuvieron varios anuncios, como la recomendación de Naciones Unidas de utilizar mapas que reflejen más honestamente el tamaño relativo de los continentes. También se alcanzó en Ginebra un acuerdo entre los 128 Estados parte de la Convención sobre Ciertas Armas Convencionales sobre un texto que pretende servir de base para una futura regulación del despliegue y la utilización de armas autónomas.

Pero dejemos el futuro distópico donde pertenece, en el futuro. Hoy vamos a hablar del nuevo triunfo de Alternativa para Alemania, que sigue sin lograr romper el cordón sanitario. Una inyección de dinero en Groenlandia busca reforzar su anclaje europeo frente a las presiones estadounidenses y después nos vamos a Asia. Corea del Sur estaría considerando meterse de alguna forma en Ormuz.

Ya que estamos en el Lejano Oriente, cerramos con la forma en que Taiwán apalanca su diplomacia en su industria más pujante.

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AfD gana en Sajonia-Anhalt

Alternativa para Alemania (AfD) obtuvo el 44% de los votos en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt y quedó muy cerca de una mayoría propia. El resultado supone un nuevo salto para el partido, que ya encabeza algunas encuestas nacionales, y un golpe para la coalición del canciller Friedrich Merz. Sin embargo, los principales partidos alemanes mantienen su negativa a formar coaliciones con AfD, por lo que el resultado vuelve a poner a prueba el llamado “cordón sanitario” contra la extrema derecha.

Europa se acuerda de Groenlandia

La Unión Europea anunció €200 millones de inversiones en Groenlandia durante una visita de Ursula von der Leyen a la isla. Los fondos estarán dirigidos, entre otras áreas, a minerales críticos, comunicaciones satelitales y energías renovables. La iniciativa llega mientras Donald Trump mantiene su intención de que Estados Unidos controle el territorio, pese al rechazo de Dinamarca y del propio gobierno groenlandés. Bruselas también planea más que duplicar los fondos destinados a Groenlandia en su próximo presupuesto, mientras prepara una nueva estrategia para el Ártico.

¿Corea del Sur en Ormuz?

Corea del Sur evalúa contribuir militarmente a las operaciones destinadas a garantizar la navegación por el estrecho de Ormuz. Entre las opciones estudiadas aparecen aviones de patrulla marítima, apoyo logístico y unidades de detección y eliminación de minas, aunque Seúl insiste en que todavía no tomó una decisión. El año pasado, el estrecho concentró el 61% de las importaciones surcoreanas de petróleo crudo. La posibilidad también aparece en medio de las tensiones con Washington, después de que Trump reprochara públicamente a Seúl no haber colaborado más en la guerra contra Irán.

En la mesa: La diplomacia del silicio

La semana pasada se celebró SEMICON Taiwan, una de las principales ferias de la industria de semiconductores del mundo. Entre empresas, obleas y promesas sobre inteligencia artificial, el gobierno taiwanés aprovechó la ocasión para, además de promocionar sus productos, promocionar a Taiwán. El presidente Lai Ching-te presentó a la isla como un socio confiable cuya fortaleza tecnológica está respaldada por la democracia y el Estado de derecho. El lugar estaba lleno de funcionarios estadounidenses y europeos que llegaron a Taipéi buscando extender la huella de la industria en sus países.

La isla se encuentra en el centro de la cadena mundial de semiconductores y alberga a TSMC, el mayor fabricante de chips por contrato del mundo. Esa concentración dio lugar a la idea del “escudo de silicio”. La dependencia del resto del mundo de la industria taiwanesa aumentaría el costo de una agresión china, ya que liga la supervivencia de Taiwán con los intereses de otros países. Si bien esta interdependencia no equivale a una garantía de seguridad, Taiwán la considera de gran utilidad y la cultiva como una forma de diplomacia.

Pero la interdependencia depende, justamente, de otros actores, que también perciben la importancia de Taiwán en sus propias estructuras económicas como un problema. Después de todo, la ventaja de diversificar está en la resiliencia que ofrece no depender de un único proveedor. Estados Unidos presiona para aumentar la fabricación doméstica y TSMC ya proyecta inversiones por US$265.000 millones en Arizona. A eso se suman otros US$20.000 millones que, según el ministro de Economía taiwanés, distintas empresas de la isla planean invertir en el país. La Unión Europea también quiere una porción: envió representantes a SEMICON para promocionar su nueva política de semiconductores y atraer nuevas inversiones taiwanesas, mientras TSMC ya participa de la construcción de una planta en Alemania.

Taiwán necesita que sus socios tengan un interés económico en su supervivencia, pero esos mismos socios quieren reducir los riesgos de tener buena parte de una industria crítica concentrada a poco más de 100 kilómetros de China continental. Cuantas más fábricas se construyan afuera, menor podría ser la dependencia que sostiene parte de ese famoso escudo de silicio. Al mismo tiempo, la isla no puede simplemente darle la espalda a estos requerimientos. Sus aliados van a perseguir esos objetivos con o sin la cooperación taiwanesa.

Por ahora, Taipéi entiende que cooperar le permite comprar tiempo y profundizar su red de relaciones extrarregionales. El presidente de Foxconn resumió el cambio diciendo que las empresas deben pensar menos en “fabricar en Taiwán” y más en “fabricar con Taiwán” allí donde están los mercados. Un ejecutivo de ASE fue todavía más claro al reconocer que internacionalizar la producción es políticamente conveniente y que, en la práctica, las empresas taiwanesas tienen pocas alternativas.

Taiwán despliega sus microchips como carta de presentación, mientras China sigue intentando reducir su espacio diplomático. Esta misma semana Beijing volvió a protestar por la participación taiwanesa en el Foro de las Islas del Pacífico, donde solo Palau, Tuvalu y las Islas Marshall mantienen relaciones diplomáticas formales con Taipéi.

No está claro cuál es el futuro a largo plazo de la estrategia, pero sí que sostenerse como un partner necesario de Occidente es parte de lo que le está comprando tiempo a la isla. Especializarse en el arte del silicio resultó ser una excelente decisión para Taiwán. Para que esa ventaja dure, su diplomacia tendrá que aprender cuánto del secreto de ese arte puede darse el lujo de revelar.

¡Hasta la próxima!

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