Por Sofía Gómez Mansur y Lucía Lago Krümmer
La adaptación de La Odisea realizada por Christopher Nolan permite trascender la dimensión mitológica del relato homérico para convertirlo en una reflexión sobre aquello que ocurre entre el final del conflicto y el comienzo de la paz. El viaje de Odiseo no representa únicamente el retorno físico a Ítaca, sino también el complejo proceso para restablecer un orden político legítimo y recomponer los vínculos sociales deteriorados. En este sentido, la obra dialoga con una cuestión central para las Relaciones Internacionales. Cuando terminan las hostilidades, la paz no se alcanza automáticamente, sino que comienza un proceso de recomposición del orden necesario para evitar que la violencia se reproduzca.
Perspectivas culturales e históricas de La Odisea de Nolan
Una ciudad sitiada y arrasada, una población civil que huye de una muerte segura a manos del ejército aqueo y una víctima inocente que perdura en la conciencia de Odiseo y se corporiza en la figura de Atenea, la diosa griega de la sabiduría. Estos son algunos de los elementos que utiliza Nolan en su nueva adaptación de La Odisea para releer el poema homérico a la luz de los conflictos modernos. Las licencias que toma la película respecto del poema y del mundo en el que se desarrolla pueden entenderse no solo como desviaciones de la fuente original, sino también como una forma de trasladar La Odisea al presente.
Uno de los elementos que ejemplifica este punto es la incorporación del personaje de Sinon, interpretado por Elliot Page. Este personaje no se encuentra en La Odisea de Homero, aunque forma parte de la tradición sobre la guerra de Troya y ocupa un lugar destacado en el relato de su caída en la Eneida de Virgilio. Su incorporación muestra que Nolan no se limita al poema homérico, sino que recurre a distintas capas de la tradición clásica para construir su propia versión del mundo de Odiseo.
Otra decisión creativa que generó polémica fue la elección de Lupita Nyong’o para interpretar a Helena y su hermana Clitemnestra. La decisión recibió críticas, especialmente desde sectores conservadores y de extrema derecha, que cuestionaron su supuesto rigor histórico. Entre ellas se destacó la de Elon Musk, quien anunció que produciría su propia versión de La Odisea, esta vez con la intención declarada de alcanzar una mayor precisión histórica que la versión de Nolan.
El planteo de Musk presenta varios problemas. Además del componente racial, parte de una concepción anacrónica del mundo mediterráneo antiguo, que lo concibe como un espacio culturalmente homogéneo. La propia tradición épica griega incorporaba personajes procedentes de regiones alejadas del mundo egeo. Entre ellos se encuentra Memnón, rey de los etíopes y aliado de Troya, cuya participación en la guerra aparece en el ciclo épico troyano. Su presencia muestra que el imaginario griego sobre la guerra de Troya era más amplio y diverso de lo que permite suponer una concepción exclusivamente europea de la Antigüedad.
El mundo de la Grecia antigua no era un mundo occidental y europeo en el sentido que hoy damos a esos términos, sino un espacio atravesado por distintas culturas del Mediterráneo, Medio Oriente y el norte de África. La tradición homérica también recoge elementos de ese crisol cultural. Homero difícilmente puede ubicarse de manera sencilla entre Oriente y Occidente, categorías contemporáneas que no reflejan el mundo en el que surgieron sus poemas. Pensar a Grecia únicamente como un antecedente directo del Occidente actual omite las particularidades de una civilización que mantuvo contactos e intercambios constantes con otras culturas de la región.
Esta tensión entre el mundo griego y sus reinterpretaciones contemporáneas también se observa en la forma en que Nolan caracterizó a los dioses. Su decisión de humanizar a Atenea y corporizar su figura en una joven civil asesinada durante la guerra de Troya generó polémica. Esta representación se aleja del lugar que ocupan los dioses en la tradición griega y puede leerse como una reinterpretación atravesada por una moral judeocristiana. Sin embargo, la propuesta resulta interesante a la hora de reconocer los costos de la guerra y devolver relevancia a las víctimas civiles.
Al ser testigos de la destrucción de Troya, es difícil no pensar en los conflictos armados actuales, sobre todo en la destrucción de Gaza y el sufrimiento de su población civil. La película recupera así un elemento presente en la tradición homérica, particularmente en La Ilíada: la tragedia y la humanidad de los troyanos, quienes no dejaban de ser un pueblo que creía en los mismos dioses que los aqueos y compartía con ellos un mismo mundo cultural.
Ver La Odisea a partir de las teorías de las Relaciones Internacionales
Desde la perspectiva del constructivismo de Alexander Wendt, la película puede interpretarse como un ejemplo de cómo las identidades y las percepciones de los actores son construcciones sociales que condicionan sus comportamientos. Wendt sostiene que «la anarquía es lo que los Estados hacen de ella»: el sistema internacional no determina por sí solo la conducta de los actores, sino que esta depende también de las ideas compartidas, las expectativas mutuas y las identidades construidas a través de la interacción.
En La Odisea, Odiseo atraviesa constantemente situaciones en las que es percibido como enemigo, extranjero, héroe o rey legítimo según el contexto y las experiencias de quienes lo rodean. Su regreso a Ítaca también supone recuperar una identidad y una autoridad que diez años de ausencia han puesto en cuestión. Desde esta perspectiva, el retorno permite pensar cómo la guerra transforma no solo las relaciones de poder, sino también las identidades y percepciones a partir de las cuales debe recomponerse el orden una vez terminadas las hostilidades.
Por otra parte, la perspectiva de Joseph Nye permite ampliar la discusión sobre el poder más allá de sus dimensiones militares y económicas. Nye distingue entre el poder duro (hard power), basado en la coerción o los incentivos, y el poder blando (soft power), basado en la capacidad de obtener determinados resultados mediante la atracción en lugar de la coerción o el pago.
El recorrido de Odiseo permite observar los límites del uso exclusivo de la fuerza. A lo largo de su viaje, su capacidad para alcanzar sus objetivos depende también de su reputación, de los vínculos que establece y de su habilidad para conseguir el reconocimiento de otros actores. Esta dimensión adquiere particular importancia en su regreso a Ítaca, donde recuperar el poder no implica únicamente derrotar a sus adversarios, sino también restablecer una autoridad capaz de hacer posible la paz una vez concluida la violencia.
Reflexiones finales
En consecuencia, la obra de Nolan trasciende la narrativa épica para recuperar una preocupación vigente en el siglo XXI: qué ocurre cuando una guerra termina, pero la paz todavía no ha comenzado. La violencia no desaparece con el fin de las hostilidades, sino que deja marcas sobre las identidades, los vínculos y las relaciones de poder de quienes deben volver a convivir.
El regreso de Odiseo permite observar precisamente esa dificultad. Volver a Ítaca no implica únicamente recuperar su hogar, sino también restablecer su autoridad y un orden alterado por años de ausencia y violencia. Desde esta perspectiva, La Odisea permite pensar la paz no como una consecuencia automática de la victoria, sino como un proceso que exige recomponer vínculos, legitimidades y formas de convivencia después de la guerra.




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