¡Hola!
Esta semana tuvimos que aguantarnos comentar sobre las andadas de Paul Biya, presidente de Camerún de 93 años cuyo paradero es desconocido, al igual que certezas sobre su estado vital.
En cambio, sí vamos a charlar sobre la asunción de un nuevo presidente latinoamericano que ya pegó un volantazo y recibió las gracias de Washington, un posible atentado en un nodo logístico de la OTAN y los Estados Unidos salen a comprar yenes.
Por último, vamos a dedicar unas palabras a la nueva alianza defensiva entre Turquía, Arabia Saudita y Pakistán.
En el menú
Un dron explosivo en Alemania
La fiscalía federal alemana investiga un posible atentado después de que un dron equipado con explosivos y un detonador fuera hallado en el aeropuerto de Leipzig/Halle, uno de los principales centros de carga de Europa y un nodo utilizado por la logística de la OTAN. El incidente ocurrió cerca de aeronaves Antonov empleadas en operaciones de transporte estratégico de la Alianza. Aunque las autoridades todavía no atribuyeron responsabilidades, el ministro del Interior, Alexander Dobrindt, advirtió que Alemania enfrenta diariamente acciones de «guerra híbrida», entre ellas sabotajes, espionaje y ciberataques. Rusia rechazó las acusaciones de legisladores alemanes que señalaron una posible participación de Moscú.
Giro político en Colombia
Abelardo De La Espriella asumió la presidencia de Colombia con la promesa de endurecer la política de seguridad y modificar buena parte de la agenda de su antecesor. El nuevo mandatario anunció el fin de las negociaciones con grupos guerrilleros, una ofensiva contra los cultivos ilícitos y planes para reactivar la explotación de petróleo y gas, además de reducir considerablemente el tamaño del Estado. También confirmó la incorporación de Colombia al programa estadounidense Shield of the Americas. Un día después de su asunción, Washington anunció que planea otorgar al nuevo gobierno US$1.000 millones en asistencia de seguridad.
Washington sale al rescate del yen
Estados Unidos y Japón realizaron una inusual intervención coordinada en el mercado cambiario para frenar la caída del yen, que había alcanzado mínimos no vistos en cuatro décadas. Fue la primera operación conjunta de este tipo entre ambos países desde 2011 y fortaleció rápidamente a la moneda japonesa. En una maniobra poco habitual, el Tesoro estadounidense compró yenes vendiendo euros, en lugar de dólares, para evitar que la intervención fuera interpretada como una política destinada a debilitar la moneda estadounidense. Tokio y Washington dejaron abierta la posibilidad de nuevas acciones si vuelve la volatilidad.
En la mesa
¿Y si deja de ser Washington?
Los hutíes ya habían atacado las instalaciones de Aramco en el pasado. La frágil tregua que mantenían con Arabia Saudita desde 2022 terminó por quebrarse en julio, cuando el grupo volvió a lanzar ataques contra territorio saudita por primera vez en más de cuatro años. En los últimos meses, además, estos objetivos adquirieron una importancia estratégica renovada, ya que el mar Rojo constituye la principal alternativa saudita al estrecho de Ormuz para exportar petróleo. A pesar de todo esto, el ataque del 9 de agosto se destacó por ocurrir apenas dos días después de que Arabia Saudita firmara un nuevo acuerdo de defensa con Turquía y Pakistán.
El ataque planteó así una primera pregunta sobre el alcance real del pacto. El denominado Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca establece que una agresión armada contra cualquiera de sus integrantes será considerada un ataque contra los tres, aunque todavía no especifica qué obligaciones militares concretas derivan de esa cláusula. Los propios miembros deberán decidir mediante consultas qué grado y qué tipo de apoyo corresponde en cada caso.
El canciller turco, Hakan Fidan, sostuvo que el principio de defensa mutua es técnicamente equivalente al Artículo 5 de la OTAN. Sin embargo, el acuerdo todavía está lejos de constituir una organización comparable, ya que recién ahora deberá desarrollar sus mecanismos de coordinación, incluidos un comité ministerial y una secretaría permanente en Arabia Saudita.
Más que esta comparación, lo relevante del acuerdo es la combinación de capacidades que reúne. Arabia Saudita aporta recursos económicos y una posición central en el Golfo; Turquía, uno de los mayores ejércitos de la OTAN y una industria de defensa en expansión; y Pakistán, unas fuerzas armadas de gran tamaño y experiencia operativa. El pacto convierte así una serie de vínculos bilaterales preexistentes en un compromiso colectivo y, al menos sobre el papel, compromete a los tres países a pensar su seguridad de manera conjunta.
La iniciativa también puede leerse como parte de la búsqueda saudita de una arquitectura de seguridad menos dependiente exclusivamente de Estados Unidos. Esto no supone un alejamiento de Washington, con quien Riad mantiene una relación militar fundamental, sino una diversificación de sus garantías. Si el pacto consigue institucionalizarse, este nuevo eje podría convertirse en un punto de referencia en torno al cual se organice parte de la seguridad regional.
El ataque hutí constituye, en ese sentido, una primera prueba para un acuerdo que apenas comienza a tomar forma. Sería difícil esperar mecanismos de respuesta definidos cuando el pacto es tan reciente, pero observar cómo se mueven sus integrantes ante este episodio permite empezar a medir el compromiso real que existe detrás de la declaración. La cuestión no pasa necesariamente por que Turquía o Pakistán respondan militarmente al ataque, sino por que hagan algo que vuelva creíble la promesa de que, ante una próxima agresión, sí estarán dispuestos a hacerlo.
¡Hasta la próxima!




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