Elecciones UBA: ¿Estudiantado Radical?, ¿Oposición Camporista?

Tras dos años de pandemia, y cinco nuevas camadas de nuevos ingresos, entre el 4 y 8 de abril, la Universidad de Buenos Aires (UBA) volvió a tener elecciones estudiantiles. Sin embargo, estas elecciones son recién el intermedio de un calendario electoral más amplio, que inició a mediados del 2021 con las elecciones de los representantes de los Claustros de Profesores y de Graduados de buena parte de las trece facultades que componen la universidad, y que terminará con la elección del Consejo Superior el próximo 15 de junio, y la realización de una nueva (y renovada) Asamblea Universitaria, el 24 de Junio, donde un nuevo rector o rectora será electo (ahora que el actual rector Alberto Barbieri anunció no buscar una reelección).

En este artículo se hará un primer abordaje a esta nueva coyuntura de la política universitaria, con énfasis específico en lo que fue la elección estudiantil de hace dos meses. En un primer aparato, se explora la división y estructura de poderes de la UBA, seguido de la comparación de los resultados electorales de las distintas fuerzas universitarias de cada Facultad, entre 2019 y 2022, y finalmente, haciendo un paneo de la situación actual de las tres principales fuerzas que dividen a la Universidad: el reformismo, la fuerza nacional-popular y las agrupaciones troskas (cuya conocido y memificado enfrentamiento físico en Puan no dejará de ser mencionado).

¿Cómo se gobierna la UBA?

Herencia de la Reforma Universitaria de 1918, la Universidad de Buenos Aires funciona hoy con un sistema de cogobierno de representantes de tres claustros: los Estudiantes, los Graduados y los Profesores. Esto se articula en dos niveles: a nivel Facultad, en los Consejos Directivos y el Decanato; y a Nivel Universidad, por medio del Consejo Superior, la Asamblea Universitaria y el Rectorado. 

Asimismo, el estudiantado elige en cada Facultad a su respectivo Centro de Estudiantes, su instrumento gremial por excelencia, y los No-Docentes, pese a no tener representación en las instancias de cogobierno universitario, también concurren a elecciones donde eligen representantes gremiales por medio de los cuales suelen organizar negociaciones colectivas o acciones directas para defender sus intereses (si bien este artículo no dará cuenta de la situación de este último sector, es válido recordarlos, así como también el reclamo de múltiples fuerzas políticas por lograr incluirlos en el futuro en el ámbito del Cogobierno universitario).

A nivel Facultad, el Consejo Directivo está compuesto por ocho representante del claustro de profesores (cinco para la fuerza mayoritaria o primera minoría, tres para la siguiente fuerza), cuatro del claustro de graduados y cuatro del claustro de estudiantes (tres para la fuerza mayoritaria o primera minoría, uno para la siguiente fuerza). Mientras los Consejeros Profesores son electos por un lapso de cuatro años, los Consejeros Estudiantiles y de Graduados lo son por un periodo de dos. Asimismo, cada cuatro años, este Consejo Directivo elige a un Decano o Decana, que debe ser siempre proveniente del Claustro de Profesores.

Ahora, pese a parecer obvio, debe hacerse una aclaración importante sobre cómo se compone el electorado de cada claustro. Pues si bien el Claustro de Estudiantes lo componen todos los estudiantes regulares de la Facultad más los estudiantes del CBC, con al menos dos materias aprobadas, que votan a sus representantes en la Facultad de la carrera que estudian, y que el electorado del Claustro de Graduados lo componen todos aquellos egresados de cada Facultad, con posesión ya de su diploma habilitante otorgado por la Universidad; algo especial ocurre con el electorado del Claustro de Profesores. Y es que en este claustro solo pueden ser electores, y candidatos, aquellos profesores titulares plenarios, titulares y asociados de cada Facultad.

Acá es donde reviste la trampa del Claustro de Profesores: para ser profesor titular plenario, los titulares (a secas) y los asociados, deben haber sido electos por concurso. Lo relevante de este dato es que, primero, la realización de concursos depende del Consejo Directivo, lo cual viene condicionado por la rosca interfuerzas, y en muchos casos, se acaban frenando o avanzando en la realización de concursos para congelar o modificar el padrón de profesores según la conveniencia de la fuerza política con mayoría en el Consejo. Y en virtud de esto, el padrón de profesores tiende a ser reducido, y una gran mayoría de profesores de hecho de las distintas Facultades terminan participando en las elecciones en el Claustro de Graduados (y acá yace una segunda operación, puesto a dejar de realizar concursos puede servir para inflar los votantes de una determinada fuerza en este claustro en la medida en que no pase a formar el de ningún otro, ya que ningún individuo puede ser votante de dos claustros al mismo tiempo). Un último comentario a este respecto es que mientras el padrón de estudiantes y de profesores es de realización automática (y obligatoria), la inscripción de los graduados a su respectivo padrón es facultativa.

Con estas reglas ya establecidas, se avanza a las instancias de cogobierno a nivel universitario. El primer órgano es el Consejo Superior, compuesto por cinco representantes del claustro de profesores, cinco del claustro de graduados y cinco del claustro de estudiantes (en un esquema de tres a cuatro para la mayoría o primera minoría, y dos a uno para la siguiente fuerza en cada claustro, según la proporcionalidad del voto). Los consejeros superiores son electos por todos los consejeros directivos de su respectivo claustro en cada facultad. Luego se tiene la Asamblea Universitaria, máximo órgano representativo de la UBA, que está compuesto por los Consejos Directivos de las trece facultades, los trece decanos y el Consejo Superior, dando una asamblea de 236 integrantes. Esta Asamblea es la encargada de elegir al Rector o Rectora, mientras que en el Consejo Superior se elige al Vicerrector o Vicerrectora de la UBA (Vale también aclarar que hasta ahora no ha habido una mujer rectora de la universidad).

Las Elecciones Estudiantiles

Por decisión del Rectorado, este año se realizaron las postergadas elecciones del claustro estudiantil entre el 4 y el 8 de abril, a una o a dos semanas, según la facultad, del inicio de clases. Por ello, este proceso electoral fue voraginoso, al tener las organizaciones político-estudiantiles que buscar interpelar a cinco camadas de nuevos ingresos que hasta ahora nunca habían pisado sus respectivas universidades por la virtualidad impuesta por la pandemia, así como también reconectar con estudiantes que habían ya conocido la Facultad pero con los que llevaban dos años sin tener en la mayoría de los casos algún contacto de revinculación presencial.

La denuncia de muchas agrupaciones del Frente Nacional-Popular y del Socialismo fue que estas elecciones se apresuraron de esta manera ya que se argumentaba que favorecía a los intereses del rector Alberto Barbieri, de Franja Morada y de Emiliano Yacobitti, diputado nacional y principal referente del radicalismo en la universidad; a quienes unas elecciones veloces podrían darle mejores resultados en las Facultades donde mantienen bastiones en el Claustro de Estudiantes: Derecho, Económicas y Medicina, especialmente. Los resultados electorales van en consonancia con esa denuncia, como se revisará a continuación.

La competencia política en las distintas facultades adopta formas distintas, según cómo se presenta el Radicalismo en esa Facultad y de qué fuerzas se demuestren predominantes: por ejemplo, en la Facultad de Ciencias Sociales y de Ingeniería, el radicalismo no aparece de forma directa, sino a través de dos organizaciones, que de a momentos se autodenominan desde independientes, a nacional-populares e incluso peronistas, que usan la gremialidad pura como forma de cooptar el voto, pero en las elecciones del Consejo Superior, en la Asamblea Universitaria o incluso en la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA) acaban votando con y a los armados del radicalismo: estos son La Ues y el MLI respectivamente, ambos lograron renovar su mayoría en sus facultades, pero con la diferencia que en Ingeniería, el MLI aumentó su respaldo del 46 al 61% de votos, y el Macrismo pasó de segura a tercera fuerza mientras el Frente Nacional-Popular cayó al tercer lugar y en Sociales, la brecha de 1100 votos que separaba a La Ues de la Lista 15 (La Mella, La Cámpora, La  Emergente, Urbana y otros) se achicó a 74.

Luego tenemos los casos de Psicología, Medicina y Económicas, bastiones del radicalismo que se presenta con el color naranja de Nuevo Espacio (EDI en Piscología). Nuevo Espacio se asemeja a La Ues y al MLI en que utiliza la gremialidad como instrumento para cooptar masivamente el voto, pero a diferencia de ellos, no utilizan identidades políticas (cambiantes según a quién le hablan), sino que apelan a un apolitismo y apartidismo, para llegar a los estudiantes desinteresados o agotados de luchas políticas nacionales. En Psicología, la lucha es ligeramente más disputada, pero repitiendose los resultados del 2019, con la coalición frentetodista Impulso, que engloba a La Mella, Auge, Brote (La Cámpora) y otros, con una diferencia de 50,34% a 23,9%. En cambio, en Medicina y Económicas el respaldo a Nuevo Espacio ronda los 75%, siendo La Cámpora (con los nombres de El Torrente y Proyecto Económicas respectivamente) actualmente la segunda fuerza en ambos.

Las facultades más amables a las fuerzas nacional-populares son, en cambio, Exactas y Filosofía y Letras. En el primero, situación que no se repite en ninguna otra facultad, La Cámpora y La Mella van enfrentadas y desde 2019 se mantiene una relación de votos de 40% contra 30%, que se repite este año. En la segunda facultad, la alianza de la Mella, La Cámpora y otras organizaciones frentetodistas se enfrentan a los troskos del PO, el PTS y otros (menos el Nuevo Más, con quienes se fracturaron este año). Acá, el frentetodismo vence con 33% a los troskos que obtienen 27% (ambas fuerzas habrían perdido por igual 10 puntos porcentuales de votos respecto al 2019). 

Otras facultades que habían sido amigables con el peronismo eran FADU y Agronomía, pero en estas elecciones vivieron fuertes derrotas. En la primera, Franja Morada duplica el porcentaje de votos recibidos en 2019 y con un 60% derrota al oficialismo frentetodista. En la segunda, el LAI, una agrupación de derecha conservadora asociada al Campo y aliada al radicalismo, derrota a la alianza de La Mella, FANA y La Cámpora por un margen de 4 puntos porcentuales (dato importante es que en 2019, en lugar de La Cámpora, el Partido Obrero formaba parte de esta coalición que por 13 puntos porcentuales vencía al LAI). Y también están las facultades amigables al Partido Obrero: Veterinaria y Farmacia y Bioquímica, sin embargo, en ambos su respaldo va en decrecimiento. En el primero, el PO enfrenta a La Tropilla (La Cámpora) y de ganar en 2019 con el 72% de los votos, en 2022 lo hace con el 38%, mientras que La Tropilla sube del 16 al 29%. En la segunda facultad, el PO bajó su caudal de votos del 52 al 36%, mientras que Nuevo Espacio pasa a ser la segunda fuerza de la facultad con 30,7%, superando a la alianza de La Mella y Nuevo Encuentro, otrora segunda fuerza en 2019.

Finalmente, tenemos el caso singular de Odontología, donde no existe un armado Nacional-Popular y el AFO, que se encuadra al radicalismo, enfrenta otras opciones marginales troskas e independientes, y mantiene desde hace años un promedio del 95% de los votos. Y finalmente está  Derecho, la segunda facultad donde Franja Morada aparece con este nombre declarado. Esta Facultad dio sorpresas. En 2019, Nuevo Derecho (Partido Socialista) había vencido con el 34,6%, siguiéndole Franja Morada con el 23,14%, luego La Centeno + Auge, con el 14%, y después Acción Colectiva (La Mella, Nuevo Encuentro, La Cámpora) con el 13,72%. En 2022, Franja Morada y Nuevo Derecho se alían en el Frente Reformista y obtienen el 52,54% a la vez que La Centeno y Acción Colectiva se unen para obtener el 36,06%.

Las idas y vueltas de los morados, azules y rojos.

Habiéndose puesto en juego en el agregado de las facultades unos 52 consejeros directivos estudiantiles, 32 fueron al Reformismo, aquella fuerza que pertenece a la UCR y a Yacobitti, pero que a lo largo de las Facultades responde a muchas caras, en unas explícitas, como es en Derecho donde abiertamente se reconoce Franja Morada, que en otras, como Medicina, Psicología y Económicas, recurren a la identidad de Nuevo Espacio, capitalizando un discurso de apartidismo e independencia que conquista el voto de aquellos estudiantes apolíticos o desinteresados de las diatribas de las luchas partidarias nacionales; que se alía a fuerzas que se autodenominan independientes, e incluso nacional populares, como MLI en Ingeniería o La Ues en Sociales, y finalmente, se alía con conservadores como LAI en Agronomía.

Ahora bien, esto obliga a una reflexión ulterior: ¿se puede hablar de que el reformismo representa en sí mismo una mayoría estudiantil? Si la mayoría de las veces que el reformismo es votado en las facultades, se lo hace a través de organizaciones que reniegan y ocultan la identidad, ¿cuánto de este apoyo es directamente a su programa político radical para la Universidad y cuánto lo es por su discurso de apartidismo y gremialidad pura, cuasi-clientelar, con el que atienden a sus facultades? Apenas en Derecho se identifican como Franja Morada, y en las Facultades donde mantienen bastiones, lo hacen con los colores naranja de Nuevo Espacio, apelando a una masa mayor de votantes que, en todo caso, quieren representantes “independientes” que atiendan gremialmente sus necesidades, antes que representantes que se proyecten como defensores de un proyecto político mayor, que repiense la Universidad y que aporte a una fuerza nacional (como lo admite abiertamente las fuerzas Nacional-Populares). ¿Es realmente el Estudiantado en su mayoría radical, o lo es en su mayoría apolíticos, apartidarios, incluso antiperonistas, y se acercan a las alternativas propuestas no abiertamente por el radicalismo gracias al discurso que han diseñado específicamente para interpelar a este tipo de electorado?

Luego, 13 consejeros directivos estudiantiles fueron a parar al Frente Nacional-Popular. Del 2019 al 2022, el caudal de votos que respaldaron a esta fuerza aumentó de 25.494 a los 37.281 votos. Pero lo más significativo de esta nueva elección es que La Cámpora pasó a ser el centro y eje de la discusión política, así como de las tensiones intrafrentes, en más de una Facultad. La agrupación que dirige Máximo Kirchner está pasando por uno de sus momentos más relevantes en la política nacional, ahora que la renuncia de Kirchner a la jefatura del bloque de Frente de Todos en el Congreso tras el acuerdo del Gobierno Nacional con el FMI, diese inicio a un periodo de fuertes internas y tensiones intracoalición. Y la política universitaria no ajena a las tensiones y humores de la política nacional.

En facultades como Sociales, La Cámpora demostró ser la agrupación con mayor fuerza y presencia militante dentro de la coalición de la que fueron conductora, tensionando a lo interno con otras agrupaciones frentetodistas. En otras, como Psicología, paradójicamente, La Cámpora no posee la misma posición privilegiada de su par en Sociales respecto al frente que pertenecen, y sin embargo, tendieron a ser el objetivo directo de la campaña negativa de las demás fuerzas de su facultad, que llegaron a presentar directamente a Impulso como si fuese La Cámpora misma, olvidando o invisibilizando a las demás agrupaciones que la integran. Tampoco faltaron las operaciones mediáticas: primero en Derecho, las fuerzas enfrentadas a La Cámpora accedieron a las cámaras de seguridad y enviaron las grabaciones de militantes de la organización rompiendo carteles de otras agrupaciones en un pasillo a los medios de comunicación que inmediatamente salieron a demonizarlos (y si bien no es justificación, la práctica de romper carteles no es un hecho nuevo en ninguna de las Facultades, ni tampoco le ha sido ajena a Franja Morada, partícipe de esta campaña); luego fue en Veterinaria, donde las agrupaciones marginales del macrismo y el radicalismo, habían estado rompiendo también los carteles de La Cámpora, y la reacción de un militante de la organización fue grabada, descontextualizada y luego altamente mediatizada.

No es, entonces, accidente que medios como Infobae busquen retratar esta elección desde la perspectiva de que “la Cámpora perdió poder”, afincándose en el hecho de que, habiendo perdido el Centro de Estudiantes de Agronomía, solo lograría conservar los de Exactas y Filosofía y Letras (cayendo, igualmente, en la práctica de reducir a los frentes que integran, como es el caso de Agronomía y Filosofía y Letras, en La Cámpora). Mientras tanto, otros hablan de la camporización de la oposición al reformismo, una hipótesis que podría sostenerse si evaluamos el nuevo protagonismo, nominal o real, que ha tenido la organización en las luchas políticas y mediáticas en las distintas facultades.

Finalmente, 7 consejeros directivos estudiantiles los obtuvieron las agrupaciones troskas, que, en general, tuvieron un muy mal desempeño. Apenas lograron mantener dos de los centros de estudiantes que habían obtenido en 2019, y en muchas otras facultades de segunda o tercera fuerzas, pasaron a tener resultados realmente marginales. Tampoco fueron capaces de mantener la unidad, y cuando en Filosofía y Letras el Nuevo Más rompe con el Frente de Izquierda, la ruptura se extendió a sus unidades en las demás facultades. 

A la semana de finalizar las elecciones, la ruptura de las dos fuerzas de izquierda derivó en un enfrentamiento físico en la Facultad de Filosofía y Letras luego de que el Nuevo Más rompiese uno de los carteles del FIT en apoyo a la liberación de Jaru (un estudiante de la Facultad de Ciencias Sociales e inmigrante venezolano al que le allanaron la casa y luego lo llevaron preso en el marco de las protestas contra el acuerdo al FMI, acusados por algunos de ser infiltrado de la derecha venezolana, otros de haber sido partícipe del ataque con piedras al despacho de la vicepresidenta). 

La posibilidad de un enfrentamiento físico, igualmente, ya estuvo latente en semanas anteriores cuando en patota aparecieron militantes del PO de Filosofía y Letras en la noche del cierre de listas en Facultad de Sociales buscando a sus homólogos del Nuevo Más, a quienes no encontraron ya que les habían avisado apenas aquellos llegaban y pudieron fugarse de la facultad sin ser vistos. Pero, en resumen, esta fractura difícilmente puede ser pensada una razón del mal desempeño del FIT, cuando estos siguen siendo la principal referencia del troskaje en las facultades y el Nuevo Más es apenas una fuerza marginal en general, y a lo mucho solo aportará a la comprensión de la historia de las muchas internas que el troskaje ha vivido en esta universidad.

A Modo de Conclusión

Esto es, apenas, un tercio de la política que definirá la elección de un nuevo rector o rectora de la UBA. Recién a finales de abril terminaron de elegirse los representantes de graduados y profesores en facultades rezagadas, y ya todas las facultades han electo a sus nuevos decanos y decanas. Así, lo que queda no son los formalismos de ceremonias de asunción, sino la rosca constante de interfuerzas e interfacultades para definir la composición del nuevo rectorado. Si bien nada está nunca cerrado, ya dentro de las Fuerzas Nacional-Populares se rumorea el posible desenlace de la Asamblea Universitaria: a menos que haya un cisne negro, difícilmente ven posible la elección de un nuevo rector que no esté alineado a los morados (y se dice rector, porque difícilmente se espera que el reformismo elija aún a una mujer). Lo que queda abierto, y de allí el peso de la rosca interfacultades, es a qué ámbito podrá pertenecer este nuevo rector, ahora que las relaciones de fuerza entre Facultades también parecen cambiar: ¿seguirá siendo de Económicas, de donde proviene Barbieri? Algo para desarrollar en otra ocasión.

Escrito por

Nacido en Caracas, Venezuela. Estudio Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Interesado en Política Latinoamericana, Poder Judicial y Fuerzas Armadas.

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