Los Caminos Abiertos de la Oposición

Artículo en conjunto con @alvarezmasinicolas 

En la medida en que para el Frente de Todos el camino del resultado de las PASO al de las Generales de este año fue el de una derrota que devino en crisis al de una derrota que terminó en, paradójica, celebración; el camino de Juntos por el Cambio fue directamente inverso, el de una victoria que parecía dejar un derrotero al 2023 definido al de una victoria plagada de pesimismo contradictorio e incertidumbres respecto al futuro. Ambas coaliciones habrían aspirado a mantener la fotografía de una unidad, y si la heterogeneidad del Frente de Todos estalló en grietas en las PASO, ahora es la heterogeneidad de Juntos por el Cambio la que empieza a estallar de cara al ingreso de los nuevos diputados y senadores al Congreso de la Nación.

La correlación de fuerzas dentro de Juntos por el Cambio, que hasta ahora encontraba su equilibrio y estabilidad en el acuerdo de conducción del PRO y acompañamiento de la UCR , dejó de ser ser satisfactoria para todas las partes, y en la medida en que la grieta dentro del PRO recrudece, la UCR encuentra caminos abiertos para aspirar a tener un mayor peso dentro de la coalición. Este artículo intentará así arrojar un poco de claridad sobre la disputa de poder dentro de Juntos por el Cambio, identificar los distintos actores y sus ambiciones, así como elaborar algunos escenarios posibles para la carrera que ya ha comenzado, la carrera en miras al 2023.

El PRO entre Halcones y Palomas

En este otro artículo de Politólogos al Whisky con motivo de la crisis política posterior al resultado de las PASO se hizo un primer abordaje a lo que se consolida como la interna central del PRO: aquella entre “la paloma” Horacio Rodriguez Larreta y “el halcón” Patricia Bullrich. Un enfrentamiento cuya primera arista tiene expresión ideológica.

Por un lado, se dijo que Larreta representaba una línea no solo dialoguista, sino moderada en todos los demás sentidos posibles: su discurso es el del gestor, del que asume la política en su formato más técnico, más gubernativo, reducible incluso, se puede agregar acá, citando a Mouffe (2011), al concepto Pospolítica, es decir, al entendimiento de la instancia pública no más como el lugar del debate y discusión ideológica, sino como un lugar donde el consenso es posible por medio del mero diálogo y los acuerdos racionales, sin cabida para antagonismos irresolubles.

Por el otro, Bullrich representa la línea dura, y en ese sentido, la más ideologizada, que rechaza la posibilidad del diálogo y retorna, en un sentido negativo, a la política como lugar para la confrontación antagónica con el adversario, su adversario, el peronismo-kirchnerismo, siendo hasta capaz de coquetear con la derecha libertaria de Milei, algo de lo que de a momentos rehúye Larreta al saberlo una contradicción respecto a su lógica moderada y desideologizada.

Sin embargo, para ambos, esta diferenciación presenta límites para cada uno, aunque no igual de perjudiciales. Una hipótesis de límite que puede encontrar Bullrich es el cuán capaz será de capitalizar el coqueteo/acercamiento con Milei sin acabar agotándose su propia capacidad de representar el electorado libertario, o sin convertirse ella misma y a su sección del macrismo en libertarios a la mileista o bolsonarista propiamente. En la medida en que Milei se fue acercando a la política, y luego al Congreso, y tener que reconocer que para estar dentro y ser significativo, deberá mantener alianzas con otros bloques más grandes que el suyo, pasó de insultar y amedrentar a Macri y al PRO, a crear cada vez más y nuevas excepciones a su denuncia de la Casta Política, salvando al Ala Dura para ahora solamente rechazar al Ala Dialoguista.

El “peligro” de Milei de aumentar las excepciones, y de moderar su discurso para poder aumentar su efectividad política en el Congreso es el de lentamente desgastar su propia credibilidad. Incluso, si la Casta Política comienza a excluir más miembros de la derecha, ¿cuánto tiempo pasará hasta que la Casta sea solo el peronismo? Y si la Casta fuese solo el peronismo, ¿no peligra Milei de subsumirse al discurso antiperonista-kirchnerista de Bullrich? Sin embargo, lo contrario también es posible, y en vez de Milei moderarse, Bullrich se radicalice en la dirección de aquel. Sin embargo, la grieta ideológica ya abierta y con la dirección ya apuntada por Milei, solo podría resultar en el quiebre definitivo con el dialoguismo, es decir, con el larretismo, y con ello, romper a todo el PRO, algo que sería insólito en la corta vida del partido de la capital.

Ahora, del lado de Larreta, el límite encontrado es que ante un electorado radicalizado hacia la derecha por Milei, la necesidad estratégica de aumentar su electorado debe exigir el reconsiderar lo discursivo-ideológico, expandirse fuera de lo pospolítico, para poder contactar con aquellos a los que la pospolítica de lo puramente gestivo y técnico ya no convence. Esto es, de hecho, parte del argumento de Stefanoni respecto a la aparición de estas nuevas derechas: una reacción a las centro izquierdas y centro derechas de la región que, reproduciendo la pospolítica, no eran capaces de presentar proyectos de futuros esperanzadores, y acabaron alimentando el radicalismo por las inconformidades e insatisfacciones que no supieron atender. Durante las elecciones legislativas de este año, la estrategia larretista, para entonces revertir la tendencia de pérdida de votos hacia la derecha, fue el robarle votos a Milei apelando al voto más duro, o más bien, en términos más politológicos, el voto más estratégico contra el Frente de Todos.

Pero lo ideológico no agota la grieta, y luego del fracaso de Bullrich para imponerse sobre Vidal como candidata en la Ciudad, su estrategia de consolidación política pasó a aparecer completamente inverso a la estrategia de Larreta. El Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, luego de heredar este bastión cambiemita del expresidente Macri, lanzando a Santilli para liderar la lista opositora en Provincia de Buenos Aires, parece estar planteando una estrategia de conquista electoral que reproduce de cierta manera la historia política del macrismo: nacido en Capital, se expande a Provincia, y finalmente, en 2015, con asistencia de la UCR, conquista el interior.

Ahora, el larretismo, viniendo a suceder al macrismo, avanza de su terreno natural a provincia, y no resulta extraño que para el 2023, apuntando a su propia candidatura presidencial, Larreta termine de apuntar al interior, aunque ya capaz no dependiendo de la misma forma de la UCR y pudiendo aprovechar una estructura partidaria un poco más nacionalizada del PRO – que, de hecho, viene potenciada por la propia estrategia de Bullrich.

Y es que la Presidenta del PRO, pese a no ser candidata ella misma, a lo largo de las campañas para las PASO y luego a las Legislativas, se encargó personalmente de recorrer el país, visitar provincia por provincia y hacerse una figura política con mayor afianza en el interior, aprovechando el hecho de no tener ninguna responsabilidad institucional. Si Larreta construye de adentro afuera, el fracaso de Bullrich para poder sembrar su candidatura en el nido de Larreta, la hizo pasar a plantear su estrategia en función de una línea de afuera hacia adentro. Si estos dos derroteros persisten, sólo dos alternativas pueden ocurrir en el caso de que no haya una quiebra definitiva: o bien Larreta impera sobre Bullrich y se apodera de la estructura nacional que está fortaleciendo, o bien Bullrich acorrala a Larreta en Provincia y Capital y pasa a aceptar la candidatura de aquél a cambio de fuertes concesiones políticas, o incluso, acaba apoderándose de su estructura política capitalina y ser ella la candidata en 2023.

Vale aclarar que hasta las PASO, con la victoria de Santilli sobre Manes, se podría esperar que la correlación de fuerzas dentro de la grieta del PRO se mantuviese tendencialmente a favor de Larreta, y que su candidatura para el 2023 fuese prácticamente una apuesta ganada. De hecho, esta fue la lectura hecha por el senador radical Julio Cobos, para quien la victoria de Santilli solo podría significar el liderazgo indiscutible de Larrera. Pero lo que fue una victoria definitiva en las Primarias, en las Legislativas, pese a lograr la imposición de Juntos por el Cambio sobre el Frente de Todos en la Capital y Provincia de Buenos Aires, fue realmente un revés para el Larretismo, y lo que antes se veía como un liderazgo indiscutido, ahora es la oportunidad abierta de cualquier cambiemita por competirle a Larreta su candidatura.

Como bien señala Matías Moreno en este artículo, los resultados de las Legislativas fueron recibidas con bastante pesimismo, mientras que del lado de Bullrich se afirmó que “El velorio es de ellos. Horacio apostó a la ciudad y la provincia de Buenos Aires; nosotros jugamos todo al interior”. Y afirma así el periodista que “las apuestas de Larreta salían airosas del test definitivo pero no terminaban de conformar a los laderos del alcalde” en la medida en que Vidal ni supera el 50% de los votos ni mantiene su victoria de las PASO y que en Provincia, la lista del Frente de Todos, encabezada por Tolosa Paz, cerrara la amplia brecha que la distanciaba de Santilli. Que Santilli viviera este revés representa en sí mismo el revés de Larreta, ahora, con el caso de Vidal, lo que es de alguna forma una victoria y una mejora en el capital político de ella, es un revés y un agotamiento del capital político de Larreta empeñado en ella. 

La consecuencia es que este tropiezo larretista no puede sino dar luz verde a la competencia política de Bullrich por la candidatura, y de los radicales para una configuración de su relación de fuerzas dentro de la coalición. Si bien de la interna radical se hablará en el siguiente apartado, vale acotar que de alguna manera las relaciones del radicalismo con el macrismo reproducen la grieta Halcón-Paloma, o la asemeja: con un Lousteau aliado de Larreta que espera sucederle algún día en el dominio de la capital, y a quien poco le convino la aparición de Vidal como cabeza de lista en la capital, y un Gerardo Morales que rechaza la actitud gerencial de Larreta sobre las relaciones intra coalición, y ha demandado por un mayor retorno a las formas más propias de la política. El camino está abierto para 2023, y el liderazgo de Larreta, en cuestión de dos meses, dejó de ser tan indiscutido. Serán así dos años que prometen volver la turbulencia en las relaciones políticas dentro de Juntos por el Cambio su nueva normalidad.

La UCR entre la Evolución y la Persistencia

Las disputas y tensiones dentro del radicalismo estallaron, un poco sorpresivamente, concluidas las elecciones generales del 14 de noviembre. Para ponerle nombres, la guerra declarada fue entre el sector liderado por Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y Mario Negri y los “rebeldes” comandados por el histórico armador del radicalismo Enrique “Coty” Nosiglia junto a los porteños Martín Lousteau y Emiliano Yacobitti. 

La postura del grupo rebelde, quienes conformaron un nuevo bloque dentro de Juntos por el Cambio con el nombre de “UCR-Evolución” y nombraron como su presidente al diputado por Córdoba Rodrigo De Loredo, tiene cierto sentido. Su reclamo es que es necesaria una “renovación” dentro del radicalismo, dejando lugar en la mesa de líderes a quienes salieron triunfadores de la elección del pasado mes.

Esto se sostiene dado que Negri, actual jefe de la bancada boina blanca en diputados y presidente del interbloque de JxC, perdió las internas de su provincia, en su candidatura a senador nacional contra la lista de Luis Juez y el propio De Loredo, lo cual llevó a que los rebeldes buscaran correr al cordobés de la presidencia del bloque e impulsaran a su verdugo, De Loredo, para sucederlo. Del otro lado, Negri se refugiaba en la elección interna dentro del bloque de la UCR que lo dio vencedor contra su coprovinciano por 33 votos a 12, lo que mantenía institucionalmente como presidente de la bancada. Finalmente, el pasado lunes 5 de diciembre se confirmó la conformación del bloque presidido por De Loredo y el quiebre definitivo de la UCR.

Existen varias aristas que pueden haber desencadenado y varias las que se provoca esta ruptura. Primero, es claro que la UCR cordobesa es el epicentro de la ruptura, pero también alentada por la UCR de Capital Federal, manejada por Nosiglia y Yacobitti. Quienes se enfrentaron por los cargos son dos cordobeses que chocaron en las elecciones pasadas, si bien es cierto que a distintos cargos, pero en listas sábanas opuestas. En este caso, como reclaman los rebeldes, quien perdió quiere dirigir (Negri) y pretende que los vencedores (De Loredo) acompañen. Ahora, dentro de la disputa interna claramente se cuela la batalla sobre quién será el candidato a la gobernación en 2023, una provincia que el radicalismo aspira a todas luces conquistar, en un escenario donde Juan Schiaretti no puede ir por otro mandato.

De Loredo, con su jugada facciosa, se gana el veto para una posible candidatura del propio Negri y de Ramón Mestre, intendente de Córdoba por dos mandatos y jugador clave del radicalismo provincial. Parece ser, a su vez, que Negri buscaba calcular su piso de votos para tantear una posible candidatura, dado que no tenía necesidad de renovar su banca ya que le quedaban dos años más como diputado nacional. Como contrapartida, De Loredo ganó visibilidad en los medios a nivel nacional y ser presidente de bloque le da la posibilidad de tener mayor tiempo para sus alocuciones y un lugar más importante en las sesiones y en la mesa de decisión de JxC.

Por otro lado, desde el sector de Yacobitti y Lousteau parecen haber aprovechado las internas para expandir su proyecto por fuera de la Ciudad de Buenos Aires, además de que el primero, armador general del partido en el distrito, salió de su accionar en las sombras para colocarse en la primera plana de la discusión mediática y política. Esto, más el armado que lograron con Lousteau en la provincia de Buenos Aires de la mano de Guillermo Posse, comienza a darle una territorialidad más federal a su proyecto (sumado a los 12 diputados que conforman UCR-Evolución, que vienen de diferentes provincias, casi todas del centro del país, donde JxC es más fuerte), que aun no queda claro qué es exactamente lo que pretende.

Si Lousteau busca comenzar un armado para su candidatura presidencial, romper el bloque de su partido en la Cámara Baja no parece ser la mejor manera de comenzar, más cuando la correlación de fuerzas interna aún no le favorece. El sector que acompaña a Negri, dirigido por los popes del Comité Nacional del partido, Cornejo y Morales, le encontraron otra explicación: al sector rebelde lo impulsó Horacio Rodriguez Larreta, con claras intenciones presidenciales, para debilitar a su principal oponente dentro de la coalición, justo luego de unas elecciones donde éste había tenido un gran desempeño. No sería la primera vez que Larreta y Lousteau llegan a acuerdos importantes. Recordemos que luego de casi vencerlo en las elecciones de 2015, el senador nacional se alió al jefe de gobierno, alianza que hasta hoy perdura y que se ha hecho cada vez más fuerte. Hace tiempo que el ex ministro de economía quiere el lugar de Larreta.

¿Puede éste último haber entregado la CABA a Lousteau, asegurándose su lugar como su sucesor, para que él pelee la presidencia? Si bien es un planteo lógico, parece muy difícil que el PRO vaya a negociar la Capital Federal, lugar donde nació y donde se basa su armado y su fortaleza, a alguien que no es del riñón del partido. Y si así fuese, el sector de los “halcones” del PRO seguramente le declararía la guerra a Horacio, acusándolo de traidor. Para poner algunos paños fríos a la situación (situación que llegó casi a los golpes de puño entre Lousteau y Morales), el pasado viernes 17 el Comité Nacional de la UCR eligió por unanimidad al gobernador de Jujuy como su presidente, elección donde Lousteau no se presentó a una segura derrota y prefirió negociar la vicepresidencia segunda para él, lo que podría llegar a significar la recomposición de las relaciones.

Un actor que entendemos relevante y que no se ha metido en el barro es el gobernador de Corrientes, Gustavo Valdes. Reelecto con más del 50% de los votos hace un par de meses, parece ser una jugador importante en el radicalismo nacional, que por el momento, tal como hiciera Yacobitti hasta ahora, parece preferir no ensuciarse las manos, más allá de que se mostró en contra de la ruptura del bloque. Asimismo, la fractura llevó a que Lousteau perdiera su lugar como vicepresidente del Senado, lugar que ocupa ahora Carolina Losada, en reprimenda del partido por su accionar. El porteño poco pudo decir, tomando su propia postura de “darle lugar a las nuevas caras que nos trajeron las elecciones”, su reemplazo por la santafesina, gran jugada de los popes de la UCR, fue indiscutible.

En síntesis, es clara y explícita en varias declaraciones de la intención de la UCR comandada por Morales para que el partido presente un candidato competitivo en las elecciones de 2023. Incluso en recientes declaraciones manifestó la viabilidad de ampliar JxC hacia “sectores del peronismo del interior que no se sientan representados por el kirchnerismo”, es decir, algunos gobernadores fuertes, necesarios para una campaña presidencial. El propio nuevo presidente del Comité ya ha manifestado sus intenciones de jugar; se verá cuál es el proyecto de los separatistas, si deciden disputar, tal vez no la presidencia, pero ciertas gobernaciones y municipios importantes, así como lugares importantes en el Congreso Nacional, o si se alían a las palomas del PRO y se encolumnan en el proyecto presidencial de Larreta.

Es necesario asimismo decir que el quiebre fomentado por los rebeldes de la UCR coloca al PRO como el partido más grande de la coalición opositora en diputados, situación que le permite reclamar con argumentos la presidencia del interbloque de JxC, hoy en manos de Negri, para Cristian Ritondo. La otra cara importante de la situación, la siempre impredecible Elisa Carrió, salió a defender a Negri, seguramente por dos razones lógicas: su enfrentamiento casi personal histórico con el ex ministro de seguridad bonaerense y el debilitamiento que le significa a la Coalición Cívica la situación, ya que pasaría de ser el tercer partido en importancia del bloque al cuarto, desplazado por UCR-Evolución.

A modo de Conclusión

El camino a las Presidenciales del 2023 para Juntos por el Cambio promete más conflictos que armonías. La victoria de Juntos por el Cambio, sentida tropiezo para Larreta, solo ha servido para debilitar su liderazgo ya no tan indiscutido y darle un revés a su pretensión de hegemonizar la línea opositora. Este traspiés fue visto por su copartidaria desde el lado de los Halcones como la oportunidad para volver a retarle la candidatura presidencial, y en la medida en que los dos lados de la grieta del PRO avanzan por derroteros diametralmente opuestos, la UCR encontró su oportunidad para aspirar a reposicionarse en la correlación de fuerzas dentro de la coalición.

Dentro de la interna de la UCR, luego de largas y complejas negociaciones, este 17 de de diciembre, Morales fue consagrado presidente de la UCR y Lousteau designado segundo vicepresidente. Si bien este resultado no servirá para dar cierre a la interna radical, es relevante releer el discurso de asunción de Morales, quien señaló que “Hasta acá veníamos en una coalición con un rol casi secundario. En los años que le tocó gobernar a Cambiemos casi que fue un gobierno del PRO” y que, reconociendo que no le corresponde aspirar a adueñarse de la coalición, si aspira “a ser parte de la toma de decisiones y de la construcción del proyecto que espera la República Argentina que lidere Juntos por el Cambio, pero con un radicalismo fuerte, vigoroso y territorial en todo el país». El camino de las oportunidades para la recomposición interna de Juntos por el Cambio fue abierto y los radicales no lo están ignorando.

Los próximos dos años, del lado del gobierno, representarán, por una parte, un alivio en la medida en que supera lentamente la crisis pandémica y se consigue una recuperación acompañado del buen precio de los commodities; sin embargo, la negociación aún abierta con el FMI y el problema de la deuda en general condiciona las perspectivas económicas, y abre la posibilidad para ofensivas opositoras: siendo un ejemplo la desaprobación del presupuesto nacional para el 2022, que incluso fue reconocido y criticado por Coalición Cívica como un esfuerzo irresponsable de desestabilizar al gobierno. Asimismo, las dos sesiones de diputados que cerraron el año, la de Presupuesto y la de Bienes Personales, mostró el equilibrio de fuerzas que existe, y la importancia que han cobrado el bloque de Identidad Bonaerense junto a los partidos provinciales y la izquierda, claves para inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro.

Así, las internas dentro de Juntos por el Cambio no pueden sino prometer reproducirse en cada decisión que el bloque tome respecto al gobierno y la formulación de alianzas contingentes en el Gobierno, y de alguna forma, los resultados de las decisiones no podrán sino retroalimentar las múltiples internas. Será cuestión de tiempo ver en qué devendrá las grietas de la oposición.

Escrito por

Nacido en Caracas, Venezuela. Estudio Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Interesado en Política Latinoamericana, Poder Judicial y Fuerzas Armadas.

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