Interna PRO: entre dos abismos

Hace un año, tras Elecciones Legislativas en este artículo coescrito con Nicolás Álvarez, en la interna del PRO se identificaron a los dos principales contendientes: el pospolítico Horacio Rodríguez Larreta y la política Patricia Bullrich. El primero, a la cabeza de la carrera, pero tropezando con resultados desfavorecedores en la apuesta por la Provincia de Buenos Aires. La segunda, habiendo perdido su contienda con Vidal por ser cabeza de lista en CABA, demostró ser igualmente la única contrincante posible para el Jefe de Gobierno de la Ciudad. Hoy, la balanza parece invertida, con Bullrich a la cabeza de la carrera y Larreta no logrando remontar desde su derrota simbólica en el enfrentamiento entre la Policía de la Ciudad con los militantes peronistas en la intersección de las calles de Juncal y Uruguay el 27 de agosto de este año.

En las próximas líneas habrá un recuento de los signos de este cambio en la interna, así como las inminentes consecuencias que tendrá para un partido camina por una cuerda entre dos abismos. Una opción, la victoria de Bullrich y una ultraderechización del PRO, con el posible peligro de una ruptura por izquierda de la UCR si continúa acercándose a Milei; o una remontada de Larreta, que salve la alianza con los radicales, pero a costa de un sangrado por derecha, si tienen que competir contra un Milei y las porciones de juventud, politizadas por derecha, que este moviliza. Y esto, a sabiendas que, siguiendo a Cruz (2021), con la Argentina teniendo un sistema de partidos bicoalicionista polarizado, la ruptura de cualquier coalición sea Juntos por el Cambio o el Frente de Todos, será penalizada electoralmente si la otra resiste y se mantiene unidas. Como para el peronismo, la realidad para los cambiemitas es también unidad, aunque duela, o la derrota.

            Regresando sobre la caracterización de ambos lados de la interna, a diferencia de Bullrich, Larreta, se ha dicho, mantiene un discurso y liderazgo caracterizable, en los términos de Mouffe (2011), como pospolíticos: Larreta es un gestor, defensor de que los gobiernos deben ser asumidos por tecnócratas y no militantes, por personas objetivas, que sustenten su quehacer en la ciencia y la técnica, creída imparcial, y no por partidistas, premiados por su militancia y sin verdadero conocimiento técnico sobre los cargos asumidos. Es quien cree posible el consenso por medio de la razón, y quien responsabiliza a los males del país en la irracionalidad del conflicto partidista, más aún cuando esos conflictos son las internas a la coalición peronista en el gobierno. Se presenta a sí mismo como el tecnócrata que sabe qué hacer, el que tiene un plan, el plan. En cambio, Bullrich es la confrontativa, la mano dura, la que es abiertamente antikirchnerista y adversa a Cristina directamente, la que alimenta y exacerba la grieta Peronismo-Antiperonismo, buscando la eventual supresión de su adversario.

El discurso pospolítico, interiorizado por el ala del PRO conocido como las Palomas, es complementado por las políticas postmateriales que formó históricamente parte del programa del PRO en la Ciudad de Buenos Aires desde la llegada de Macri a su Jefatura de Gobierno en 2003, en las que Vommaro y Morresi (2014) incluyen las políticas propuestas sobre Seguridad y Ambiente, también se podría incluir también de Género y Diversidades Sexuales. Como estos autores señalan, parte de estas políticas postmateriales, como también el discurso pospolítico, dirá Casullo y Quevedo (2021), parecían tener un objetivo que históricamente fracasa: ganar el voto de los jóvenes. La gran tragedia del PRO es haber querido ser el Partido de las Nuevas Juventudes, y sin embargo, sus principales victorias en la Ciudad acaban siendo históricamente en los territorios más antiperonistas, como Comuna 2 (Vommaro y Morresi, 2014) y el grupo etario del que mayor respaldo electoral reciben es el de los mayores de 65 años (54,5%), mientras que las juventudes respaldando principalmente al Frente de Todos, con un 49,2% contra un 25,3% (Casullo y Quevedo, 2021).

Esto es relevante, porque el principal electorado del PRO resulta mucho más cercano a los discurso antiperonista y manu-dura de Bullrich. Y, sin embargo, Larreta no renuncia a su discurso pospolítico para acceder a aquel electorado que solo los Halcones del PRO puede realmente enamorar. ¿Por qué el empeño de Larreta con este discurso? Entre las posibilidades están el que no renuncie aún a la apuesta por la juventud, o que la tecnocracia pospolítica represente genuinamente su ideología y no busque dejar sus convicciones por conveniencias electorales. La respuesta es indiferente, porque de una u otra forma, su persistencia lo pone ante un mismo reto: que en el marco de una polarización asimétrica, donde el electorado argentino parece efectivamente organizarse en el apoyo-amor hacia Cristina Fernández y el Peronismo (Partidismo Positivo) o el rechazo-odio a la vicepresidenta y su fuerza política (Partidismo Negativo), el electorado actual del PRO parece desinteresarse por los proyectos específicos de Larreta y Bullrich, y más bien buscarían movilizarse por aquel que pegue más duro al Kirchnerismo.

Cuando la mañana del 27 de Agosto, Larreta encontró a las calles de Juncal y Uruguay abiertas, luego de una semana de intensa movilización en favor de la vicepresidenta, a razón del alegato del Fiscal Luciani en la Causa Vialidad, el Jefe de Gobierno tuvo la oportunidad de demostrar que los tecnócratas y gestores también puede tener mano dura. Argumentando una cuidado de los vecinos (identidad pospolítica con la que el PRO identifica a su electorado), Larreta quería recuperar, con el vallado de aquellas calles, el disfrute del espacio público, frente al plan organizado de ocupación de la calle por parte de losmilitantes kirchnerismo. Sin embargo, la estrategia fue un fracaso. Mientras Cristina lograba poner a Larreta en el centro del debate público y los medios de comunicación al responsabilizarlo por el accionar represivo de la policía frente a su casa, la conferencia de prensa dada por el Gobierno de la Ciudad mostró a un Larreta con la semblanza de un derrotado. Se rumoreaba que Bullrich había sido invitada, pero prefirió no asistir.

Al par de noches, la presidenta del PRO emitió sus críticas contra la decisión de Larreta de sacar las vallas y le pidió que tuviese más fortaleza, que le demostrase al kirchnerismo que con ellos “no se jode”.  En última instancia, y como señaló Cristina en una reunión en el Congreso el 30 de agosto, la dinámica de la interna del PRO acaba siendo un juego de ver quien le pega más duro a Cristina. Bullrich pudo reafirmar su imagen de ser la verdadera mano dura contra el Kirchnerismo frente a un Larreta que empieza a perder popularidad dentro del electorado antiperonista.

Las consecuencias de esta derrota se harán así explícitas el 3 de septiembre, en la sesión extraordinaria del Congreso a causa del atentado contra Cristina Fernández dos días atrás Entre el discurso de Larreta condenando el atentado y afirmando “total solidaridad” con Cristina, y el de Bullrich, que diluía su condena ala atentado en un mismo twit donde mostraba también su dureza criticando dichos del presidente Alberto Fernández y la declaración de un Feriado Nacional para el día siguiente, los diputados del PRO se alinearon con la postura de Bullrich,  abandonando el recinto sin coincidir con el documento que el Frente de Todos propuso para repudiar el hecho y reproduciendo las críticas hechas por la Presidenta del PRO a los dichos de Presidente, arriba señalados: un rechazo a la responsabilización que este hacía del atentado a los discursos de odio que fuerzas opositoras y medios de comunicación no explicitados reproducían.

Que los diputados cierren filas alrededor de la línea dura de Bullrich puede también leerse como señal de su fortalecimiento luego del fracaso de Larreta en Juncal. Pero también puede observarse el efecto de aquella derrota en dos hechos posteriores. El primero, la reacción mano-durista del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en cuanto a la toma de varias escuelas por reclamo el reclamo estudiantil contra la decadente situación edilicia y el abandono presupuestario de la educación, contra la mala condición de las viandas recibidas y contra el programa de pasantías laborales impagas. La respuesta de Larreta fue denunciar penalmente a los padres de los alumnos partícipes de las tomas, además de amedrentarlos con el envío de la Policía de la Ciudad a sus casas. Larreta, quien ha tenido un histórico discurso de defensa de la educación (aún cuando para este año, todavía hay 56 mil estudiantes sin vacantes en la Ciudad), y que de hecho, buscando poder rearticular la crítica bullrichista al feriado del 2 de septiembre por el atentado a Cristina bajo un discurso pospolítico, de recuperación a final de año del día perdido por la medida; trató nuevamente de articular pospolítica y mano dura, y del cual Bullrich no dejó de comentar, señalando que la forma en que se resolviera el problema, marcaría la impronta.

El segundo, fueron recientes guiños en el discurso de Larreta a los Libertarios. Ejemplos empiezan a abundar en los últimos meses, desde buscar promover una reforma y flexibilización laboral señalando que no hay que seguir atados políticamente correcto, buscando resignificar dentro de su propio imaginario político la famosa noción empleada por las Nuevas Derechas, o apuntando, o apuntando especialmente contra los planes sociales en los últimos días. Milei es la preocupación por derecha del PRO, en general, y en particular de Larreta, porque mientras en encuestas recientes parece posicionarse por encima el Jefe de Gobierno para las elecciones del 2023, y además de conseguir respaldo en aquel segmento soñado y frustrado de Larreta, las juventudes, las relaciones entre Bullrich y Milei continúan estrechándose, en la medida en que ambos apuntan a electorados antiperonistas, derechizados y mano-duristas y en que ambos por igual encuentran como adversario a Larreta.

Milei tiene para ofrecer a los cambiemitas lo que históricamente les ha faltado: juventudes. Y este electorado no parece estar proviniendo de una pérdida de voto joven de Juntos por el Cambio, que mucho no ha tenido, sino del voto antisistema anteriormente capitalizado por los socialistas, y del voto desencantado del Frente de Todos. El resultado es la oportunidad de reforzar el voto leal de la tercera edad antiperonista junto con el segmento joven. Una alternativa solo posible con una alianza entre Bullrich y Milei, en el que parece virtualmente imposible que entre, contento, también Larreta. Y como Larreta, que increpado continuamente a Milei en los últimos años, quien tampoco estaría contento con una derechización de la coalición es el Radicalismo. Gerardo Morales habría señalado ya en 2021 que el límite de la UCR en la coalición, luego de los acercamientos de Bullrich con Milei post-legislativas, sería la incorporación de Milei. Límite que refuerza con dichos más recientes donde increpa al libertario de vuelta.

De hecho, por motivo de comentarios de Macri, afirmando que Hipólito Yrigoyen habría sido el origen del Populismo en la Argentina, al que habría que combatir, haciendo guiños, como Bullrich, a Milei, el presidente de la UCR le replicó cuestionando que “si tu intención es romper Juntos por el Cambio para acordar con la extrema derecha antidemocrática lo mejor es decirlo”. El cruce entre el radical y Macri exacerbó con los rumores de una nueva candidatura del expresidente, al cual Morales retó a medirse en primarias. La tirria entre Radicales y Macristas ya tiene historia, luego de que de ese pacto que daría origen a Cambiemos, donde la UCR prestaría su maquinaria partidaria para volver al PRO una fuerza nacional, los radicales sufrirían el poco rédito político obtenido de un gobierno de Macri en el que el gabinete parecía monopolizado por el PRO y la compensación al Radicalismo por su crucial aporte en aquella victoria poco contemplado.

Junto al descontento de Morales, dentro del Radicalismo también permanece el continuo desafío de Manes, crítico constante del Macrismo y la deplorable situación de la UCR dentro de la coalición. A ellos se suma también las denuncias de Lilita Carrió contra la corrupción y el espionaje interno de Macri, como también la crítica de Juan Manuel López, diputado y presidente del bloque Coalición Cívica, a Patricia Bullrich por sus dichos sobre el atentado a Cristina. Si bien la interna dentro del Frente de Todos es más fácil de visibilizar en la medida en que repercute directamente en el desempeño gubernamental, la interna de Juntos por el Cambio no ha sido menos intensa. Y mientras Bullrich reconoció recientemente que para una nueva victoria cambiemita, debe sostenerse la unidad mientras se alimenta la división del kirchnerismo, Cristina y el Peronismo ha sabido también emplear la misma estrategia, y con gestos simbólicos relevantes.

En primer lugar, como relata Schargrodsky, la reciente propuesta del Ministro “Wado” de Pedro para eliminar las elecciones intermedias, parecía en realidad expresar el deseo latente de un acuerdo con el Radicalismo, necesario para la reforma constitucional que tal medida requeriría para implementarse. El periodista señalaría que off the record, para el kirchnerismo, “si Larreta se hace radical”, con él también se pactaría, al tiempo en que públicamente Morales celebraría la propuesta y Wado respondería afirmando la necesidad de ampliar la coalición. En pocas palabras, si el PRO decide correr a la derecha a Juntos por el Cambio, una salida por izquierda de la UCR, y quién sabe si también Larreta, podría ser recibido por el kirchnerismo como una reedición argentina del Lula-Alckmin. No es menor que el deseo de ampliar la coalición de Wado, como señala Schargrodsky, se haya expresado desde Brasil en la visita del ministro al victorioso Lula.

Pero a esto se suma otro hecho concreto, un encuentro entre la Juventud Peronista y la Radical de CABA el 13 de noviembre, en el que se discutió la necesidad de reconstruir conjuntamente la democracia, que contó con la participación de la legisladora porteña Lucía Cámpora, los presuntos vistos buenos al encuentro de los senadores Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau, además que el documento resultante del encuentro sería divulgado por “El Cuervo” Larroque. Para cerrar los acercamientos, en el discurso de Cristina Fernández por el Día de la Militancia tampoco faltaron los guiños al Radicalismo, desde el elogio y reivindicación a Hipólito Yrigoyen, una relectura, crítica, pero tampoco condenatoria del gobierno de Alfonsín, y un llamamiento a poder reconstruir la democracia con un nuevo pacto y una revalorización del verdadero debate político. Los tres hechos parecen compartir ejes muy similares.

El 8 de noviembre, en un desayuno en el Hotel NH Buenos Aires City entre Macri, Bullrich, Larreta y María Eugenia Vidal, el expresidente descartó su candidatura y buscó ordenar la interna del PRO, avalando la competencia entre estos últimos tres para la candidatura presidencial en 2023. El 24 de Noviembre, Bullrich lanzó la precandidatura de Joaquín de la Torre para gobernador de la Provincia de Buenos Aires con carteles anunciando Bullrich Presidente y el nuevo lema de campaña Hay que poner orden. Ese mismo día señaló que en su equipo económico traerá de vuelta a Carlos Melconián, junto a Luciano Laspina y afirmó que “de ninguna manera me pelearía ni diría que Milei es mi límite”, para luego afirmar que lo podría contemplar como parte de su potencial gabinete. Milei contestó públicamente que aceptaría el rol de un ministerio bajo la presidencia de ella. En simultáneo, Larreta anunció por igual la precandidatura de su actual Ministro de Salud, Fernando Quirós, como Jefe de Gobierno de la Ciudad en 2023. En este artículo ya citado de hace un año, se contemplaba las posibilidades para un acuerdo entre Larreta y los radicales englobados en Evolución, donde potencialmente Martín Lousteau pudiese convertirse en el sucesor de la Jefatura. Ahora Larreta dirá que su “predilección está en los candidatos del PRO”.

Ninguna coalición llegará intacta al año que viene. Tanto el gobierno como su oposición saben los precios de la ruptura, pero también los costos de la unidad. Por lo pronto, mientras la unidad del peronismo parecerá estar atada al desempeño del superministro Massa y la posibilidad de recuperar sectores desencantados, el PRO deberá determinar qué camino querrá tomar, seguir el camino de Bullrich y derechizar a la coalición, a costa de perder a la UCR, y capaz a Larreta, o seguir el camino de Larreta y esperar que en la competencia contra Milei no pierdan más votos por derecha de los que pierda el peronismo por castigo a su actual gestión. Apostando a lo primero hoy parece estar el peronismo, especialmente el kirchnerismo, buscando atrapar a quien caiga por izquierda de Cambiemos. El futuro del Juntos por el Cambio así parece determinado por el resultado de su interna. ¿Caerá el PRO por alguno de los dos abismos o descubrirá una tercera alternativa? Solo el 2023 podrá dar la respuesta.

Bibliografía

Casullo, M. E. y Ramírez, I. (2021). Anatomía de la Polarización Política Argentina. En L. A. Quevedo, & I. Ramírez, Polarizados (págs. 35-68). Buenos Aires: Capital Intelectual.

Cruz, F. (2021). Cuando la Grieta derrama desde arriba. Bicoalicionismo y Competencia Política Polarizada en Argentina. En L. A. Quevedo, & I. Ramírez, Polarizados (págs. 103-134). Buenos Aires: Capital Intelectual.

Mouffe, C. (2011). En Torno a lo Político. Buenos Aires: Fondo Cultural Económico.

Vommaro, G. y Morresi, S. (2014). “Unidos y diversificados: la construcción del partido PRO en la CABA. Revista SAAP, Vol 8, No 2, 375-417.

Escrito por

Nacido en Caracas, Venezuela. Estudio Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires. Interesado en Política Latinoamericana, Poder Judicial y Fuerzas Armadas.

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