EL ANTI-PLAN SOCIAL

Pocos temas quedan tan gastados en los discursos de campaña como la crítica a los “planes sociales”. Como suele pasar, se dice mucho pero se sabe poco. En su mayoría, quienes embisten contra la existencia de programas de asistencia social desconocen su heterogeneidad y su efecto en la contención de la pobreza.

Mientras el discurso liberal gana legitimidad en las redes y los medios, el espiral del silencio que pesaba sobre las voces que se oponen a la asistencia social se desvanece. Esto empuja a muchos con pretensiones de representación a sumarse a la crítica ciega a los programas de asistencia social, desconociendo su efecto y el complejo entramado de iniciativas que lo componen. Sin embargo, existe una posición previa al extremismo liberal de eliminar los planes que se focaliza en evaluar su impacto en la evolución del ingreso y la contención social. Este enfoque prioriza entender de que manera impactan las transferencias monetarias en la estabilidad financiera de las familias asistidas.

Las dimensiones para investigar a la asistencia social estatal en Argentina son varias. Por un lado, es útil entender cuanto representan los planes en el presupuesto de la administración nacional, aunque en este contexto social otra dimensión gana relevancia. Este otro aspecto es el efecto de los programas de asistencia en la reducción de la pobreza.

En el informe Pobreza y Asistencia Social que escribimos con el equipo del Instituto IDEAS se estudió la relación entre el aumento de la pobreza y los programas de asistencia social. La idea inicial es entender la flexibilidad de la política social a los aumentos de la pobreza, aunque para ello se estudiaron la influencia de variables esenciales para comprender la crisis social argentina.

En los últimos 10 años en Argentina la pobreza aumentó un 9,4%, lo que representan más de 4,2 millones de personas. Aunque el sur del país históricamente presenta índices de vulnerabilidad menores, en el último año la brecha entre el norte y el sur se achicó producto de un aumento mayor en términos relativos de la pobreza en la Patagonia. Otro dato que se desprende del análisis territorial desagregado es el deterioro exponencial de la situación en el Gran Buenos Aires, donde hoy se sufre el peor escenario social del país.

En este contexto crítico no han faltado las políticas sociales que traten de reducir el impacto social de el estancamiento-recesión que sufre la economía argentina. Como se mencionará, el único objetivo que ha logrado la política asistencial del Estado Nacional es abarcar a cada vez más población con mayores prestaciones, sin embargo, esto no ha impactado en una merma en la vulnerabilidad social, todo lo contrario. Por su parte, la política laboral ha fracasado rotundamente en el cumplimiento de dos metas esenciales para el desarrollo económico: la generación de empleo formal y el aumento del salario real. En otro informe de IDEAS se abordó la cuestión laboral en profundidad, pero en esta oportunidad se analizó la dimensión de los ingresos y su relación con la inflación.

En nuestro país la pobreza es medida de manera unidimensional, es decir, que solo se tiene en cuenta la variable de los ingresos del hogar para determinar la condición social. De esta forma, una persona es pobre cuando los ingresos de su hogar son menores a los ingresos de la canasta básica (CBT) definida según la cantidad de integrantes de su residencia. Al analizar la evolución del salario real en los últimos años vemos un aumento nominal de los salarios menor que el de la CBT. Esto muestra que la inflación generó una presión a los hogares cuyos ingresos dependen de una actividad laboral, para que caigan bajo la línea de la pobreza (LP).

En el informe se estudia la distribución del ingreso promedio familiar para aportar información sobre la estructura social argentina y el impacto de la asistencia social. El ingreso per cápita familiar promedio que se necesita para superar la línea de la pobreza es de $16.900 al primer trimestre del 2021. Esto, en criollo, quiere decir que en promedio se necesita más de ese monto por persona para no ser pobre en nuestro país. La curva del ingreso promedio muestra una situación social sensible, donde al margen del 42% de individuos pobres, un 13,6% de la población se encuentra a $ 5.000 o menos de caer bajo la LP. Para que se entienda, hoy 2 de cada 5 argentinos son pobres, pero hay un 13,6% de personas que no lo son, aunque frente a una caída de cinco mil pesos (o menos) en sus ingresos caerían en la pobreza.

Estos datos nos muestran una fragilidad social mayor a la que se desprende de la observación exclusiva del índice de la pobreza. También expone el riesgo de que continúe la tendencia a la caída del salario real, que acumula una perdida del 21% en los últimos 4 años.

Si también tenemos en cuenta que entre pensiones no contributivas (PNC), asignaciones universales (AU) y beneficiarios de la Tarjeta Alimentar (TA) el Estado emite más de 7,2 millones de asistencias monetarias, se dimensiona el efecto social que tendría retirarlas. Hoy una familia de cuatro integrantes cuyos ingresos no superan los $73.000 es plausible de recibir dos de los planes más abarcadores, la AUH y la TA, con lo cual tendría asegurado un tercio de los ingresos necesarios para cubrir la CBT. Si tuviésemos en cuenta en este caso de análisis la presencia de un beneficiario de una PNC esta proporción sería significativamente superior.

Como se mencionaba, la política social del Estado argentino en los últimos años ha cumplido un objetivo, el de llegar a cada vez más gente con cada vez más recursos. Esto no es motivo para ninguna celebración, porque esta no debe ser la meta de los programas de asistencia social. Por el contrario, al observar la evolución de la pobreza y la distribución de los ingresos se ve que nos encontramos en una tendencia preocupante.

Que la política social durante diez años no se haya enfocado en el cumplimiento de otras metas hablan de la ausencia de un plan social. Una de las medidas para empezar a cambiar el enfoque podría ser comenzar a medir la pobreza desde más variables, para no perder la complejidad de la situación social y la distribución de la riqueza. El índice actual no aporta la suficiente información sobre la vulnerabilidad social y la diversidad entre la población bajo la línea de pobreza.

Un verdadero plan social tiene que reconocer las variables que busca mejorar y tener la suficiente flexibilidad como para cambiar el rumbo si no se cumplen los resultados esperados. La política laboral debe ser tenida en cuenta a la hora de pensar un programa de ingresos familiares, ya que, a la luz de los datos, no existe otra manera de revertir esta tendencia.

No se es liberal por cuestionar la política social, sino todo lo contrario. Se puede estar muy lejos de la idea de un Estado mínimo, pero creer que se deben repensar los planes sociales con el fin de mejorar los ingresos del 55,6% de los argentinos que están bajo, o cerca, de la línea de pobreza. Un verdadero plan social en Argentina tiene que repensar el rol del asistencialismo, hasta entonces seguiremos teniendo el anti-plan social.

FUENTES

Instituto de Economía Aplicada y Sociedad (2021) Pobreza y Asistencia, IDEAS.

Instituto de Economía Aplicada y Sociedad (2021) El Futuro del Trabajo, IDEAS.

Escrito por

Politólogo de la UBA. Algo entre la ciencia y la política.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .