PASO: Entre mensajes, decepción y falencias

En el día de ayer se llevaron a cabo las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), donde se renuevan, a nivel nacional, 24 senadores (del total de 54) y 127 diputados (de un total de 257). La Cámara de Diputados renueva la mitad de su banca cada dos años, mientras que en la de Senadores se renueva un tercio de las bancas, también cada dos años. Por otro lado, son ocho las provincias en las que se renuevan los senadores: Corrientes, Tucumán, Catamarca, Córdoba, Mendoza, Chubut, La Pampa y Santa Fe, renovándose tres senadores en cada una de las ocho provincias.

Agustina Mahón y Esteban Chiacchio nos dejan su mirada de la jornada electoral y los escenarios que se configuran a partir de los resultados del domingo de votación en Argentina. 

El Mensaje de las PASO por Agustina Mahón 

Hay dos lecturas que se pueden hacer de la jornada de ayer: por un lado, lo propio del asunto legislativo y, por el otro, saber si el presunto rumbo trazado por este gobierno, goza de legitimidad. El acierto de este tiempo: la política sanitaria, la cristalización en derecho del aborto y las leyes de identidad y cupo. Nada menor. Con el diario del lunes se puede ver claramente que el discurso del actual gobierno fue un arma de doble filo, enfocarse en lo que se recibió de la gestión Macri terminó siendo contraproducente al momento de contar votos

El gobierno de Alberto Fernández, asumido el 10 de diciembre de 2019, al poco tiempo tuvo que hacerse cargo de una coyuntura nacional y mundial sin precedentes de la que se tenga memoria. Tomar decisiones al calor de una pandemia mundial que se estaba cobrando muchas vidas y la economía del mundo, necesitaba ser encarada con decisiones que, inevitablemente, traen consigo costos políticos que cualquiera hubiese tenido que pagar. La necesidad de concientizar a la sociedad de quedarse en su casa en el marco del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), fue una medida acatada desde un principio, pero rechazada a los pocos meses, por lo que subieron el número de casos y las muertes por COVID. 

En este contexto, nacional y mundial tan adverso, la economía comenzó a desacelerarse, cerraron comercios, muchas personas no podían dejar de asistir a sus puestos de trabajos, los niños no podían asistir a las escuelas. En fin, muchas consecuencias y esfuerzos que no fueron gratos para nadie, y que encontraron un solo culpable: el gobierno nacional. Lo cierto es que, asumido el desafío con todo lo que eso implica en materia de sistema de salud, economía, sociedad, etc., se tomaron las medidas que se creyeron las más oportunas, pero las menos felices. Las muchas cosas que sí se hicieron, evidentemente, no alcanzaron o no fueron bien explicadas o las dos cosas. El gobierno falló, también, a la hora de mostrar cuál era, exactamente, el camino que proponía para salir de la crisis. Tanto, que una buena parte de la sociedad se volcó a votar a candidatos en las antípodas de lo que el oficialismo sostiene como políticas de Estado. Ese debe ser el punto de partida de cualquier diagnóstico y de cualquier solución.

Todo esto quedó al descubierto en la jornada del día de ayer, una elección adversa para el oficialismo y muchos resultados, por lo menos de cara a lo esperado, muy sorprendentes.

Con respecto al oficialismo, quien perdió en 12 de los 24 distritos, de repetirse en noviembre los resultados de las PASO, el Frente de Todos perdería el quórum propio en el Senado y la primera minoría en Diputados. No es la primera vez que un oficialismo quedaría en desventaja en el Congreso. Lo que obligaría a la administración Fernandez a tejer acuerdos más sólidos y estables con la oposición. 

En números, el Frente de Todos en el Congreso con 116 integrantes, cuatro menos que los actuales, mientras que Juntos por el Cambio crecería de 115 a 117. En un recinto polarizado, ninguna de las dos alianzas tendrá número propio. Será tarea para Cristina Kirchner y Sergio Massa construir, a través de la política, las mayorías que no conseguirían en las urnas. En lo que va del mandato de Fernández, “el oficialismo” se valió por sí solo para aprobar los proyectos de ley en el Senado, mientras que en Diputados tuvo que recurrir a votos de la oposición “anti-grieta”.

Las PASO mostraron también el avance de las opciones de derecha y la consolidación de la izquierda como tercera fuerza a nivel nacional. 

Juntos por el Cambio se impuso con amplitud en las cuatro provincias con más votantes y bancas: Buenos Aires, Ciudad Autónoma, Córdoba y Santa Fe. Dentro de sus internas se consolidó el Jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta. Había desplazado al expresidente Mauricio Macri del armado de listas. Consiguió que sus candidatos, María Eugenia Vidal y Diego Santilli enfrentarán a sus rivales internos en CABA y en Buenos Aires. Santilli ganó su interna con Manes en la Provincia de Buenos Aires, y se consolida como el primer candidato en ganar en la instancia de noviembre frente a Victoria Tolosa Paz.

El Frente de Izquierda de los Trabajadores, en contrapartida de la creencia popular y los medios comunicación, cosechó buen caudal de votos, principalmente en CABA y Buenos Aires y consiguió resultados impactantes en Jujuy. En este sentido, se convierte en la tercera fuerza nacional, a marcada distancia de las dominantes, pero parece haberse hecho un lugar en medio de la polarización.

Milei alcanzó más de lo que seguramente esperaba. El discurso efervescente del partido Liberal Libertario logró captar, como estaba previsto, la atención de buena parte del electorado. Lo que hace pensar en la importancia de analizar el avance de las derechas más radicalizadas en un contexto mundial adverso económicamente.

El oficialismo y la coalición opositora eligieron tácticas idénticas: polarizar. En este sentido solo hay un resultado posible: alguno va a perder. En esta instancia de internas, se equivocó el gobierno que se enfocó en Macri, quienes se fortificaron en el lapso de solo dos años.

Alberto Fernández dio la cara cerca de la medianoche y aceptó la derrota. Sostuvo que estos resultados adversos revelan errores y cosas a corregir. La pandemia claramente impactó en el resultado electoral en todos los oficialismos del mundo. Muchas actividades todavía no se recuperaron de la crisis económica provocada por la realidad mundial. El Gobierno deberá enfocarse en los problemas aún pendientes, con énfasis en los ingresos, la creación de empleos e impulso al consumo. Entre los avances se encuentra un comercio exterior superavitario, un temporal equilibrio fiscal, calma cambiaria con dólar competitivo y un fuerte crecimiento de la industria manufacturera. Entre lo que queda pendiente se encuentran la pérdida de poder adquisitivo de los salarios, una inflación elevada, una negociación inconclusa por la deuda heredada con el Fondo Monetario que condiciona la política económica interna y la creación de puestos de trabajo formal. En resumen, la interrogante es cómo hacer llegar al bolsillo de los hogares las incipientes mejoras que refleja la macroeconomía.

Las elecciones, como regla general, las ganan o las pierden los gobiernos. Los oficialismos cuentan con las realizaciones como recursos para legitimarse o como llamado de atención ante el peligro inminente que significa volver a viejas políticas que tanto dañaron, no solo la economía, sino el desmoronamiento del tejido social en muchas épocas de nuestra historia.

El veredicto popular, en esta instancia, puso en entredicho el mito de que la unidad del peronismo es garantía de éxito electoral. El Frente de Todos cosechó en la provincia de Buenos Aires menos puntos que Unidad Ciudadana en 2017, cuando el Frente Renovador y el Movimiento Evita militaban en otras listas. De poco sirve tener a todos alineados si no se cumple el contrato electoral. El resultado de ayer, otra vez, dejó en evidencia que el votante argentino es crítico, exigente y adapta su decisión a las necesidades y circunstancias.

Decepción, falencias y frustración por Esteban Chiacchio 

Un domingo desierto en victorias y plagado de cuestionamientos y dolores de cabeza que deja una contundente derrota electoral. Peor aún: todas las sensaciones se dan de forma compactada y estresante, debido al insospechado giro que dieron los resultados de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias especialmente en la Provincia de Buenos Aires.

En el escenario en dónde Alberto Fernández aceptó la derrota y dibujó en el aire de su discurso los pasos a seguir, se encontraba uno de los componentes esenciales para que el Frente de Todos triunfara en 2019: la unidad. Kirchnerismo, con sus alas más hacia la izquierda incorporadas, el Frente Renovador, con Sergio Massa a la cabeza, e incluso diferentes componentes de lo que fue la aventura de Florencio Randazzo cuatro años atrás -incluyendo al propio presidente- llegaron cohesionados a la cita del último domingo. No hace falta aguardar a noviembre para concluir que, para mal del FDT, con la unidad no alcanza: no logró asegurar el triunfo en la madre de todas las batallas. Y el hecho se agrava si tenemos en cuenta que CFK y Massa compitieron en 2017 en territorio bonaerense, y el propio Fernández caminó la Provincia en la recta final de la campaña.

El principal atractivo del Frente de Todos era proponer una oferta superadora a la que Cambiemos había sabido construir entre 2015 y 2019. La pulverización del salario, el malestar social por el aumento de precios y la imprevisibilidad socioeconómica había dinamitado la confianza hacía la administración encabezada por Mauricio Macri y eso promovió mayor confianza hacia la oferta electoral que tenía a la fórmula Fernández-Fernández a la cabeza. El atractivo era la propuesta, la unidad era una causa necesaria, o una articulación: un conjunto de intereses encontrados para limar asperezas y centrarse para derrotar al mal mayor. Pero esa unidad, si bien aceita la gobernabilidad y la imagen del gobierno, lejos está de ser un seguro electoral. Más bien todo lo contrario, es apenas una base necesaria para el desarrollo de políticas públicas. Las cuales, por su ineficacia o ausencia, han padecido un fuerte desapruebo en los últimos comicios.

El Frente de Todos no tiene fuerzas para salir a incorporar. Es muy pequeño el porcentaje de electorado que se inclinó por Florencio Randazzo, y más aún por Guillermo Moreno, como para hablar de una reversión de la unidad. La introspección pasa a segundo plano si en los exteriores de la coalición, en el país a administrar, el salario mínimo se encuentra por debajo de los 30.000$, la estabilidad en algunos precios es altamente insuficiente y la precarización laboral ha sido aprendida como parte de la sociedad y materia a tolerar sin ningún tipo de resistencia para aquel que quiere ingresar en el campo laboral.

Si el Frente de Todos aspiraba por ejemplo a que el apoyo de Horacio Rodríguez Larreta, hoy la figura más poderosa de Juntos, a la eliminación de la indemnización por despido, fomentará el espanto suficiente del electorado para rechazar un hipotético regreso de Cambiemos como primera fuerza, la contracara que ofreció a ello la gestión del presidente se ha mostrado como insuficiente: no ha brindado una calidad de vida lo suficientemente estable y de buen arraigo en el electorado como para el contraste con la oposición fuera lo suficientemente fuerte.

Es imposible no pensar en la pandemia que hubo de por medio y la débil situación económica que heredó el Frente de Todos. Sin embargo, cuando juzgamos con estos parámetros no hacemos más que replicar la vara que el propio oficialismo se puso para poner a la Argentina de pié. Y parafraseando otra frase habitué del gobierno, para vivir la vida que queremos es necesaria al menos una base de políticas públicas destinadas a la propia dignidad del día a día que hoy se convirtieron en esa zanahoria por delante que nunca alcanzamos. 

Escrito por

Estudiante avanzada de la Licenciatura en Ciencia Politica de la Universidad de Buenos Aires.

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