Hacerle el juego a la derecha: tres ideas centrales

Los últimos sucesos acaecidos en Afganistán despertaron un sorpresivo interés por el porvenir de las mujeres afganas. Las limitaciones establecidas en el período de gobierno talibán entre 1996 y 2001, entre las que se destacan la prohibición al trabajo, al estudio, a la circulación pública autónoma, etc. fueron desempolvadas como uno de los argumentos principales para caracterizar al posible gobierno talibán. Sin embargo, esta manera de comprender el destino de las mujeres debería ser cuestionada en términos antropológicos para complejizar la lectura del panorama social próximo. El último artículo publicado por Carolina Bracco es un buen acercamiento a esta perspectiva.

¿Y por qué es importante pensar los temas relacionados al género y a la sexualidad de manera interseccional? Porque pensar la defensa de la mujer occidental, blanca y cristiana se está constituyendo en una estrategia de pinkwashing para los grupos de derecha radical. Sí, se habla de no hacerle el juego a la derecha, como los conservadores suelen ironizar para deslegitimar el discurso progresista. Y no, no se trata de apoyar grupos talibanes. Y no, no sería el nuestro el primer ejemplo. En el año 2010, la filósofa queer Judith Butler se negó a recibir el premio al coraje cívico que los organizadores de la Marcha del Orgullo Gay de Berlín pretendían otorgarle dado que proclamó que la lucha contra la homofobia había degenerado en una acción xenófoba e incluso racista (Stefanoni, 2021). Pero para comprender esta postura en profundidad, se presentan a continuación tres conceptos claves.

En primer lugar, pinkwashing se refiere a la utilización de causas, generalmente catalogadas como progresistas, para “lavar la cara” de personas y organizaciones cuyas metas no se relacionan específicamente con horizontes emancipatorios para minorías sexuales o de género, sino que utilizan dicha retórica para posicionarse en el mercado, símbolo de lo que los grupos de derecha radical llaman “corrección política” (ídem, 2021).

Segundo, es importante reconocer que los grupos de derecha radical  ocupan un lugar particular dentro de la conceptualización más amplia de la ultraderecha. La derecha radical es aquella que se vale de los mecanismos democráticos para, desde dentro de la democracia, corroerla y limitar las libertades que la misma garantiza. Pero para esto, precisa ganar elecciones, articular reclamos y establecer imaginarios sociales. Esto es central porque se ha acusado al progresismo de no comprender que los grupos fundamentalistas son de derecha radical, constituyendo un error teórico que desconoce los métodos por los cuales unos y otros acceden y se mantienen en el poder.

Tercero, existe un tronco común argumental dentro de los grupos de derecha radical para “defender a las mujeres”, así como para “defender a los homosexuales”: la idea del “gran reemplazo”. Popularizada por Brenton Tarrant, la misma persona que en marzo de 2019 asesinó a medio centenar de personas en dos mezquitas de Christchurch en Nueva Zelanda, la idea del gran reemplazo supone que existe una invasión en Occidente de grupos poblacionales no blancos, en una especie de colonización inversa. Como bien señala Stefanoni (2021), el gran reemplazo recoge una serie de malestares, en un momento en que Europa vive su propia crisis de identidad y les permite a los grupos radicales profundizar una paranoia civilizacional.

En términos de género, estas ideas se materializan en los conceptos de feminacionalismo y homonacionalismo, es decir el temor que expresan estos colectivos frente a la pérdida de derechos que corren por la “invasión” de los musulmanes y del “islam global” (Mudde, 2021). Asimismo, tanto el feminacionalismo como el homonacionalismo, coadyuvan a uno de los pilares centrales de la derecha radical como es la presencia de una ideología (el nativismo) que considera que los Estados deberían estar habitados exclusivamente por miembros del grupo nativo, la nación, y que los elementos no nativos o extranjeros, ya sean personas o ideas, constituyen una amenaza fundamental para el Estado nación homogéneo.

A continuación se facilitan algunos ejemplos ilustrativos de las ideas presentadas: “Soy una mujer homosexual y valoro mucho mi libertad, y creedme, el islam viene a por mí”, sostuvo en su cuenta de Twitter Anne Marie Waters, referente del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP, por sus siglas en inglés) o “¡La inmigración no regulada está arruinando el futuro de nuestros hijos! Las escuelas son las primeras en sentirlo. La limitación de la inmigración es, por lo tanto, un mandamiento de la razón y la humanidad” afirmó también en su cuenta de Twitter Alice Weidel, lideresa de Alternativa para Alemania (AfD), en pareja con una mujer esrilanqués y madre de dos hijos.

Las plataformas políticas de los partidos de derecha radical socavan los derechos de las mujeres al considerarlos un atentado hacia los esquemas de familia tradicional. Las mujeres están infrarrepresentadas en lo que respecta a sus votantes y a su presencia en las manifestaciones públicas. Cuando participan activamente en política, argumentan que lo hacen casi por casualidad y el impacto que estos partidos ejercen cuando están en el poder no se limita a la acción parlamentaria, sino que legitima en términos sociales una violencia con un fuerte componente de género (Mudde, 2021).Por su parte, los últimos sucesos en Hungría de la mano de Viktor Orban, dan cuenta de las consecuencias que puede tener para el movimiento LGTBI la presencia de la derecha radical en el poder.

En este panorama, desandar los caminos de la islamofobia y comprender las cuestiones de género desde la interseccionalidad (ser mujer y negra, ser lesbiana y musulmana, ser travesti y pobre, etc.) son un antídoto para la instrumentalización de las causas feministas y LGTBI contra otras minorías. Además identificar estrategias de pinkwashing, diferenciar los grupos de derecha extrema, derecha radical y ultraderecha y evitar discursos del gran reemplazo, son herramientas esenciales para re-encauzar la causa de género dentro del progresismo. La emancipación no puede ser a costa de nadie.

Referencias bibliográficas

Mudde, C. (2021). La ultraderecha hoy. Editorial Planeta, S.A. ISBN 978-84-493-3783-3.

Stefanoni, P. (2021). ¿La rebeldía se volvió de derecha? Cómo el antiprogresismo y la anticorrección política están construyendo un nuevo sentido común (y por qué la izquierda debería tomarlos en serio). Siglo XXI editores. 1ra edición, 2da reimpresión. ISBN 978-987-801-052-6

Escrito por

Licenciada en Relaciones Internacionales (UNR) Periodista internacional para El País Digital y Conclusión. Conductora del programa Café Internacional. Docente y apasionada por la cultura

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