Religión y Estado ¿asunto separado?: el ejemplo actual de Arabia Saudita

El rol que cumple la religión en la constitución de un Estado ha ido evolucionando con el paso del tiempo, aunque puede decirse que su alcance y el papel que desempeña no ha dejado de ser fundamental en diversas regiones. En cierta medida, la religión provee de valor estratégico a diversos espacios y territorios, generando una vinculación entre la geografía y la categorización de una zona considerada como “tierra santa” o “sitio santo” (Mesa Castaño, 2020), siempre y cuando exista un fundamento o discurso religioso que lo fundamente. Es así como cientos de lugares alrededor del mundo han ido tomando importancia tanto por su historia como por su representación espiritual.

Siguiendo a Stump (2008), un lugar es considerado como santo en tanto “sitio de eventos sagrados del pasado o para el cumplimiento de una profecía”, que además tiene un rol definitorio de los fieles en la identidad y el ethos religioso. Partiendo de lo mencionado anteriormente, la geografía y la historia de una región son relevantes en la constitución de un Estado, pero muchas son las veces en las que la religión funciona como complemento estratégico, otorgándole un nuevo carácter a ese territorio.

Autores como Sturm (2013) utilizan diversos marcos analíticos para interpretar a la influencia de la religión en la construcción política y geográfica de un Estado. Uno de estos marcos de investigación consiste en catalogar a la religión como un elemento integral en la construcción de visiones geopolíticas, es decir, no como algo fuera de esta esfera sino como un factor que se entrelaza en el fenómeno y ayuda a explicarlo. No es exactamente el único componente en esta lógica ya que factores el idioma, la raza, la economía, la etnia, entre otros, funcionan también como parte esencial en la conformación de este sentido de pertenencia. Retomando a la religión como un elemento integral en la constitución de un Estado, debe destacarse que esta idea de utilizar concepciones religiosas con fines políticos no es algo nuevo, pero sigue siendo un elemento central en algunos de los Estados modernos que hoy conocemos, tal y como lo es Arabia Saudita.

La importancia espiritual e histórica que presenta un “territorio sagrado” se vuelve parte de sus habitantes y construye de cierta forma un sentimiento de identidad y pertenencia para toda la comunidad. Arabia Saudita es un caso ejemplar, ya que su construcción bajo los ideales promovidos por Muhammad Ibn Saud permite explicar la importancia estratégica y simbólica del territorio como del país en su totalidad (Mesa Castaño, 2020). El papel unificador del Islam en el Estado toma aún mayor sentido con la adopción del wahabismo como rector en las comunidades.

El wahabismo es, resumidamente, una forma estricta y conservadora del Islam considerado hoy como “el padre ideológico” del Estado Islámico, y la religión oficial de Arabia Saudita. Muchos expertos en teología recomiendan remontarse al salafismo yihadista para comprender aún más al wahabismo: como una corriente teológica muy antigua en el Islam, Muhammad Ibn Abd al Wahhab fue su máximo predicador hacia 1700, quien creía que los musulmanes se habían “desviado” del verdadero mensaje del Islam. Pese a que sus ideales no fueron bien recibidos en la región, logró encontrarse con Muhammad Ibn Saud (quien reinaba un territorio vecino) y entre ambos conformaron una alianza en 1774 que sentaría las bases para formar lo que sería Arabia Saudita, estableciendo una unión entre el territorio y el wahabismo. Muhammad fue considerado el fundador del más tarde conocido como el Primer Estado Saudí.

La suma de estos factores demuestra las razones de por qué la fundación y conformación del Estado de Arabia Saudita no puede entenderse sin el rol cohesivo del Islam, aplicado por la dinastía saudí en toda la población (Mesa Castaño, 2020). La consolidación del Estado saudí inicia en 1902, finalizando en 1932 con el impulso de Abdulaziz Bin Saúd o Ibn Saúd, el primer rey del territorio. El mismo unificó a la comunidad y al brazo militar bajo los ideales e imaginarios del wahabismo, moldeando la identidad de las personas y los valores nacionales. Puede afirmarse, entonces, que no es posible analizar en profundidad el sentimiento de pertenencia nacional y territorial saudí sin pensar en la influencia del wahabismo en su construcción inicial, demostrando que la religión y el territorio son cuestiones ligadas.

Sin embargo, en el último tiempo Arabia Saudita ha llevado a cabo diversas reformas sociales y políticas, contradictorias con esta base fundacional wahabí. A principios de junio, por ejemplo, las autoridades enmendaron una ley para permitir a las mujeres adultas vivir de forma independiente sin tener el permiso obligatorio de una figura masculina; también se declaró que las mujeres ahora pueden registrarse para peregrinar hacia La Meca sin el permiso de un tutor masculino. Además, hace un tiempo se estableció que las mujeres pudieran conducir y viajar solas.

Podría decirse que estas reformas aceleradas a un ritmo sin precedentes surgen en consonancia con el proyecto Vision 2030 que el reino se encuentra llevando a cabo, buscando implementar medidas mucho más modernas y accesibles en materia de comercio, turismo e inversión extranjera. La dependencia de Arabia Saudita de su sector petrolero ha llevado a que el príncipe heredero, Mohammed Bin Salman, aplique estos cambios de forma gradual y progresivamente.

Sin embargo, el consecutivo patrón de cambios que está surgiendo actualmente en Arabia Saudita puede significar un paso más allá: se está dejando de lado el factor religioso fundacional. Puede que las reformas estén socavando el poder clerical de las elites saudíes, disminuyendo el peso significativo que el wahabismo significa en la comunidad. Un ejemplo práctico es el cambio de status de la “policía religiosa”, que solía patrullar las calles en busca de habitantes que no vistieran lo suficientemente modestos, o también se aseguraba de que los restaurantes y locales estuvieran cerrados durante los momentos de oración. Hoy ya no posee el mismo poder que antes se le confería para el cumplimiento de sus tareas, ni siquiera para arrestar a quienes actúan por fuera de la ley.

Pese a la controversia que esta clase de reformas significan para una base religiosa tan estricta como la saudí, este período de cambios solo profundiza una tendencia que ya ocurre (y continuará haciéndolo) dentro de la esfera política: la centralización y profundización del poder dentro de la familia real saudí. Puede que esta serie de cambios estructurales no modifiquen solamente el ámbito social o religioso de Arabia Saudita, sino también las estructuras de poder y organizacionales del Estado. Además, a pesar de todas las reformas, los arrestos, la persecución política y los castigos que la oposición enfrenta, continúan sucediendo. Las reformas tienen un impacto, pero el mismo es limitado y no representa un cambio significativo en la vida saudí.

Es menester destacar que, aunque los cimientos fundacionales del Estado saudí puedan reformarse, no es posible afirmar que la influencia del wahabismo ha llegado a su fin. La religión es y será un factor decisivo en la construcción de la identidad nacional saudí, aunque el énfasis en ella es mucho menor que en tiempos anteriores. No debe ignorarse el rol que la religión cumple tanto en las relaciones internacionales como en la geopolítica, mucho menos en las bases fundacionales de un Estado, ya que la religión y los Estados modernos se constituyen mutuamente (Mesa Castaño, 2020).

En este contexto surge el ejemplo de Arabia Saudita como máximo exponente de que la religión importa e influye en la estructura estatal de un país, tanto geográficamente como cultural e históricamente. El actual régimen está dispuesto a liberalizar ciertos aspectos de la sociedad con el objetivo de obtener mayor apoyo a nivel nacional e internacional. Pero el hecho de que la identidad saudí esté basada prácticamente en una “rama” de la religión tan estricta como el wahabismo, no permite que la aplicación de estas reformas (por más “democráticas” que sean) generen un cambio de 180 grados en la sociedad.

Bibliografía

Mesa Castaño, Santiago. (2020). Proyección territorial y lugares sagrados: el rol legitimador de la religión en Arabia Saudita. Estudios internacionales, 52(196), 91-102. 

Stump, R., (2008). The Geography of Religion: faith, place and space. Rowman & Littlefield Publishers INC 

Sturm, T. (2013). The future of religious geopolitics: towards a research and theory agenda. Area, 45(2), 134–140. 

Escrito por

Analista política. Estudiante avanzada de la Licenciatura en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE)

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