Un país, dos pandemias

Surfers parados en sus tablas mirando al barco de NYPD, la policía de NY. Todos levantando las manos, al grito de NO DISPAREN! Créditos: Leandro Artigala Photography (leandroartigala.com) y Sol Croci (ig: Sol_croci1710).

Al igual que el resto de los países, Estados Unidos está atravesando una de las mayores crisis a nivel mundial que haya sucedido en toda la historia. Los efectos del COVID-19 han marcado un antes y un después en la forma de vida de las personas: los hábitos se han cambiado de forma radical, la actividad económica ha caído en todos los países en los que se ha establecido la cuarentena y, la incertidumbre recorre las calles de las metrópolis mundiales. 

Sin embargo, Estados Unidos se encuentra en medio de, no una, sino dos “pandemias”. Desde las últimas semanas las protestas contra la injusticia racial inundan las ciudades más importantes del país, convirtiendo el escenario actual en un territorio de revolución social motivado por el descontento masivo. El asesinato de George Floyd influenció exponencialmente las protestas provocadas por la agresión injustificada a manos de la policía, que muestran a Estados Unidos en su peor faceta. De acuerdo al último estudio de Mapping Police Violence, a pesar de que solo representan el 13 %  de la población de los EE. UU., los afroamericanos tienen dos veces y media más probabilidades de ser asesinados por la policía que los estadounidenses blancos. La frustración por la falta de justicia frente al abuso de poder y maltrato de las fuerzas policiales hacia las personas afrodescendientes, impulsó a los estadounidenses a dejar el aislamiento social para luchar, al parecer con una “pandemia”  más peligrosa que el mismo Covid-19: el racismo. 

La muerte de Floyd ha provocado furia en Estados Unidos y en el resto del mundo, no solo por la brutalidad y abuso de poder policial, sino también por el racismo sistémico en la sociedad norteamericana. Las revueltas impulsadas por el movimiento de Black Lives Matter, se potencia en el marco de la pandemia mundial por el coronavirus, la cual afecta desproporcionadamente a las minorías étnicas. Han pasado décadas desde las primeras protestas anti racismo y, hasta el día de hoy las personas afrodescendientes siguen obteniendo los peores empleos, viviendo en los barrios más humildes y con un acceso de salud limitado. 

Sin dudas, siempre que Estados Unidos atraviesa una crisis, la población afroamericana es quien más sufre las consecuencias. De acuerdo al reciente sondeo de The Associated Press y el NORC Center for Public Affairs Research, el 27% de la población afroamericana ha sufrido repercusiones económicas a raíz del brote de coronavirus, como pérdida de empleos, licencias no remuneradas, recortes salariales u horarios reducidos; en cambio el porcentaje de los estadounidenses blancos que sufren las mismas consecuencias es del 17%. Sin embargo, el pedido de justicia por los crímenes de discriminación racial se ha promovido por todos los sectores de la población, sobre todo entre la juventud, manifestando el enojo de la sociedad y el indudable uso de su voto en las próximas elecciones de noviembre. 

A pesar de las crecientes protestas en todo el país, el presidente Donald Trump pareciera no creer en la existencia del racismo por parte de las fuerzas policiales. El mandatario se mostró escéptico frente a la agresión por parte de la policía en los últimos días, alegando a las protestas como “actos de terrorismo nacional”, y ha dicho que prepara un despliegue de la fuerza que “dominará las calles” hasta que “la violencia sea sofocada”. Mientras la policía rociaba con gas lacrimógeno a los cientos de manifestantes que se concentraban en el exterior de la Casa Blanca, Trump ha advertido que desplegará al Ejército para terminar con la “rebelión”.

A medida que el país estalla en protestas por la brutalidad policial y el racismo, las encuestas realizadas por NPR en los últimos días indican que dos tercios de los estadounidenses piensan que el presidente Trump ha aumentado las tensiones raciales en los EE. UU., a su vez se refleja que desde el asesinato a George Floyd la imagen de Trump ha decaído en gran medida, al igual que sus posibilidades para una reelección. 

Fuente:  NPR/PBS NewsHour/Marist Poll  1,062 estadounidenses entrevistados entre el 2-3 de junio. El margen de error por muestra es de 3.8%..
Credito: Ruth Talbot/NPR

En conjunto con su posición y falta de empatía ante los sucesos de agresión racial y violencia policial, la imagen de Trump se ve a su vez afectada por la mala administración frente a la pandemia mundial. Las consecuencias de la pandemia y la mala gestión de la crisis sanitaria y económica ubican al actual presidente con una enorme desventaja de camino a las elecciones. 

Desde el comienzo de la pandemia el mandatario optó por desestimar la amenaza y veracidad del virus, manifestando que la situación se encontraba bajo control, sin embargo, esta inacción llevó al crecimiento desorbitado del número de contagios y que el sistema sanitario no se pudiera abastecer de forma tal de afrontar la magnitud de la pandemia, esto sumado a la inaccesibilidad a la salud de gran parte de la población. El estudio hecho por la Commonwealth Fund, reveló que el número de personas sin seguro médico en Estados Unidos ronda los 27 millones (más del 8% de la población), mientras que 44 millones más tienen seguros que apenas cubren los costos de atención sanitaria de complejidad. Con la suba exponencial de contagios y muertes, en las primeras semanas la opinión pública comenzó a demandar mayores medidas de prevención, a lo que Trump respondió con acusaciones a China, manifestando que “la incompetencia del país causó una matanza mundial”. El presidente ha decidido responsabilizar al país asiático por la crisis sanitaria mundial y a la OMS por no alertar prematuramente la situación. Sin embargo, los inculpamientos y los fuertes discursos de tinte proteccionista no han distraído a la población norteamericana de la profunda crisis por la que atraviesa el país en términos sociales, económicos y sanitarios. No sería una sorpresa la intención del gobierno de desviar la atención fuera del país con el fin de cuidar la imagen presidencial, no obstante, el masivo despertar de los ciudadanos y las incansables protestas en busca de paz y justicia indican un quiebre del status quo social estadounidense que se ha perpetuado en todos los sectores de la sociedad, pero por sobre todo en manos de las fuerzas policiales. 

Ahora bien, mientras que el mundo se pregunta cuál será la nueva normalidad post COVID-19, en Estados Unidos la ciudadanía se cuestiona cuando se terminará la lucha contra la injusticia racial. El miedo hacia los agentes policiales se ha convertido en un común denominador entre los afrodescendientes, sustentado por los múltiples incidentes de agresión desmedida por parte de quienes deberían cumplir el rol de protegerlos; de acuerdo a la última encuesta realizada por NPR-Marist, dos tercios de los afroamericanos no creen recibir el mismo trato que los ciudadanos blancos por parte de su policía local. En ningún caso es justo generalizar tal grado de acusación, sin embargo, mientras que un solo oficial siga ejerciendo la violencia de manera injustificada es razón necesaria para continuar la lucha contra la injusticia racial. 

En lo últimos días la sociedad norteamericana se ha unido por una misma lucha creando una marea de concientización por todo el país y el mundo. Las redes sociales se han convertido en un medio para educar a quienes son ajenos a la injusticia y discriminación, invitando a hacer uso de su derecho de protesta pacífica en cada rincón de Estados Unidos. Sin dudas, la insólita situación que ha causado la pandemia del COVID-19 será un hito que marcará la historia contemporánea por siempre, sin embargo, en Estados Unidos y en el resto del mundo, se ha estado coexistiendo desde hace tiempo con una “pandemia” racista que pareciera no tener límite. 

Actualmente Estados Unidos está inmerso en los peores disturbios raciales desde el asesinato de Martin Luther King en 1968. El actual despliegue de fuerza para contener los disturbios ocasionados por las protestas de los últimos días se asemeja a los oscuros eventos de 1992, donde la ciudad de Los Ángeles se convirtió en escenario de violentas manifestaciones que se replicaron en múltiples ciudades de Estados Unidos. En este sentido, los últimos sucesos que atraviesa el país norteamericano lleva a cuestionar la evolución de la sociedad con respecto a la injusticia racial que acecha en el país desde hace décadas. Sin dudas el país atraviesa un quiebre sin precedentes en su historia, la crítica situación económica causada por la pandemia del COVID-19, sumada al hartazgo de los estadounidenses frente a los últimos incidentes de discriminación racial, tiene al resto del mundo expectante de lo que ocurrirá en el país y la pregunta que resuena en las mentes de todos: ¿será este el cambio?

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