La resignificación de las Fuerzas Armadas en tiempos de pandemia

Artículo en conjunto con Alejo Sánchez Piccat

En los últimos días y bajo el contexto del decreto del aislamiento social, preventivo y obligatorio en respuesta al COVID-19, los medios informativos inundaron de artículos, notas y noticias sobre el despliegue de las Fuerzas Armadas argentinas a disposición de la ciudadanía frente a esta crisis, destacando en particular su rol humanitario. Lo cierto es que mucho se habla sobre la “nueva” identidad de las Fuerzas dentro del aparato estatal, sin embargo, es relevante destacar que estos cambios no se han dado en estos sesenta días de confinamiento, sino que son producto de una tendencia que va de la mano de dos grandes corrientes: por un lado, desde el plano doméstico, el problema de la autonomía militar que se presenta con la vuelta de la democracia con Alfonsín y por el otro, desde un abordaje global, la propia evolución de las tareas de las Fuerzas Armadas de los Estados frente a la emergencia del nuevo paradigma post Guerra Fría.

Respondiendo a la primera, la llegada de Alfonsín al poder y el retorno a la democracia supuso un punto de inflexión en torno al rol de las fuerzas militares argentinas. Es indiscutible que el protagonismo de las Fuerzas Armadas fue un elemento que marcó a la historia argentina desde sus inicios, prueba de ello son los seis regímenes militares que llegaron al poder; no obstante, el abordaje de la última dictadura cívico-militar puso en jaque este papel protagónico y desde mediados de la década del ‘80 se introdujo un nuevo período de desmilitarización de la sociedad acompañado desde el movimiento emergente de los Derechos Humanos en Argentina, instancia donde la esfera militar pasó a estar dirigida políticamente por el ámbito civil.

Tomando la segunda corriente, la configuración de un nuevo escenario internacional de posguerra puso en relieve la aparición de nuevos desafíos que sobrepasan el mero conflicto interestatal. Dentro de esta tipología, se destacan instancias de emergencia a nivel doméstico (como sucede en el caso actual de la pandemia) donde todos los actores estatales forman parte y entre ellos, las Fuerzas Armadas que cumplen un rol primordial que abarca desde el simple apoyo logístico hasta la prestación directa de asistencia. Si bien es cierto que la misión principal de las Fuerzas Armadas no es prestar ayuda humanitaria, sí cabe resaltar que los alcances dentro de sus capacidades operativas hacen posible la participación efectiva en este tipo de misiones. Para algunos casos, los militares pueden  ser la  única  organización  capaz  de brindar ayuda de emergencia a una determinada población afectada.

“Estamos en presencia del despliegue operativo más importante de las Fuerzas Armadas desde la recuperación de la Democracia”.

Agustín Rossi, 27 de Abril 2020

Desde que el presidente Alberto Fernández declaró bajo el DNU 297/2020 el aislamiento social, preventivo y obligatorio el 20 de marzo, se ha desplegado un operativo que involucra la participación de todos los sectores del Estado. Para el caso del ministerio de Defensa, se puso a disposición el instrumento militar (material y humano) necesario para poder hacer frente a la Emergencia Sanitaria. En estos términos, las Fuerzas Armadas tienen que satisfacer cuatro actividades: en primer lugar, se destaca la labor en la asistencia al sistema de salud, basándose en el despliegue de hospitales de emergencia y centros de cuarentena, la distribución de medicamentos, la desinfección de lugares de alta concentración de personas y la elaboración de equipos de protección desde el plano industrial-militar; en segundo lugar, se realizaron tareas de distribución de alimentos y agua potable en zonas carenciadas del país; tercero, se dispusieron a las Fuerzas para el abordaje de operativos de patrullajes tanto aéreo, marítimo y terrestre de las fronteras y dentro del territorio nacional; y por último, su rol activo en la repatriación de connacionales varados en el exterior y en vuelos sanitarios para incorporar equipos y medicamentos traídos del exterior y su posterior distribución en el interior del país. 

En Argentina, dentro del marco del operativo sanitario para dar apoyo al sistema de salud, se pusieron a disposición distintos hospitales militares para enfrentar a la pandemia. Entre ellos se destacan Campo de Mayo, el Hospital Militar Central en Buenos Aires, el Hospital Militar de Córdoba y el Hospital Militar Bahía Blanca, entre otros. En este sentido, toda esta red de infraestructura coordinada conforma un importante adicional de camas para garantizar el cupo necesario de tratamiento de infectados. A esto se le suma la red industrial militar que desde el inicio de las actividades para mitigar el COVID-19 se enmarcaron en la producción de insumos médicos y equipos especiales. En los laboratorios de las Fuerzas Armadas, por ejemplo, se produce alcohol en gel y demás insumos médicos y en el área de Sastrería Militar se confeccionan diariamente barbijos, uniformes sanitarios y máscaras protectoras.

Con respecto al rol más visible de aquellos que fueron a zonas vulnerables con personas necesitadas se puede ver como en distintos puntos del país se montaron operativos para la distribución de alimentos y agua potable. Se estima que se desplegaron alrededor de 10.000 efectivos de las tres Fuerzas y que la distribución de alimento ronda entre las 800.000 y las 900.000 raciones de comida. El despliegue de cocinas móviles y personal se centró en las zonas vulnerables del Gran Buenos Aires, sectores como Quilmes, La Matanza, Moreno, entre otros. También hubo operativos de reparto de alimentos en el interior del país en Santa Fe, Córdoba, Misiones, Chaco, Corrientes y en la región de la Patagonia. 

Correspondiente a la movilización de efectivos para el control del orden público y de las fronteras, si bien no es una actividad que se desprenda de la situación originada por la pandemia, el ministro de Defensa Agustín Rossi se dirigió en particular a la dotación del patrullero oceánico “ARA Bouchard” como protagonista, destacando: “(…) Quiero resaltar las actividades de control de nuestro Mar Argentino y el accionar del personal, que tuvieron como resultado la captura de un pesquero chino. Si bien hoy estamos asistiendo las emergencias del COVID-19, seguimos atendiendo otras funciones”. Asimismo, se pusieron a disposición helicópteros Bell 412 EP para recorridas y patrullaje aéreo y el control en las áreas urbanas de las grandes ciudades. 

El despliegue del instrumento militar también estuvo basado en los vuelos humanitarios a distintas partes del continente para la repatriación de connacionales varados en el exterior. Los aviones Hércules C-130 y Fokker F-28 de la Fuerza Aérea Argentina fueron los encargados de repatriar a 1.041 argentinos en catorce vuelos. También se emplearon seis vuelos al interior con la misión de entregar equipamiento e insumos a distintas ciudades del territorio nacional. 

Es en tiempos de crisis cuando se ponen a prueba las capacidades y los alcances del accionar del aparato estatal para mitigar la situación problemática, buscando en paralelo acompañar a la ciudadanía y brindar apoyo en los términos que sean posibles considerando los recursos disponibles. En el caso argentino, el rol activo de las Fuerzas Armadas en este contexto implicó un episodio de legitimidad pública percibida y reconocida por las actividades desarrolladas, poniendo en relieve la diversificación de los recursos y funciones que las mismas han adquirido. En estos términos, este acercamiento entre el ámbito civil y militar puede ser concordante con la reflexión expresada por Alberto Fernández en la despedida del contingente argentino participante en la Misión de Paz de Naciones Unidas en Chipre (UNFICYP):

“(…) Todos los oficiales de nuestras tres fuerzas han salido de la democracia y creo que con esto toda la Argentina debe dar vuelta una página”.

Ahora bien, la resignificación de las Fuerzas Armadas en estos tiempos ha generado una reunión positiva de estas dos esferas pero también ha abierto el debate sobre la necesidad de modernizar o no las Fuerzas. En este contexto pandémico, se ha demostrado que existe un fuerte compromiso por parte del personal militar y la percepción de una industria militar que podría potenciarse. La Defensa en Argentina no ha sido una prioridad desde ya hace varios años (con un porcentaje menor al 1% del PBI nacional destinado a la Defensa desde el año 2004) y la situación económica actual condiciona considerablemente el margen de maniobra, sin embargo, es innegable que se necesita un sistema de Defensa apto para responder a los desafíos que representan las Nuevas Amenazas, las cuales abarcan un espectro muy amplio y evolucionan de manera rápida. Una crisis de magnitud como la que representa la pandemia hoy pone en crudo tanto aciertos como falencias institucionales y permite en gran medida proyectar la aceleración de cambios estructurales. Es momento de repensar y reconceptualizar los roles de varias áreas del Estado y una de ellas es la Defensa. De tal forma, y siguiendo con la conducción política de este área, poder planificar de forma acertada las estrategias necesarias para mitigar las amenazas y los riesgos que representan los desafíos del siglo XXI.

Para ver el mapa interactivo de todas las actividades de las Fuerzas en respuesta al Covid-19 se recomienda visitar: “El Ejército y Covid-19”

2 comentarios sobre “La resignificación de las Fuerzas Armadas en tiempos de pandemia

  1. Agradezco de antemano a aquellos que se han tomado el tiempo para escribir acerca de nuestras queridas Fuerzas Armadas.
    Es apabullante pensar que diez años atrás era imposible semejante despliegue y compromiso personal e institucional para responder a un hecho tan globalizado como lo es la pandemia y sin embargo, sucedió, las inundaciones en La Plata, aludes en el norte y demás sucesos que para la gran mayoría de esta sociedad, pasan desapercibidos frente a noticias con mayor “peso”, pero artículos como este, me alegran el día.
    Apoyo fervientemente la moción de reestructuración de las Fuerzas ya que como bien menciona este artículo, debemos pensar en las amenazas del siglo XXI que, para la mayoría de los habitantes de la Patria “están lejos”, sin pensar que hace 25 años sufrimos golpes bajos en nuestra sociedad. Por eso nuevamente agradezco este análisis y espero que la resignificación de nuestras Fuerzas sea posible ya que de este lado, hay patriotas dispuestos a cumplir la misión.
    Les agradece, un joven oficial del Ejército.

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