El primer genocidio del siglo XX

El 24 de abril de 1915 cientos de intelectuales, religiosos y ciudadanos de la comunidad armenia fueron detenidos en Constantinopla (actual Estambul) por el ejército turco otomano. Lo que comenzó como un sorpresivo detenimiento, se tornó en una de las masacres más atroces de la historia: el genocidio armenio. Un día como hoy, pero hace 105 años el gobierno turco comenzaba con su premeditado plan de exterminio de todo el pueblo armenio, el cual finalizó en 1923 con la disolución del Imperio Otomano. 

En el contexto de la Primera Guerra Mundial y teniendo a esta de tapujo, el gobierno de los Jóvenes Turcos (partido que detentaba el poder en el Imperio Otomano) ponía en marcha un plan que a pesar de configurarse en distintas y progresivas etapas a ejecutar, tenía un fin único, el cual era ponerle un fin a la existencia colectiva del pueblo armenio. Para lograr esto se requería un anteproyecto central y una maquinaria organizada (el Estado) capaz de implementarlo. 

El genocidio armenio comienza con la detención y deportación de intelectuales y profesionales de la comunidad, seguido por la de civiles. Obligados a deportar, gran parte de estos ciudadanos se enfrentaron a mortíferas caminatas por el desierto, destinados a morir de sed y hambre, llamadas en varias ocasiones “Las Marchas de la Muerte”. Luego, comenzaron los secuestros y los falsos enjuiciamientos a los máximos líderes religiosos, políticos, y reconocidos artistas de la cultura armenia. Al cabo de dos meses, son colgados en la Plaza Sultán Bayaceto veinte jefes del Partido Político Armenio Hnchakian. El mismo día, son ahorcados otros doce armenios en diversos sitios de Cilicia y doce más en Cesárea (Kayseri), comenzando así con los asesinatos públicos y sumándose a los clandestinos. 

Desde quemas masivas hasta ahogamientos, pasando por el uso de veneno y sobredosis, cosificación de propiedades, violaciones y hasta decapitaciones. El plan de aniquilación sistemático ejercido por el Imperio Turco Otomano entre 1915 y 1923 se cobró la vida de 1.500.000 armenios, se expropiaron todas las riquezas existentes del pueblo y gran parte de la extensión territorial de armenia pasó a ser soberanía de Turquía.

En cuanto a la implicancia de la comunidad internacional durante y después del genocidio, a grandes rasgos se observa que la misma condenó las atrocidades perpetradas por el gobierno de los Jóvenes Turcos. Sin embargo, el conflictivo contexto internacional producto de la primera guerra mundial funcionó como pantalla para Turquía y la victoria de los aliados no hizo más que motivarlos al silencio debido a sus intereses geopolíticos en la región. Existieron advertencias, durante el genocidio, hacia el gobierno turco por parte de Francia, el Reino Unido, Rusia, entre otros. De hecho, la Triple Entente advirtió al Imperio Otomano que “en vista de estos nuevos crímenes de Turquía contra la humanidad y la civilización, los Gobiernos Aliados anuncian públicamente a la Sublime Puerta que harán personalmente responsables de estos crímenes a todos los miembros del gobierno otomano, así como los de sus agentes que estén implicados en tales masacres” (Shabas, 2000). A su vez, distintos diplomáticos que cumplían su función en Armenia y Turquía mientras sucedía la matanza, difundieron su testimonio de lo que estaba sucediendo y finalizado el genocidio se le brindó asistencia a los armenios esparcidos por el mundo debido a las deportaciones sistemáticas. No obstante, nunca se tomó ninguna medida contra Turquía para la restitución de las pérdidas materiales, territoriales y humanas que sufrió el pueblo armenio. 

Al ser el de los armenios el primer genocidio del siglo XX y debido a que Turquía llevó a cabo una matanza de 1.500.000 personas sin ninguna represalia, el planeamiento del genocidio armenio fue tomado como ejemplo para posteriores matanzas que ocurrirían. La frase de Hitler ordenando el exterminio de los judíos en 1939, “¿Quién hoy se acuerda de los armenios?” es a menudo citada como una prueba de cuán presente tenían los nazis la planificación del exterminio armenio y cuán graves fueron los costos del olvido de este genocidio.

Al día de hoy, dos perspectivas chocan entre sí: la de Armenia que supone memoria y la de Turquía que supone negación. El gobierno turco, desde el cincuentenario del genocidio (1965) en el cual millones de personas de la diáspora armenia se movilizaron para exigir el reconocimiento del mismo, impulsó la internacionalización del negacionismo. Esto consiste en problematizar a través de amenazas o chantajes, cualquier relación bi o multilateral en la que se utilice el término “genocidio” para referirse a los hechos sucedidos entre 1915 y 1923. Esta política de negación persiste hasta el dia de hoy y sin ella hubiera sido imposible crear la historia del Estado turco como actualmente se la conoce. En perspectiva, si pensamos en Alemania en el siglo XX inmediatamente lo relacionamos con el holocausto judío, si se hace lo mismo con Turquía, probablemente lo relacionemos primero a la disolución del Imperio Otomano o a las crecientes relaciones con la Unión Europea y los Estados Unidos. Evitar el término genocidio y lograr que los demás Estados del mundo también lo hagan y se refieran al caso armenio como un “crimen contra la humanidad” o “matanzas”, logra con éxito el olvido del genocidio armenio.

Por otro lado, el pueblo armenio sale a las calles todos los 24 de abril a reclamar el reconocimiento del genocidio armenio por parte del Estado turco y por la compensación por los daños materiales y morales cometidos. Como DerGhougassian (2015) explica:

Toda memoria colectiva de un genocidio se define en términos políticos como la lucha por la verdad y justicia por un lado y de la negación del crimen por el otro. No excluye el poder aunque la política como lucha por el poder, en el genocidio, podría trivializar y a menudo desacreditar el sentido de la verdad, relativizar y generar confusión entre víctimas y victimarios siguiendo la teoría de “los dos demonios”. 

En la actualidad, 28 países del mundo reconocen el caso armenio como un genocidio, incluyendo Alemania, Italia, Francia, Rusia, el Vaticano, Canadá, Suiza, y muchos Estados latinoamericanos también lo han reconocido como es el caso de Uruguay, Venezuela, Bolivia, Chile y Argentina. Particularmente, en Argentina el presidente Raúl Alfonsín en 1987 reconoce a los hechos sucedidos entre 1915 y 1923 como un genocidio y más tarde, Néstor Kirchner en octubre del 2007 proclama la ley 26.199 la cual declara al 24 de abril como el “Día de acción por la tolerancia y el respeto entre los pueblos” en conmemoración y reconocimiento del genocidio armenio.

Si bien el reconocimiento de los Estados se da fundamentalmente por la puja de sus comunidades internas armenias que mantienen viva la memoria y la lucha por la verdad y la justicia, hay algunos casos como es el de los Estados Unidos que, a pesar de tener una gran cantidad de descendientes de armenios que luchan día a día por el reconocimiento, su relación bilateral con Turquía pesa mucho más. El presidente Barack Obama como senador y en campaña calificó al caso armenio como genocidio, sin embargo, en ninguno de sus dos mandatos presidenciales utilizó el término. En diciembre del 2019 el Senado de Estados Unidos votó por unanimidad para reconocer el genocidio armenio. Inmediatamente, el gobierno turco anunció que si se los norteamericanos continuaban por este camino su relación iba a sufrir graves consecuencias. Días después, la administración de Trump negó que los hechos sucedidos fueran un genocidio, rechazando así la decisión tomada por el Senado y el reclamo de sus habitantes descendientes de armenios.

El genocidio armenio generó un quiebre irreparable en las relaciones entre Turquía y Armenia. A pesar de esto, a comienzos del siglo XXI, tanto el gobierno armenio como el gobierno turco, intentaron restablecer sus relaciones diplomáticas. Aunque en principio hubo un atisbo de que iba a ser una etapa conciliadora entre los dos Estados y que se iba a poder lograr un diálogo, todo el esfuerzo se echó a perder debido a que otro factor se interponía en la relación: el conflicto de Nagorno Karabaj (Artsaj). El territorio de Karabaj se encuentra en disputa entre Armenia y Azerbaiyán, el cual es históricamente aliado de Turquía y a veces considerado como “hermano menor” debido a su estrecha relación. Por esto mismo, el gobierno azerí no tardó en mostrar su desagrado ante la posible reparación de las relaciones diplomáticas entre Armenia y Turquía y este último al tener intereses en la región y un historial de prósperas relaciones con Azerbaiyán, tanto económicas como políticas y militares, no dudó en echarse atrás.

Hoy, 24 de abril de 2020, es el 105° aniversario del genocidio armenio. En años previos, las calles del mundo que alojan a millones de hijos y nietos de sobrevivientes de la matanza cometida por el Imperio Turco Otomano, se tiñen de violeta en honor al símbolo elegido para luchar por el reconocimiento del genocidio: la flor No Me Olvides. En el contexto del COVID-19, las movilizaciones no se llevarán a cabo como de costumbre, pero los armenios argentinos y de todo el mundo preparan diversas actividades para seguir fomentando la memoria, para luchar por justicia y para que nunca más sucedan genocidios. El asesinato de una nación sucedió en 1915, un siglo después las heridas siguen abiertas y es menester, hoy más que nunca, el reconocimiento del primer genocidio del siglo XX.

Escrito por

3er año, Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales (UADE).

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