La política es “cosa de hombres”

A simple vista parece una frase machista y errada, pero ¿lo es?  ¿o es esta la realidad de la política internacional? Al analizar esta frase cometemos el error de situarnos en nuestra experiencia nacional, habiendo contado con dos presidentas mujeres (si bien sólo Cristina Kirchner fue electa como tal, María Estela Martínez de Perón asumió el cargo por acefalía) y con un cupo, ahora del 50%, para la elección de mujeres en el Congreso Nacional. 

Sin embargo, esta no es la realidad que se vive en todos los ámbitos de la política, y mucho menos en todo el mundo. Según el reporte de la ONU Mujeres de la situación hasta el 1 de enero de 2019, el promedio mundial de representación política de mujeres es de un 24,3% en ambas cámaras; solo un 6,6% son Jefas de Estado y un 5,2% son Jefas de Gobierno. En el ranking mundial, Argentina ocupa el puesto número 18 en cuanto a mujeres en el parlamento, y el número 64 en relación a mujeres con cargos ministeriales. Teniendo estos datos en cuenta, el siguiente artículo se propone analizar las principales barreras para la representación política de mujeres en el mundo. 

En primer lugar, las mujeres a nivel internacional poseen menos confianza, interés y motivación para perseguir una carrera política. Esto se debe a que perciben a la política como un campo de batalla masculino en el que, para tener éxito, las mujeres deben ser competitivas y agresivas y esas características son naturalmente masculinas. Cuando las mujeres muestran signos de poseer estos valores, cuando compiten por su puesto y debaten sus ideas, su conducta es analizada por los medios y la sociedad como una “pelea de gatas”, de forma que no consideran una discusión o debate, como signo de una democracia en funcionamiento.

Después de ver esta imagen, ¿considerarías a la política como un espacio para mujeres?

En segundo lugar, existe el factor de las responsabilidades familiares. Las mujeres sienten que no cuentan con el tiempo necesario para dedicarse a la política, y eso se debe al peso de la doble jornada laboral al tener que equilibrar su tiempo entre la función pública y el cuidado del hogar y la crianza de los hijos. En consecuencia, las mujeres se sienten culpables porque creen que el tiempo dedicado a sus carreras profesionales es tiempo robado de su familia; y, por tanto, si tienen que elegir elegirían a su familia como prioridad y abandonarían su carrera política. 


Así como muestra el estudio de Igualdad en la Política, esta idea es reforzada por los medios, que reproducen la idea de que para que una mujer sea exitosa en política no debe tener hijos, porque para los medios masivos de comunicación la familia y la política no son compatibles.


En tercer lugar, existe el problema de cómo se trata a las mujeres en cargos públicos, ya sea por sus colegas, los medios de comunicación o la sociedad. Así como lo demuestra el informe de la unión interparlamentaria, otros políticos tratan a las mujeres en funciones públicas con comentarios machistas, las ignoran en debates y les faltan el respeto públicamente. Los medios de comunicación en lugar de analizar la carrera política de las candidatas y funcionarias femeninas, las juzgan por su vestimenta y apariencia y las involucran en “concursos de belleza” entre ellas. 

En Argentina contamos con innumerables ejemplos de tratamiento misógino y machista a mujeres en cargos de poder, los principales dirigidos a Cristina Fernández de Kirchner por la revista Noticias. Se la acusó de erotizarse con las masas y tener orgasmos por poder, se la mostró desnuda y se la mostró amamantando a Alberto Fernández y Sergio Massa. Más allá de cualquier ideología, no se puede no empatizar y reconocer la violencia que caracteriza estas portadas. La revista, lejos de reconocer su error, publicó una nota de opinión de uno de sus columnistas planteando que “para que pueda hablarse de una cuestión de género, la víctima debe estar en inferioridad de condiciones con respecto al victimario”, lo que demuestra una completa ignorancia al respecto. 

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La sociedad, por su parte, se respalda en el anonimato para hacer a mujeres en cargos públicos, amenazas de muerte o de violación que llevan a muchas a abandonar su carrera por el miedo que les genera. Tal es el ejemplo de las denuncias de legisladoras británicas en el mes de noviembre de este año.

En conclusión, la frase “la política es cosa de hombres” no parece una frase tan errada; porque más allá de corregir la exclusión de las mujeres logrando una mayor participación de estas en parlamentos y cargos ministeriales, una genuina transformación de los espacios e instituciones políticas es necesaria. Dichas instituciones fueron creadas y dirigidas por hombres históricamente, y la inclusión de las mujeres a penas ha llegado a los 100 años en algunos países (en Argentina 72 años); por lo tanto, si esta exclusión histórica ha sido la base de su creación, incluir a las mujeres implica tratar de hacerlas encajar en un espacio por naturaleza “antimujer” que necesita cambiar y reconstruirse para brindar igualdad de oportunidades a las mujeres.

Escrito por

Analista política y futura politóloga. Feminismo y relaciones internacionales. Cofundadora de @molunenas

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