Democracias en América del Sur: una cáscara de nuez en el mar

La democracia en Sudamérica se encuentra definitivamente a la deriva, tal como lo expresaron Mainwaring y Pérez Liñán (2015). En el último mes, por lo menos 4 países han demostrado la erupción de una profunda crisis de representatividad y está la posibilidad de que se transforme en una crisis del presidencialismo. 

En el pasado mes, América del Sur ha sido testigo del surgimiento de una profunda crisis política. Comenzó en Perú el 30 de septiembre con la decisión del Presidente Vizcarra de disolver el Congreso Unicameral Peruano. A los pocos días, una oleada de manifestaciones brotó en Ecuador luego de que el presidente Lenin Moreno proclamó el decreto 883, el cual implementaba una serie de medidas establecidas por el Fondo Monetario Internacional. Estos incidentes dejaron 8 muertos y más de 1350 heridos. El domingo pasado, hubo elecciones en Bolivia; tras un conteo poco transparente y denuncias de fraude, Evo Morales ganó virtualmente su tercer reelección sin pasar por segunda vuelta, imponiéndose con el 46.83% de los votos con el 98.4% de las mesas escrutadas. Esto produjo una tercer brote de protestas en la región, debido a que una parte de la ciudadanía no reconoce los resultados de las elecciones debido a la denuncia de fraude. Por último, una cuarta crisis tiene lugar en Chile, que tras la proclamación del aumento del transporte público, erupcionó una protesta social generalizada, donde ya se cuentan 16 muertos (según las fuentes oficiales).

En cambio, la situación en Venezuela se encuentra en un limbo. El régimen híbrido que se configura en este país no se puede llamar democracia, pero tampoco se le puede decir que es un autoritarismo perfecto. Se debe rescatar que las manifestaciones y el ataque a la oposición cesaron, reconociendo – o haciendo parecer que reconocen- la pluralidad política en el país bolivariano. La esperanza del régimen democrático: la Mesa de Diálogo Nacional, la cual está conformada por cuatro partidos de la oposición y el gobierno. 

Todas las manifestaciones que se vienen produciendo en el último mes tienen algo en común: el hartazgo hacia la clase política. 

La crisis institucional que está padeciendo América del Sur tiene un causante que es transversal a todos los países y es el escaso rendimiento de sus gobiernos. Con la complejización de la sociedad a lo largo de la historia, vino la complejización de la demandas. Hoy en día, los gobiernos deben proponer soluciones ante problemas como la inflación, la pobreza estructural, la educación, la salud, el federalismo, desarrollo social, etc. Y el problema de esto es que la complejización no es el único problema, sino que también se incrementó en gran medida el flujo de demandas. En otras palabras, cada vez son más las demandas y cada vez son más difíciles de cumplirlas. 

La consecuencia que esto produce es el descontento generalizado de la población hacia el gobierno. Cuando varios gobiernos consecutivos tienen problemas para atender las demandas de la sociedad, la desilusión de esta última se convierte en un descontento e incredulidad hacia la democracia. Esto se puede ver reflejado en los resultados que recolectó el Latinobarómetro, que en los últimos diez años registró una baja en la satisfacción que el pueblo Latinoamericano tiene con la democracia. 

El caso de Chile es preocupante porque era el único país del Cono Sur que no había tenido una crisis presidencial o representativa desde la vuelta de la democracia, aparentemente “todo estaba bien”. Pero hace una semana está hundida en una profunda crisis de representatividad. 

Chile es el claro ejemplo de las consecuencia que produce la falta de respuestas ante las demandas sociales. Uno podría decir que todo comenzó “por unos 16 centavos de dólar”, pero la verdad es que el hartazgo social que se presenta en este país es producto de un gobierno deficiente, que no brinda los servicios básicos característicos de un Estado moderno. No cuentan con un sistema jubilatorio decente, la educación es una de las peores en América Latina, los ciudadanos gastan un 20% de su sueldo en transporte público y lo más preocupante de todo, los cauces de agua natural, así también como muchos otros recursos naturales, son propiedad de empresas privadas. Chile es una demostración de que no solo importa el desarrollo económico para que un país “esté bien”, sino también un entramado de instituciones y políticas que garanticen el desarrollo y el bienestar social. 

Lo más preocupante de lo que está ocurriendo en Chile, es el uso del monopolio legítimo de la violencia para lidiar con el descontento de la ciudadanía. Si bien el Estado militarizó Santiago en busca de garantizar la paz y la seguridad, el accionar violento de las Fuerzas Armadas, que hasta el momento ya se han cobrado 18 víctimas fatales (y junto con ellas el gobierno que no presentó ninguna reprimenda a los agentes) y el encubrimiento de los medios locales impidieron que cumplieran el objetivo. Todo lo contrario, tiraron nafta al fuego. 

Esta crisis socio-política comenzó siendo una manifestación en contra de la suba de un servicio y se transformó en una crisis de representatividad bajo la bandera “Piñera Renuncia”.

Es claro que América del Sur se encuentra ante una crisis política generalizada, donde las instituciones políticas perdieron la credibilidad erosionando la estabilidad de las mismas y debilitándolas. Lo que hay que definir es si solamente es una crisis de representatividad o si estamos ante un problema mucho más profundo como lo es la crisis del sistema de gobierno que conocemos: el Presidencialismo. 

Ya no basta con que la elite política diga “los he escuchado y entiendo sus dolores  y sus carencias…”, ya no se puede esconder debajo de la alfombra la profunda insatisfacción que tienen los ciudadanos con el régimen democrático, ya no se puede usar la violencia para canalizar las demandas, la clase política debe cambiar su manera de pensar, debe transformar su manera de analizar la realidad, ya que sino estos episodios se harán cada vez más recurrentes. El verdadero desafío de la democracia hoy en día  es encontrar un mecanismo en donde las demandas de la sociedad encuentren una solución y no se produzca el “cuello de botella” de demandas sin resolver que se viene produciendo hace por lo menos 20 años. 

Referencias: 

Mainwaring, S. y Pérez Liñán, A. (2015)  Democracia a la deriva en América Latina, PostDATA , Octubre/2015-Marzo/2016, (No2) pp. 267-294 

Escrito por

Fundadora de Politólogos al Whisky. Argentina, siempre del lado de la justicia social. Analista política. Chaqueña de nacimiento.

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