México: donde ser mujer es deporte extremo

El viernes 16 de agosto, diversos colectivos feministas de la república mexicana convocaron a una manifestación masiva bajo los lemas “no me cuidan, me violan” y “brillanteada”, como una forma de protesta ante la violencia machista que impera en el país y queda impune en la mayoría de los casos. Explicar los motivos de la marcha es tan fácil como devastador: Durante la misma semana, se denunciaron dos casos de violaciones a mujeres -una de ellas menor de edad- por parte del cuerpo policial de la ciudad de México. Sumado a eso, las cifras de la violencia de género en México son aterradoras y van en aumento, el Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer de Naciones Unidas, informa que aproximadamente 9 mujeres al día son asesinadas por el simple hecho de ser mujeres.

Es por esto que, la noticia de que una menor de edad fue obligada a subir a una patrulla y después fue violada por cuatro policías en la delegación de Azcapotzalco movilizó a los colectivos feministas, quienes desde el 12 de agosto convocaron a una manifestación enfrente de las instalaciones de la secretaría de seguridad ciudadana, pues, lamentablemente, el sistema judicial de la ciudad de México filtró los datos personales de la víctima, quien decidió detener la denuncia por miedo a las consecuencias que podría traer para ella y su familia el conocimiento de sus datos personales.

La justicia en México es patriarcal, los feminicidios y violaciones llegan desde aquellos que proteger a la sociedad civil, por lo que el hashtag #nomecuidanmeviolan, incitó a las mujeres a contar los diversos episodios de acoso sexual por parte de elementos de seguridad que han sufrido a lo largo de su vida y, al igual que con el #metoo, cientos de jóvenes relataron por redes sociales cómo la policía mexicana causa más miedo que apoyo cuando se trata de combatir la violencia de género.

Aunado en esto, cuando el secretario de la SSC (Secretaría de Seguridad Ciudadana), Jesús Orta, daba su discurso a las manifestantes, una mujer le lanzó brillantina rosa, lo que causó que la jefa de gobierno de la ciudad de México, Claudia Sheinbaum saliera de inmediato a dar una declaración en sus redes sociales sobre la apertura de una carpeta de investigación en contra de las manifestantes que arrojaron la brillantina (sin causar ningún daño) al secretario. 

Lo que más indignó a las mujeres fue como los medios retratan la noticia, la violación de la joven pasó a segundo plano, el gobierno de la capital de la república decidió enfocarse en la brillantina lanzada al secretario, no en la exigencia de justicia para la víctima. Y así es como nace el segundo lema de la marcha: “Brillanteada”.

A partir esto, los grupos feministas viralizaron los carteles que convocaban a la movilización de mujeres del viernes 16 de agosto en la glorieta insurgentes (una de las principales avenidas de la capital) para exigir al estado Mexicano medidas para cesar la violencia que acosa a las mujeres de todo el territorio nacional. Los carteles de la marcha eran claros: se llevaría brillantina rosa para producir la “brillanteada” como símbolo de la lucha. Es importante destacar que esta debería ser ecológica para  para no contaminar las calles de la ciudad y la marcha sería separatista, los hombres que quisieran acompañar al contingente debían situarse en la parte de atrás y por ningún motivo serían aceptados dentro de las filas de las mujeres feministas.

La movilización fue efectiva y masiva, miles de mujeres tomaron las calles de la ciudad realizando pintadas, grafitis, rompiendo vidrios de espacios públicos, destrozando una estación de metro y otra de policías. La furia de las mujeres fue palpable: las mexicanas están hartas de que el suelo de la república esté lleno de hermanas asesinadas y las autoridades no actúen en consecuencia.

Sí, la marcha fue violenta, hubo fuego, vandalismo, se pintaron monumentos nacionales como el ángel de la independencia y se dañó el transporte público, pero la violencia es el único lenguaje al que el gobierno y la sociedad respondieron. Al final las paredes se pintan, el metro se arregla, los suelos se lavan; lo único que jamás se podrá reparar será la vida de las miles de mujeres asesinadas y violadas en el país. 

En México no existen suficientes paredes para pintar todas las injusticias que han vivido las mujeres mexicanas.

Los titulares de periódicos nacionales y las redes satanizaron al movimiento mientras que en las noticias internacionales se leían titulares de apoyo. Lo que quedó claro ese día fue que el mexicano promedio no está cómodo con las mujeres exigiendo sus derechos. Después de la marcha, se popularizó el hashtag #asíno, como reproche de la ciudadanía al movimiento feminista que destrozó la ciudad, llovieron las críticas, insultos y memes ofensivos hacia las mujeres que protestaron por los derechos de las mexicanas. Evidentemente se han olvidado de las miles de veces que se ha protestado de manera pacífica, de las protestas mediante el arte contra la violencia, de la música, los libros y las mesas de charlas que se han dado para que las autoridades actúen en contra de la pandémica violencia contra las mujeres en el país. 

La realidad es que México es el país más violento contra las mujeres en América latina y muchos se preguntan aún por qué las mujeres están enojadas. 

Ser mujer en México es deporte extremo y el enojo que se vivió en la marcha solo fue un grito desesperado para que la sociedad preste atención y vea la injusticia de vivir en un país que condena a más de la mitad de su población a estar con miedo por el simple hecho de haber nacido mujer en un país profundamente machista.

Para finalizar, un mensaje a todas aquellas mujeres que marcharon: GRACIAS. Gracias por luchar por ti y por todas al mismo tiempo, gracias por no callar, por demandar atención, por pintar las injusticias, por exigir justicia para todas las mujeres enterradas, por señalar a los culpables y por recordar que nunca más tendrán la comodidad de nuestro silencio. 

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