Del amor a las TRUMPadas

Contexto histórico: el Tratado de Libre Comercio de América del Norte

Corría el año de 1988 cuando los entonces presidentes electos de México y Estados Unidos, Carlos Salinas de Gortari y George Bush, se reunían en Houston y confirmaban el deseo de ambas naciones de establecer una nueva política de cooperación que beneficiará a ambos vecinos. Ya México, con el anterior gobierno de Miguel de la Madrid (1982-1988), venía de un proceso de reordenación de la política económica acorde con los lineamientos neoliberales, lo cual fue un factor determinante para que estos dos vecinos incómodos pudieran acercarse a negociar. Con Salinas, sin embargo, dichos lineamientos fueron llevados a cabo con mayor apego al disminuir notablemente la participación del Estado y privatizando la mayoría de las empresas paraestatales y de la banca. Así, estas acciones abrían la puerta para que la inversión privada – interna y externa – entrará con más fuerza en la escena del acontecer mexicano.

En junio de 1990, se anuncia formalmente el inicio de la negociación de un tratado de libre comercio entre México y Estados Unidos. Un año más tarde, en 1991, con la incorporación de Canadá en las negociaciones a través de su Primer Ministro, Brian Mulroney, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) empezaba a tomar forma y fuerza en los tres países. Sin embargo, la derrota electoral de George Bush en las elecciones de ese año retrasó la firma de dicho tratado. El nuevo presidente electo, William Clinton, exigió la negociación de un par de acuerdos complementarios sobre relaciones laborales y sobre medio ambiente antes de someterlo a la aprobación de la Cámara de Representantes, la cual aprobó la Ley de Implementación del TLCAN el 17 de noviembre de 1993. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, entonces, entraría en vigor el 1 de enero de 1994.

Los objetivos del Tratado eran claros: los países firmantes pasaron a tener el estatus de nación más favorecida, lo cual les brindaría las mejores condiciones de comercio entre ellos; eliminar los obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y servicios; promover condiciones de competencia justa; aumentar las oportunidades de inversión; proporcionar protección y cumplimiento de los derechos de propiedad intelectual; establecer procedimientos para la resolución de disputas comerciales e implantar un marco para una mayor cooperación trilateral, regional y multilateral para ampliar los beneficios del acuerdo comercial.

El resto es historia. El TLCAN pasó a convertirse en la zona de libre comercio más extensa del mundo y, prueba de ello, es que entre 1993 y 2015 el comercio entre los tres países se cuadruplicó, pasando de 297,000 millones de dólares a 1.14 billones de dólares. Dicho incremento en el comercio impulsó la economía de los tres países – que crecían a un promedio sostenido de 2.6% anual –   y redujo sustancialmente los precios para los consumidores. México pasó a ser el tercer proveedor más grande de Estados Unidos y su segundo cliente más relevante. No es raro ya que la frontera entre estos dos países registra el mayor cruce de productos y servicios que en cualquier otra frontera con un millón de personas y 300 mil vehículos que la cruzan diariamente. Por otra parte, para Canadá, México pasó a ser el tercer proveedor más grande y el quinto mayor comprador. Así, después de más de 20 años de la entrada en vigor del tratado, se generaron más de 15 millones de empleos que dependían directamente de las relaciones comerciales entre México, Estados Unidos y Canadá.

En el caso de México, esta liberalización comercial transformó de forma radical el modelo de especialización de las exportaciones. Si antes era un país exportador de petróleo, ahora pasaría a ser un actor importante en el mercado mundial de manufacturas. Así, los bajos salarios que se pagaban en México lo posicionaría eventualmente como uno de los más grandes exportadores de manufacturas, sólo detrás de China. En el mercado estadounidense, en particular, México siempre estuvo presente como uno de los más importantes competidores de la rama manufacturera, destacando en la exportación de automóviles. En general, el impulso de las exportaciones manufactureras del país estuvo fuertemente ligado a corporaciones internacionales que, después del Tratado y las reformas neoliberales, empezaron llegar con inversión a México. Industrias como las de motores y autopartes, automóviles, computadoras y equipos electrónicos en general, participaban en la mayor parte del volumen de exportaciones de manufacturas.

El ocaso del TLCAN

El TLCAN llevaba ya 21 años desde que había entrado en vigor. Todo parecía normal aquel 16 de junio de 2015 hasta que, dentro de la Torre Trump en la ciudad de Nueva York, el magnate y showman televisivo, Donald J. Trump, anunciaba su candidatura para la Presidencia de los Estados Unidos de América. Con el slogan de “Make America Great Again” y sus declaraciones fuera de lo políticamente correcto, Trump empezaba su campaña presidencial hablando sobre temas muy controversiales de la realidad política, económica y social de Estados Unidos. Los presuntos culpables no tardaron en salir de su boca y el tema de la inmigración y la seguridad fronteriza se volvió un pilar de su discurso. No sólo México estaba mandando a criminales, narcotraficantes y violadores, sino que también estaba tomando ventaja de “uno de los peores acuerdos comerciales jamás realizados por país alguno en el mundo”. Sí, Trump había incluido dentro de sus promesas de campaña volver a negociar el TLCAN, o de cancelarlo si las renegociaciones fracasaban. Los mexicanos esperaban lo peor después de ver como Estados Unidos salía del Acuerdo de París o del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica. ¿Tendría el TLCAN los días contados?

El T-MEC o TLCAN 2.0

El 18 de mayo de 2017, Donald Trump notificó al Congreso de los Estados Unidos la intención de iniciar negociaciones con Canadá y México para modernizar el TLCAN. Siete rondas de negociaciones se llevaron a cabo entre el 16 de agosto de 2017 y el 5 de marzo de 2018 en ciudades de los países en cuestión. Los equipos técnicos y de negociación de cada uno se reunían en dichas rondas – de 4 a 7 días de negociación por cada una – tratando temas tales como la imposición de aranceles o de límites por volumen a diversos productos, industria automotriz, tipos de cambio, etc. El 27 de agosto de 2018 México y Estados Unidos por fin llegaron a un acuerdo sobre los principales temas de controversia, entre ellos, el del mercado laboral y de estándares de calidad en el sector automotriz. El 30 de septiembre, las negociaciones entre Estados Unidos y Canadá por fin llegan a conclusión y el pacto se vuelve trilateral. El T-MEC (USMCA en inglés), cómo se llamaría este nuevo acuerdo, fue firmado por el primer ministro de Canadá Justin Trudeau, y los presidentes de Estados Unidos, Donald Trump, y de México, Enrique Peña Nieto, el 30 de noviembre de 2018, durante un evento paralelo a la Cumbre del G-20 de Buenos Aires, Argentina. A falta de la aprobación del Congreso de Estados Unidos, el T-MEC podría entrar en vigor hasta 2020.

¿Qué nuevas cosas tiene el T-MEC que no tenía el TLCAN?

En general, la mayoría de los cambios beneficia en mayor medida a Estados Unidos. A continuación, algunos de los cambios más relevantes:

El mercado de lácteos en Estados Unidos y Canadá: el T-MEC abrirá el mercado de lácteos de Canadá a productores estadounidenses. Los estadounidenses, entonces, gozarán de nuevas cuotas (más favorables) y podrán acceder a un mayor mercado de dichos productos (alrededor del 3.5%)Los estadounidenses, por su parte, permitirán la entrada de mayores volúmenes de lácteos, productos de maní y azúcar.

Industria automotriz: para que un automóvil pueda ser exportado sin aranceles, 75% (62.5% bajo el TLCAN) del vehículo tiene que ser producido en uno de los 3 países. También, México y Canadá acordaron un volumen de 2,6 millones de vehículos exportados a Estados Unidos en caso de que Donald Trump imponga aranceles del 25% a vehículos de otras partes del mundo por motivos de seguridad nacional.

Estas medidas ayudarán a mantener la producción de partes de autos en Estados Unidos, trayendo de vuelta a proveedores que se fueron a otras partes.

Tasa de cambio contenida: existe, dentro del nuevo tratado, una disposición de divisas que busca que los países en cuestión no manipulen sus monedas. Sin embargo, dado el hecho de que los tres países tienen un tipo de cambio flotante, esta parte del tratado pareciera que manda señales a países fuera del tratado con los que Estados Unidos podría tener mejor posición en sus negociaciones, por ejemplo, China.

Revisión periódica: El acuerdo tendrá una duración de 16 años, pero será sometido a revisión cada seis años. Si los tres países están de acuerdo, al término de esos 16 años el acuerdo tripartito puede ser renovado por un periodo de igual duración. En caso contrario, vendría una nueva negociación.

El T- MEC, tanto como el TLCAN, seguirá trayendo un gran impulso a la economía de estos tres países, pocas dudas hay sobre esto. El comercio entre naciones siempre será benéfico dadas las ventajas comparativas de cada uno. No cabe duda de que, dadas las diferencias geográficas, institucionales, sociales y culturales que caracterizan a estos tres países de América del Norte, el intercambio tendrá efectos positivos en cada uno de ellos.

En el caso de México, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador tiene un reto muy grande.

Si bien la apertura económica trae consigo la entrada de inversión extranjera al país – la cual siempre será benéfica para hacer crecer una economía –, también hay que impulsar el crecimiento de pequeñas y medianas empresas nacionales para que cada vez más personas puedan participar y favorecerse del valor agregado que se produce en el país. Aún hay mucho por hacer en México, particularmente, para acabar con la desigualdad que tanto daño le hace a su sociedad.

Por esto, haber solucionado la permanencia de un acuerdo de la talla del T – MEC será una herramienta que, usada de la forma correcta, puede ayudar a México para lograr esta misión.

Escrito por

Mexicano Estudiante de Economía en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) Escribo más del amor y la vida que de economía. Fiel creyente de que podemos vivir en un mundo más feliz y justo. Amante del fútbol. Hincha de las Chivas y el Barcelona.

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