Rwanda: Donde recordar es tabú

A 25 años del genocidio más grande de los últimos tiempos, se conmemoran y recuerdan las consecuencias a las que conlleva el odio llevado a los límites.

El genocidio de Ruanda, sin dudas, fue uno de los episodios más trágicos de odio y asesinato en la historia cercana del ser humano. La rivalidad entre ciudadanos del propio país fue tal, que derivó en un total de 800.000 víctimas en sólo cien días, entre el 7 de Abril y el 15 de Julio de 1994. Ésto, fue posible gracias a la confabulación de una sociedad movilizada por un odio arraigado desde el principio de su historia y avivado constantemente por las autoridades y dirigentes de los dos bandos enfrentados.

Para comenzar a entender las bases del conflicto social en Ruanda y su posterior derivación en el Genocidio de 1994, es necesario entender la existencia de “castas” que supuso, al menos posterior a la Primera Guerra Mundial con el mandato belga sobre Ruanda, una división sellada por un 85% de Hutus, un 14% de Tutsis y un 1% de Twa. La división era bastante tradicional y materialista, los propietarios de rebaños y tierras componían la minoría Tutsi (Aristocracia) y el campesinado, agricultores, componían a la mayoría Hutu.

Los tutsis gobernaron durante la primera década del Siglo XX de la mano con el gobierno de Bélgica, sin embargo, cuando comienzan los movimientos de descolonización en África, los tutsis fueron los primeros atraídos por la idea de la independencia ruandesa, así, su gobierno sobre el País sería total y eliminado de las influencias europeas. Estas acciones, lógicamente, cayeron mal en Bélgica y ONU (coparticipador en el gobierno del país africano) que decidieron derivar su apoyo al bando contrario: los Hutus que, al no haber adquirido el poder nunca, eran menos reacios que los Tutsis en cuanto a compartir poder con Europa. Más allá de esto, los hutus vieron que sus reclamos por ampliación de Derechos concluyeron en el asesinato de sus líderes, entonces, se alzaron contra sus amos en una suerte de sublevación de campesinos que fue el comienzo del fin de los Tutsis en el poder, incluso en el país: se documentaron 100 mil asesinados a manos de Hutus y un aproximado de 150 mil exiliados tutsi a países vecinos.

Para 1963 se declara la independencia de Ruanda y el gobierno de los Hutus comienza con la presidencia de Grégoire Kayibanda del ParMEHutu (Partido del Movimiento de Emancipación del Pueblo Hutu) que tuvo reelecciones en los posteriores años 1965 y 1969. El fin del mandato de Kayibanda tuvo lugar en 1973: un aproximado de 350 mil Hutus son asesinados a manos de Tutis en Burundi, país vecino del Sur que compartía las mismas características “castales” que Ruanda. Ante la inacción del presidente frente al pedido de su población por mayor rudeza en el trato para con los Tutsis, se lleva a cabo un golpe de Estado orquestado por Radicales Hutus dirigidos por Juvenal Habyarimana (primo de Kayibanda). Habyarimana sancionó, en años posteriores, una nueva constitución y el sistema de partidos ruandés se volvió Sistema de partido único: las dos elecciones que prosiguieron (1983 y 1988) el presidente en cargo fue electo.

Recordando, una gran cantidad de Tutsis se aglomeraban como refugiados en países fronterizos, estos mismos estaban deseosos por volver a sus tierras, incluso, muchos de ellos, contaban con gran sentimiento de Venganza hacia los Hutus. Este mismo sentimiento se materializó, en 1987, en lo que se conoció como el Frente Patriótico Ruandés (FPR), una organización guerrillera tutsi ruandesa extraterritorial ayudada por el ejército de Uganda que tenía como objetivo final derrocar al presidente Habyarimana e imponer un gobierno Tutsi que cobre venganza por los tratos Hutu en su contra. Esta organización fue presidida primeramente por Fred Rwigyema y el segundo al mando era Paul Kagame, actual presidente ruandés.

En 1990, más precisamente el 1 de octubre, Al mando de Rwigyema y con Kagame realizando un entrenamiento militar en Estados Unidos, el FPR comienza su acometida e invade el territorio ruandés aumentando así las hostilidades de manera estrepitosa. En este hecho, que se conoce como el inicio de la Guerra Civil Ruandesa, muere Rwigyema y Paul Kagame queda al mando del FPR para seguir persiguiendo su objetivo primario de (re)tomar Ruanda. 

Habyarimana, amigo personal del presidente francés François Mitterrand, le pide mediante llamadas, ayuda militar para evitar el avance Tutsi. Francia, se las concede y el Frente Patriótico se retrotrae levemente, pero sin abandonar el país.

La invasión del FPR representó oportunidad de oro para la creación de la “Coalición para la defensa de la República” (CDR) partido político Hutu de ultra derecha, más radical que el de Habyarimana (Movimiento Revolucionario Nacional para el Desarrollo, MRND), bajo el slogan “Mube maso” (“Watch out!”) hacían llamamiento a los hutus a tener cuidado de los Tutsis, que pueden volver a tomar el poder e imponer el yugo sobre ellos. A su vez, estos eran partidarios de la ideología llamada “poder Hutu” sustentada en los llamados “Diez mandamientos Hutu”, hito principal entre otros hechos propagandísticos de odio hacia los Tutsis que incrementaron en esos años.

Ante presiones de países africanos y Francia para que se pueda llegar a una paz, Habyarimana y partidos ruandeses acuerdan reunirse (con la ONU como veedora) para negociar con el FPR de Kagame, un gobierno de transición que contenga en su seno Hutus y Tutsis. Habyarimana intentaba dilatar la firma de estos acuerdos, llamados “de Arusha”, y las ramas más radicales Hutus expresaron su disgusto claro con los acuerdos. No obstante esto, el presidente ruandés termina acordando la creación de este gobierno conjunto.

El 6 de abril, en una de las vueltas del presidente ruandés al país, luego de haber firmado uno de los acuerdos, todo lo anteriormente dicho se desvanece en el aire: el presidente Habyarimana, el presidente de Burundi y distintos asesores y ministros de estos países son asesinados en un atentado con bombas al avión que los iba a dejar en Kigali, capital ruandesa. Los culpables de este atentado se encuentran difusos, sin embargo, las posibilidades son dos: primeramente, el Frente Patriótico ruandés de Kagame o alas radicales Hutu en desacuerdo con el gobierno transicional.

Poco importan los responsables cuando al día siguiente se desata la masacre que hoy día llamamos Genocidio Ruandés: miles de ruandeses Hutu salen a las calles a asesinar a Hutus moderados y, primordialmente, a los Tutsis, a quienes les fue adjudicado mayoritariamente el atentado. Las organizaciones paramilitares Hutu y civiles patrullaban las calles y lo único que preguntaban era por las identificaciones de los ciudadanos, ya que estas contenían la casta proveniente de cada ciudadano ruandés. Si la identificación mencionaba “Tutsi”, inexistentes eran los motivos para que los Tutsi no fueran asesinados en ese mismo momento en las calles de Ruanda.

Las radios, diarios y extremistas Hutu incitaron a la población (previamente armada) que salga a las calles a exterminar a las “cucarachas”, que era el término utilizado para referirse a los Tutsi.

“¡Muerte! ¡Muerte! ¡Las fosas con cadáveres de tutsis solo están ocupadas hasta la mitad! ¡Dense prisa en terminar de llenarlas!”, rezaba la radio ruandesa “Radio Mille Collines”.

Además del asesinato a machete (principal método debido a que era la herramienta usada por los hutus para labrar el campo) otro de los crímenes mayormente cometidos por Hutu hacia Tutsis fue, también, la violación. Se estima un aproximado de 250.00 violaciones hacia mujeres Tutsi, aunque este número puede ser mayor, igual que el número de víctimas. Los genocidas, en algunos casos, les contagiaban VIH, las embarazaban y, mayormente, terminaban asesinando a sus víctimas de violación.

El FPR se mantuvo prácticamente inmóvil hasta Julio de 1994, en donde deciden avanzar y luego de varios días llegan a tomar Kigali, la capital. La reacción fue demasiado tardía: el 75% de los tutsis para esa época fueron asesinados y el número de habitantes en Ruanda descendió de 7,5 millones a, aproximadamente, 6 millones restando Tutsis y Hutus asesinados. Otro de los resultados del genocidio fue la migración: más de dos millones y medio de ruandeses se exiliaron en países fronterizos (sobre todo Zaire, Tanzania y Burundi), en gran parte eran Hutus que, ante la llegada al poder de un gobernante Tutsi, temían la represalia del mismo. Este hecho puede ser considerador como uno de los antecedentes que luego derivarían en la llamada “Primera Guerra del Congo”.

Mucho más puede ahondarse sobre las consecuencias y las causas del genocidio ruandés, desde los tantos juicios llevados a cabo sobre la figura de Paul Kagame, el cual fue acusado de ser el perpetrador del atentado del 6 de abril de 1994, y luego por genocidio, crímenes de Lesa humanidad y responsable de las muertes allí en Ruanda y en la R. D. del Congo entre los años siguientes a 1994.

Tutsis y Hutus fueron pasándose las culpas de lo ocurrido, pero lo verdaderamente importante, para los ruandeses, sobre todo, es que el recuerdo sobre lo vivido y, más que nada, sobre las consecuencias de las rivalidades entre ciudadanos de una misma nación, no desaparezca, en tanto y en cuanto les sirva para no repetir historias pasadas de odio, crímenes, asesinatos y guerra.

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