¡Hola!
La protesta está en el aire, y decimos esto con la absoluta tristeza que genera ver a tanta gente en tantos países cuyas legítimas demandas parecen continuar insatisfechas. Esto esta ocurriendo tanto en Francia, como en Argentina o Albania.
Además, parece que el conflicto entre los hutíes y Riad escaló tras un nuevo ataque contra un aeropuerto, mientras que Bulgaria pide asistencia a la OTAN tras el hundimiento de buques comerciales en el mar Negro. Ocupándonos de un tema más transversal, aparecen nuevas señales de que buena parte de lo que está sucediendo en torno a la IA podría ser una burbuja que no termina de decidirse entre desinflarse o estallar.
Por último, vamos a hablar de lo que está pasando en Francia, donde Macron parece tener dificultades para estabilizar la situación interna.
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Los hutíes reabren el frente saudita
La escalada entre los hutíes de Yemen y Arabia Saudita se intensificó esta semana, con nuevos ataques mediante drones y misiles contra aeropuertos e instalaciones petroleras sauditas, seguidos de bombardeos sobre territorio yemení. El conflicto podría extenderse después de que Egipto anunciara su disposición a brindar apoyo militar a Riad, mientras Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos buscan coordinar sus posiciones. La reanudación de las hostilidades amenaza la seguridad de las rutas comerciales de la región y añade presión sobre los mercados energéticos internacionales.
¿La OTAN en el mar Negro?
Bulgaria solicitó a la OTAN reforzar sus defensas después de una serie de ataques con drones contra embarcaciones comerciales en el mar Negro, algunos de ellos en aguas próximas a países de la Alianza Atlántica. Durante los últimos diez días, seis buques fueron atacados, con víctimas mortales y tripulantes desaparecidos, mientras aumentan los costos de los seguros marítimos y disminuye el tráfico hacia los puertos ucranianos. Los incidentes amenazan las exportaciones de granos y abren un nuevo frente de preocupación para la OTAN, cuyos miembros deberán evaluar cómo responder a los riesgos para la navegación comercial.
La burbuja de la IA
La industria de inteligencia artificial sufrió una fuerte sacudida bursátil esta semana, con una caída del 4,5% del Nasdaq y una pérdida de valor bursátil que amenazó con aproximarse a los dos billones de dólares entre las empresas estadounidenses de semiconductores. Entre las más afectadas estuvo CoreWeave, una compañía de infraestructura de IA respaldada por Nvidia, cuyas acciones perdieron cerca del 25% en la semana y cuyos bonos llegaron a ofrecer rendimientos superiores al 15%. La caída se produjo tras conocerse nuevos datos de inflación en Estados Unidos que alimentaron las expectativas de aumentos de tasas de interés, encareciendo el financiamiento de los centros de datos y poniendo en cuestión la rentabilidad de las gigantescas inversiones en inteligencia artificial.
En la mesa: Francia vuelve a las calles
Francia vivió el sábado 17 de octubre una jornada de protestas masivas que derivó en graves disturbios en varias ciudades del país. Unas 550.000 personas, según el Ministerio del Interior, y cerca de 800.000, según los organizadores, se manifestaron contra el aumento del costo de vida y el deterioro de los servicios públicos. Aunque buena parte de las movilizaciones transcurrió pacíficamente, se registraron enfrentamientos con la policía, saqueos e incendios en ciudades como París, Marsella y Limoges. Según el balance de las autoridades, el saldo superó los 2.400 detenidos y llevó al presidente Emmanuel Macron a pronunciarse públicamente para condenar los disturbios.
La jornada fue el punto de encuentro de dos movimientos que venían desarrollándose en paralelo. El primero comenzó a mediados de septiembre en el liceo Saint-Exupéry de Créteil, en las afueras de París, donde docentes y estudiantes reclamaron más personal y mejores condiciones de enseñanza. Las protestas se extendieron rápidamente a otros establecimientos y regiones, incorporando denuncias por aulas superpobladas, edificios deteriorados y dificultades para reemplazar a los profesores ausentes. Según un relevamiento del sindicato docente SNES-FSU, el 53% de los establecimientos secundarios públicos comenzó el ciclo lectivo con al menos un puesto docente sin cubrir.
En paralelo, comenzó a circular en redes sociales una convocatoria nacional para el 17 de octubre contra el encarecimiento de la vida, que recuperó parte de la identidad de los chalecos amarillos, el movimiento que había sacudido a Francia a partir de 2018. La convocatoria consiguió sumar a sindicatos, trabajadores y organizaciones estudiantiles, que buscaban confluir en una misma jornada de movilización. Aunque los distintos grupos no comparten necesariamente las mismas demandas ni una conducción unificada, coinciden en su rechazo al deterioro del poder adquisitivo y de los servicios públicos. El aumento de los precios de la energía, agravado por la guerra en Medio Oriente, también contribuyó al descontento.
El problema para el gobierno es que muchas de estas demandas requieren recursos que Francia tiene cada vez más dificultades para movilizar. La economía atraviesa un período de bajo crecimiento, mientras el déficit público alcanzaría el 5,4% del PIB en 2026, según las últimas estimaciones oficiales. El proyecto presupuestario de 2027, presentado por el gobierno del primer ministro Sébastien Lecornu, busca reducir ese desequilibrio mediante nuevas medidas fiscales y restricciones al crecimiento del gasto. Francia se encuentra además bajo un procedimiento europeo por déficit excesivo, que exige avanzar en la consolidación de sus cuentas públicas. Esto no significa que el gobierno carezca de alternativas, pero sí que aumentar el financiamiento de los servicios públicos implica tomar decisiones difíciles sobre impuestos, endeudamiento y prioridades presupuestarias.
A las restricciones económicas se suma la debilidad política de Macron. Desde las elecciones legislativas anticipadas de 2024, ningún bloque cuenta con una mayoría clara en la Asamblea Nacional, lo que complica la aprobación de presupuestos y reformas. El presidente, que no puede presentarse a un tercer mandato consecutivo en 2027, enfrenta además un desgaste acumulado por conflictos anteriores, como las movilizaciones de los chalecos amarillos y las protestas contra la reforma previsional de 2023.
Tras los disturbios, Macron condenó la violencia, pero también reconoció la legitimidad de los reclamos de quienes se manifestaron pacíficamente. El presidente encargó a Lecornu reunir a partidos políticos, sindicatos, organizaciones estudiantiles y otros actores para buscar soluciones. La principal dificultad será encontrar respuestas a las demandas sociales sin abandonar los objetivos de reducción del déficit, en un Parlamento donde el oficialismo carece de mayoría propia.
¡Hasta la próxima!




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