¡Hola!
Primero que nada queremos saludar a Donald Trump en su cumpleaños número 80. Donald es un presidente que no ha desistido a la hora de ofrecernos sucesos noticiables para este newsletter, y ni siquiera en esta ocasión se detiene.
Además, ¡se logró un acuerdo con Irán! Finalmente. Aunque hay que poder llegar al viernes sin sorpresas para que quede por escrito. Esto quiere decir que Israel va a tener que dejar de atacar Libano, así que más fácil el dicho que el hecho. También repasamos la agenda de la nueva cumbre del G7, con aires menos triunfalistas que otras veces, pero resistiendo.
Por último, vamos a dedicarle unas palabras al Mundial de fútbol y al organismo internacional que hace posible que se juegue: la FIFA.
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Happy Birthday Mr. President
Este domingo 14 de junio, Donald Trump celebró su cumpleaños número 80 en el marco del evento «Freedom 250», organizado como parte de los festejos por los 250 años de la independencia estadounidense. A pesar de que varios artistas cancelaron su participación y de las advertencias por tormentas emitidas durante la jornada, la UFC finalmente montó un escenario en los jardines de la Casa Blanca y llevó adelante una cartelera de artes marciales mixtas. Fiel al estilo de Trump, el evento no estuvo exento de controversias respecto de si se trataba de un acto institucional o de una celebración personal.
Acuerdo con Irán
Además de celebrar su cumpleaños, Trump confirmó que hubo acuerdo con Irán, lo que permitiría reabrir el estrecho de Ormuz. Horas antes, el primer ministro de Pakistán había anunciado que el próximo viernes se realizaría la firma formal del acuerdo en Suiza. Este contempla un cese inmediato de las operaciones militares, lo que demanda que Israel ponga fin a sus acciones en el Líbano. Este último punto se presenta como la fuente potencial de tensiones en torno a lo conseguido y será uno de los aspectos a seguir durante los próximos días.
Cumbre del G7
Comenzó en la ciudad de Evian, en el norte de Francia, la cumbre del G7, el foro que reúne a algunas de las principales democracias industrializadas del mundo. Esta edición está marcada por protestas contra el aumento del gasto militar, el cambio climático y cuestionamientos a la legitimidad de las élites políticas. Los representantes del llamado «mundo libre» intentarán transmitir una imagen de unidad mientras llevan una agenda que contempla: la cuestión de Iran, que desplazó a Ucrania como prioridad inmediata, el creciente peso de China en la arena internacional y el lugar que está empezando a ocupar India como potencial aliado de Occidente.
En la mesa: El Mundial que necesitaba la FIFA
Una vez más, como cada cuatro años, habemus Mundial. En esta ocasión encontramos que algunas cosas están un poco cambiadas. Por ejemplo, los partidos se van a jugar a lo largo de tres países y se elevó el número de selecciones participantes de 32 a 48. Pero, como esto es un newsletter de política internacional, vamos a tratar de leer estos cambios en esa clave.
Ser la sede de un Mundial de fútbol es aceptar someterse a toda una serie de exigencias, muchas veces cuestionadas por grandes sectores del mismo país. En líneas generales, la FIFA pide exenciones fiscales, garantías comerciales para sus patrocinadores y obras de infraestructura para que las instalaciones del país se ajusten a los estandares del torneo. A cambio, los países esperan obtener prestigio internacional, atraer turismo e inversiones, acelerar proyectos de infraestructura y que los gobiernos refuercen su legitimidad local e internacional.
Durante el Mundial de Brasil 2014, por ejemplo, se habló de los «Elefantes Blancos»: costosos estadios, como el Arena da Amazônia, en Manaos, de 300 millones de dólares, que una vez terminado el Mundial no tuvieron mucho uso. Esto fue exponente de una serie de Mundiales durante la primera parte del siglo XXI, donde la FIFA parecía perseguir una idea de legado. Grandes obras de infraestructura justificadas solo sobre la base de lo que significaba que el Mundial se jugara en tu país. Pasó algo similar en Sudáfrica (2010), Rusia (2018) y Qatar (2022), donde solían ser noticia la rapidez con la que se construían estadios, alojamientos y caminos. A cambio, estos países recibieron millones de turistas y fueron noticia durante todo el tiempo que duró el evento .
Pero esta vez es diferente, porque Estados Unidos, México y Canadá son tres países que ya han sido sedes del evento, y que ya cuentan con la infraestructura requerida. Además, los tres pertenecen al USMCA, lo cuál facilita algunas cuestiones economicas y vuelve más atractiva la propuesta para la FIFA, que ahora puede desplegar los 104 partidos de este Mundial en un territorio mucho más extenso.
Para Infantino (el presidente de la Federación), la ampliación del Mundial responde al objetivo de que una mayoría de las asociaciones miembro puedan experimentar alguna vez la Copa del Mundo. Sus críticos señalan que más equipos también significan más partidos, más patrocinadores y más derechos televisivos para vender. Probablemente ambas cosas sean ciertas. En esta ocación, estos paises resultan atractivos para la Federación porque permite a su presidente desplegar la visión que tiene para este mundial. Como ocurre con muchos organismos internacionales, la FIFA necesita perseguir ideales suficientemente atractivos como para mantener cohesionada a la organización, cuyos miembros también esperan obtener beneficios concretos.
Quizás el Mundial de 2026 no nos diga solamente cómo está cambiando el fútbol, sino también algo de cómo están teniendo que transformarse las organizaciones internacionales, aun aquellas que a primera vista podrían parecer menos relevantes para el orden global.
¡Hasta la próxima!




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