MASSA Y LA IMPORTANCIA DE LAS RELACIONES BILATERALES CON WASHINGTON

En los tiempos donde la ciudad eterna de Roma era la capital del mundo, era normal que numerosas personalidades del Mediterráneo antiguo busquen entrevistarse con el hombre más poderoso que la antigüedad occidental pudo conocer, el emperador, el cual calificado como “el primero entre iguales” concedía, muy selectivamente, sus entrevistas a estos variados individuos. Algunos eran ilustres artistas, músicos y literatos que buscaban convencer al Cesar utilizando la destreza de su lenguaje, su labia y carisma, otros eran comerciantes, financieros  o trotamundos, que intentaban conseguir la gracia del Augusto por medio de la ambición y codicia del propio mandatario. Los más pragmáticos eran los jefes barbaros, que tras derrocar al jerarca predecesor a ellos, buscaban la protección y amparo del Águila Romana para consolidar la posición adquirida. Hay un poco de cada uno de estos personajes en Sergio Massa.  

Y es que Roma sigue siendo la ciudad eterna, título que conservara por siempre. Pero la capital del mundo contemporáneo se ubica rodeada por los estados de Maryland y Virginia, a orillas del Rio Potomac, la imponente capital de los Estados Unidos, Washington D.C.  Sin embargo, el cambio de ubicación no significa el cambio de las costumbres, porque los viajes a la capital del mundo siguen siendo una constante de la política internacional de nuestros días.

El viaje de Massa a Estados Unidos no es una novedad, el mismo viaje han recorrido sus predecesores como autoridades de la cartera de Economía, Silvia Batakis y Martin Guzman. Sobre todo porque la situación económica tan delicada que atraviesa la República Argentina hace que sea fundamental hacer buena letra con el Fondo Monetario Internacional y con la Casa Blanca, la principal fuente de recursos del organismo.

Massa llegara a los Estados Unidos el 6 de septiembre, lo acompañara, dentro de su enorme cuerpo técnico, el flamante vice-ministro de Economía Gabriel Rubinstein. Los objetivos se pueden dividir en varios tópicos. En primer lugar, traer certezas a los mercados, los cuales, si bien se estabilizaron un poco desde la asunción de Massa como Ministro de Economía, aún conservan un estado de peligrosa incertidumbre, una constante “paz armada” que se ha mantenido latente en las ultimas semanas. Sin embargo, dicho problema se podría zanjar considerablemente si el antaño intendente de Tigre y su equipo logran transmitirle seguridad a la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, en la reunión que tendrán para evaluar y afinar números con el objeto asegurar el cumplimiento del acuerdo con el organismo. Los anuncios de Massa hasta ahora, desde reducciones en el gasto público hasta la negativa a recurrir de financiamiento del Banco Central para financiar al tesoro, fungieron como primeros intentos del nuevo Ministro con el objeto de convencer de la perdurabilidad del acuerdo.

Otro de los objetivos de Massa será atraer inversiones, situación que está muy ligada con el primer objetivo antes planteado. El gobierno está necesitado de dólares y atraer a los mismos en base a inversiones que incentiven la actividad productiva del país sería un logro para nada despreciable, al mismo tiempo que el potencial minero y energético de la Argentina resulta una posibilidad de mercado muy atractiva para los capitales extranjeros. Es por eso que están planeadas reuniones con directivos de empresas energéticas como Chevron, Exxon, Shell, Total, mineras como Rio Tinto y Livent, la automotriz Volkswagen e inclusive el grupo Amazon del famoso empresario Jeff Bezos. ¿El problema? La concreción de estas inversiones está atada al cumplimiento del primer objetivo. El de tranquilizar a los mercados por medio de conseguir buenos resultados en la revisión con el FMI. La caótica situación económica Argentina genera suma desconfianza en los mercados, así que para que estos concreten inversiones en el país será necesario traer certezas a la situación y borrar los fantasmas de un posible default futuro. Nadie va a invertir en un país que se cree incapaz de pagar sus deudas.

Finalmente, el trabajo de Massa concluirá con otras reuniones varias. Como las referentes a Juan González, hombre de Joe Biden en America Latina, Mauricio Claver-Carone, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo o Axel van Trotsenburg, presidente del Banco Mundial. La agenda política se verá complementada con una reunión que mantendrá el presidente Alberto Fernández con el propio Biden a finales de septiembre.

Es notable mensaje político a una visión pro-mercado que intenta establecer el nuestro Ministro de Economía. Si bien Guzman y Batakis también giraban en la misma dirección, no lo lograban con la ponencia que lo hace ahora Massa, dado el musculo político que tiene encima el ex Presidente de los Diputados. En los mercados y en el vox populi, por primera vez en la actual administración, se tiene la sensación de que se están dando pasos firmes hacia una dirección en específico, contraria a la irregularidad que caracterizaba a Alberto Fernández.

Sin embargo, si no se dan esfuerzos más firmes hacia la estabilidad económica está dicha se quedará en simples sensaciones. La pregunta entonces es ¿Qué pasa si Washington no le da el visto bueno a Massa? Tenemos el precedente del 2001, donde el entonces secretario del tesoro de los Estados Unidos bajo la administración de George Bush, Paul O’Neill, declaro a inicios de julio que “No permitiría que los problemas de un país ineficiente fueran resueltos con el dinero de los plomeros y carpinteros Americanos” lo cual derivó en un brusco aumento del riesgo país y un clima general de default inevitable, que solo complico más las cosas para el entonces agonizante gobierno de Fernando de la Rúa, tal como lo relata Domingo Cavallo.

Esa es el desafío que tiene que afrontar Sergio Massa. Ser Sergio el artista, el literato, el músico que tiene que persuadir con su labia y con su carisma a Kristalina Georgieva. Ser Sergio el comerciante, el trotamundos que debe convencer a los inversores usando como recurso la propia ambición de estos. Ser Sergio, el pragmático que asumió como ministro de economía tras la salida de Batakis producto del desgaste político de Alberto Fernández, y que ahora busca el amparo de los mercados para consolidar la posición adquirida. Ser los tres a la vez es donde recae la virtud de Massa, su principal recurso una vez aterrice en la capital del mundo.

Escrito por

Estudiante de Contador Publico (Universidad Nacional del Chaco Austral).

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