Violencia de género: la falta de protocolos y la lucha contra el sistema

Mucho se ha hablado de Sebastián Villa, jugador de Boca, en este último tiempo. La historia podría resumirse así: un jugador que recibe una segunda denuncia en materia de género (la primera por violencia en 2020, y esta realizada en las últimas semanas por violación), un montón de pruebas en su contra (desde fotos hasta la declaración de varios profesionales) y un club que no activa ningún protocolo de género (tiene uno, pero podríamos decir que es un poco “fantasma”) pero sí: lo protege, lo elogia como parte de la institución y entiende que como club de fútbol solo les importa lo que suceda en la cancha, lo que suceda afuera no les incumbe.

Esta situación (las declaraciones hechas por Riquelme y las hechas por el mismo Villa) despertó no solo el enojo de hinchas del club, agrupaciones feministas y el de tantos individuos en sus casas, sino que además puso sobre la mesa una idea que para muchos es una verdad absoluta, pero otros (como es el caso de Boca) siguen empeñados en debatir o cuestionar. 

La verdad: la violencia de género no puede ser considerada un problema del ámbito privado y no puede ser abordada con esa perspectiva. Ni Boca ni ninguna otra institución, empresa, asociación civil, ONG, PyME o el propio Estado pueden desentenderse de una situación como esta. Y damos un paso más: todos deberían tener protocolos de género. ¿Qué hacen estos protocolos? Establecen cómo proceder ante denuncias y otros hechos. Es decir, le dan perspectiva de género al accionar del club en cuestiones de esta índole.

En el caso de Boca, como decía antes, hay un “protocolo”. Sin ánimos de minimizar la lucha que tuvieron que dar algunas mujeres dentro de la institución para que ese protocolo exista, la verdad es que tiene al menos una laguna muy polémica: para poder tomar medidas, el club considera requisito que la denuncia se haga ante la propia institución. Es decir, la víctima, que ya denunció penalmente, que ya se sometió al examen de distintos profesionales, que ya fue también cuestionada por un montón de gente (porque de esos nunca faltan), además tiene que presentarse en el club y realizar otra denuncia, aunque ya su historia, las pruebas, las fotos, todo es de carácter público (basta poner el nombre del jugador en Google). Y en eso se escuda Boca para no haber tomado ninguna medida contra Villa, una vergüenza. Y no solo eso, basta usar Google también para ver la cantidad de elogios que le dedicaron en estas últimas semanas por su rendimiento en la cancha. 

La falta de protocolo de género en distintos espacios es un problema, como se ha visto. Su creación, una lucha que se viene dando en el feminismo y en el interior de cada uno de esos lugares. En el fútbol, el de Boca no es el único caso. De hecho, solo 5 clubes tienen protocolos armados. Son la excepción y la mayoría, muy rara vez lo cumplen. 

Y en estos días, pensando horrorizada en el caso de Villa, otro caso que también es muy público se me vino a la mente: el de Juan Darthes. Hace unos días Thelma Fardín, su víctima, quien lo denunció en 2018 por una violación ocurrida varios años antes, dio una entrevista en el sitio INFOBAE. Allí dice que ella en particular lo que más espera no es que su agresor vaya preso, sino que sea declarado culpable. En la entrevista declara: “yo realmente no encuentro la sanación en la idea de pensar que él va a ir preso. Incluso, y por ahí esto es medio disruptivo, yo lo que quiero es que termine el proceso legal y por supuesto quiero que digan “culpable”, pero no es que me interesa decir “que vaya preso y que no vea la luz del sol”. No me pasa eso. Quiero una reparación del sistema. Que el sistema reconozca la voz de una víctima. Que la ponga en primer lugar”.

Pienso en varias cosas: la admiración que me genera su capacidad de no pedir venganza. (“Agradezcan que pedimos justicia y no venganza” se lee en muchos carteles en distintas marchas feministas). La lucha que dio ella, acompañada y apoyada por muchas mujeres que le creyeron y la escucharon para llegar hasta donde llegó y estar hoy a las puertas de un juicio contra su violador. Y además, esta idea de querer reparar el sistema.

El sistema.. cuánto hablamos del sistema. “El sistema está preparado para que falles”, “el sistema te pasa por arriba”, “el sistema te excluye”, “el sistema te invisibiliza”. Usamos distintas expresiones y nos referimos a distintos “sistemas”: a nuestros trabajos, al ámbito educativo, al sistema judicial y a muchos otros espacios.

Para la víctima de Villa ese sistema cruel es el que le pide que se exponga tantas veces, el que idolatra a su violador y se escuda detrás de tecnicismos ridículos para no hacer nada, que no está dispuesto a perder un peso en este proceso ni tener un problema con uno de sus jugadores. Para Thelma el sistema es el que permite poner trabas en el proceso, la cuestiona por los años que pasaron entre el hecho y la denuncia o porque “Darthes es incapaz, ese galán de telenovelas no puede ser un violador”.

Pero al final, ¿no somos todos parte del sistema? ¿No tiene Boca dirigentes de carne y hueso que toman medidas, que podrían elegir otra forma de proceder en esta situación? ¿No está el sistema judicial en el que entró la denuncia de Thelma compuesto con personas físicas y reales que tienen en sus manos el poder de alcanzar la justicia, de reparar un poco ese todo del que forman parte?

La violencia de género en todas sus formas no es ni será nunca un problema del ámbito privado. Es un problema intrínseco de la sociedad patriarcal en la que vivimos, en donde hay hombres que se creen dueños del cuerpo de mujeres, de su libertad de elegir, de su sexualidad, que se creen superiores y sobre todo que creen que de lo que hacen con nosotras pueden salir impunes. Es responsabilidad de toda la sociedad aportar desde nuestros lugares para revertir eso, para prevenir donde no haya sucedido y reparar donde sí. Del sistema formamos parte todos y todas. Es fundamental entender y no desligarse de esa responsabilidad. No seamos Boca.

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