¿Virus y racismo o racismo y virus?

El día de 31 de diciembre de 2019, la República Popular China confirmó la aparición de una serie de casos de neumonía de proveniencia desconocida; pero fue recién el 9 de enero de 2020, cuando el Centro Chino para el Control y la Prevención de Enfermedades declaró que el virus al que se enfrentaban no era ni más ni menos que una nueva cepa de coronavirus. Y el 30 de enero de 2020, la OMS finalmente determinó que el brote era una emergencia de salud pública de importancia internacional. Pero los contagiados no iban a ser las únicas víctimas de la pandemia.

La siempre conflictiva relación entre las civilizaciones occidental y oriental cobraría nuevamente un rol protagónico en el escenario político actual. Y esto se traduce en lo que se conoce como orientalismo.

El orientalismo, según el sociólogo alemán Marius Meinhof 1, son aquellos estereotipos que racionalizaron el colonialismo. Es aquel discurso que construye a China como el «otro» de un «nosotros»; de una manera que nos permite desarrollar una identidad positiva sobre nosotros mismos y reclamar superioridad sobre el otro. Este concepto hace referencia a aquellos aspectos de las culturas orientales que terminaron por convertirse en tópicos estereotipados. 

Este tipo de racismo es una problemática que surge en tiempos coloniales, pero llega a nuestros días, bajo la razón de frases como “el virus chino”, utilizado como una estrategia política de ciertos líderes o ex líderes mundiales. Podría afirmarse que existen dos perspectivas para analizar el concepto según la herencia histórica: un orientalismo colonial clásico, que representa a China como exótica o retrógrada, estereotipando a la República desde un punto de vista cultural; y por otro lado, una «guerra fría» orientalista, es decir que surge en el contexto de la bipolaridad internacional, que plantea el estereotipo en base a la política e ideología.

Buscando profundizar en la realidad que nos rodea, contacté al autor, profesor y sociólogo alemán Marius Meinhof.

Primeramente, Meinhof destacó la importancia del orientalismo y afirmó que la pandemia y el COVID-19 no han creado nuevos estereotipos, sino que, por lo contrario, ha dado una nueva interpretación a aquellos en viejos tópicos orientalistas, como respecto la alimentación de la sociedad china y su régimen políticos. La observación de China como un país atrasado y descrito como un fracaso, se ha transformado rotundamente para definir al país oriental como una de las amenazas más importantes para occidente. Incluso, citando a Daniel Vuskovic, quien describió a este «nuevo orientalismo» como “becoming-sameness”. En otras palabras, una táctica política donde la discusión no se enfoca en el fin de la pandemia, más bien, en el fin del Partido Comunista Chino o del gobierno de Xi Jinping, y la amenaza que representa el país asiático al sistema económico actual.

La ausencia de un poder coactivo superior en el sistema internacional provoca que los Estados defiendan, egoístamente, sus intereses y su poder, pero, al mismo tiempo, los obliga a colaborar para el bienestar colectivo y así evitar una continua guerra. El uso del orientalismo o el racismo en las Relaciones Internacionales son un ejemplo de herramienta utilizada por este tipo de rivalidades, sin importar si la población sufrirá las consecuencias por problemáticas políticas o económicas. El racismo, y en este caso más específicamente el orientalismo, ha sido utilizado durante años para mantener un sistema colonial o imperialista en el que una parte de la sociedad es considerada inferior a la otra. Esto ha traído consecuencias sociales, políticas y económicas para comunidades enteras en todo el mundo.

Este último punto obliga a citar, nuevamente, a Meinhof:

“Las personas de China, que son extranjeros en otros países, son probablemente el grupo que más sufre de las hostilidades entre China y Estados Unidos (y con ellos el resto del mundo): son golpeados por el “covid-racismo”. En los Estados Unidos y Australia, podrían ser acusados de ser espías, y muchos de ellos ahora se ven constantemente obligados a confesar que son liberales y críticos con su propio gobierno; al mismo tiempo, los nacionalistas en China acusan a los chinos en el extranjero de ser traidores, de ser demasiado occidentalizados, de huir a la sanguijuela de la riqueza occidental en lugar de construir su propio país […] Incluso a cualquier persona étnicamente asiática, sin estar relacionado necesariamente con la República Popular China, se le exige que critique a China antes de criticar el país en el que vive, donde incluso puede haber nacido”.

Centrándose en Estados Unidos, a través del artículo escrito por Anna Purna Kambhampathy para Time, se ha accedido a una serie de testimonios de jóvenes asiáticos que con gran tristeza y pena cuentan su experiencia y ponen en manifiesto algunos ejemplos de estos ataques de carácter orientalista y racista. Como bien se describe en sus palabras, cada uno de ellos teme al “ir hacer las compras, viajar en subte o trenes o dejar que sus hijos caminen por las calles sin compañía”. Kambhampathy resalta una serie de similitudes entre la situación actual de la comunidad asiática y el contexto de odio y rechazo que la comunidad musulmana sufrió y continúa sufriendo desde el 11S.

No se alejan demasiado de la situación actual de la comunidad asiática. La gran diferencia se encuentra en los gobiernos: mientras que George W. Bush exigía y pedía tolerancia y respeto a la primera comunidad; el Presidente Donald Trump utiliza frases como el “chinese virus” o “Cheng virus”, y logrando, como consecuencia, que los ataques y la discriminación aumenten. El retiro de Estados Unidos de la OMS y su acusación de “conspirar junto a China” es un ejemplo más de las incitaciones del gobierno estadounidense contra el país asiático.

A diferencia de lo que se suele escuchar, Meinhof no considera que la problemática actual se asemeje a una guerra fría y sostiene que no tiene que ver con un choque de ideologías. Lo que hay es una diferencia en la forma de interpretar el deber y la forma que debería tener el sistema internacional. Esto se transforma en ese discurso político racista que ya se ha mencionado, un discurso que lleva a una discusión que ya no está basada en la realidad sino en estos estereotipos.

Este tipo de discurso no busca ser productivo, sino que termina sirviendo a un discurso populista o a gobiernos neo-autoritarios que buscan enfocar la atención del público, distraerlo de los errores o las problemáticas que se están atravesando dentro de la propia gestión.

El orientalismo es una realidad que viene arrastrando a gente desde épocas coloniales y como ya es sabido, la búsqueda de un enemigo exterior real o no se ha utilizado en la historia para promover gobiernos nacionalistas, populistas y autoritarios de todo tipo. Esto podría llevar a la siguiente pregunta: ¿cuál es el destino de la democracia?

El claro uso del soft power para influir en la percepción de la sociedad occidental y en su visión hacia los orientales es un intento más de manipulación a la comunidad nacional e internacional. Tampoco sería la primera vez que el hombre occidental busca justificar su accionar mediante la degradación de seres humanos. Como se explicó anteriormente, el orientalismo, como todo tipo de racismo, es un resultado más del proceso colonial, por ello debería resaltarse aquello que el filósofo Jean-Paul Sartre escribió en el prólogo de los “Condenados de la Tierra” de Fanon:

“La violencia colonial no se propone sólo como finalidad mantener en actitud respetuosa a los hombres sometidos, trata de deshumanizarnos. Nada será ahorrado para liquidar sus tradiciones, para sustituir sus lenguas por las nuestras, para destruir su cultura sin darle la nuestra; se les embrutece de cansancio”.

Notas al pie

1 Meinhof es un filósofo y doctor en sociología alemán que ha dedicado gran parte de su carrera académica al estudio de China. En la actualidad es un investigador asociado en la Facultad de Sociología de la Universidad de Bielefeld, y sus temas de investigación actuales son la gobernabilidad y subjetivación en China desde una perspectiva poscolonial.

Referencias bibliográficas

Kambhampaty, A. P. (2020). ‘I Will Not Stand Silent.’ 10 Asian Americans Reflect on Racism During the Pandemic and the Need for Equality. Time. Recuperado de: https://time.com/5858649/racism-coronavirus/

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