El dueño del rompecabezas

Las dos semanas que separaron a la primera de la segunda vuelta de estas elecciones en Francia no fueron suficientes para terminar de procesar, analizar y entender todas las aristas que asomaron de la manifestación electoral del pueblo francés. En ese contexto, Macron fue capaz de aglutinar a muchos sectores políticos desde el centro y hacia los lados

-moderados- de cada parte del cuadro pero, a su vez, ha retrocedido en importante cantidad de apoyos y tiene el desafío de reunificar a la sociedad gala en un panorama de amplia fragmentación política.

Pero todo este procesamiento de datos, comportamientos y simpatías tampoco puede conllevar mucho tiempo: El 12 y 19 de junio en Francia vendrán las elecciones legislativas, en un sistema particular donde el sufragio presidencial sucede antes que el parlamentario, el triunfo de Macron necesita reafirmarse, o al menos no retroceder, en el momento que se elijan los 577 representantes y se defina el Primer Ministro de gobierno.

Ahora bien, el dilema de cara a la elección y al futuro social, económico y político de Francia es cuántas naciones conviven en una sola. ¿Una Francia rural y una urbana? ¿Nacionalistas a la izquierda y derecha? ¿Europeístas y globalistas abocados a Macron como única opción centrista? ¿Una clase obrera de extrema derecha? ¿Otra derecha cultural que busca reescribir la narrativa identitaria? ¿Jóvenes urbanos y educados hacia la extrema izquierda? ¿Arco político de grandes pactos o pequeños competidores? ¿Élites culturales hacia la izquierda y el ecologismo?

A través del artículo se intenta responder o, en todo caso, plantear respuestas posibles para mapear los posibles futuros políticos de Francia, su realidad interna, su rol en Europa y en el mundo con la palabra1 de Pablo Touzon, politólogo especializado en Francia y director de la Revista Panamá.

Radiografía de urna

No todos los votos ni perfiles de votantes están consolidados, pero empezando desde atrás hacia adelante se pueden descartar los definidos y entender a quienes perdió Macron, a quienes puede recuperar y hacia dónde podría girar su política.

En primer lugar, y más importante, necesita reconstruir su relación con la clase obrera y sectores medios rurales. Pablo remarca que su voto “se avejentó y aburguesó” en clara alusión al amplio margen que tuvo sobre Le Pen en el conjunto de votantes mayores de 60 años, además de como perdió votos de las clases más populares. Y aquí profundiza sobre su talón de aquiles: “Tiene un problema con esa clase obrera blanca de los chalecos amarillos que lo pone como arrogante y elitista, que lo hace parecer a Obama como el hipereducado que se cree mejor que todos, de ahí viene la principal impugnación sociológica y política a su gobierno.”

En la primera entrega sobre estas elecciones, se destaca como la no campaña de Macron y su exceso de confianza acrecentaron esa imagen soberbia, el icónico episodio con un hombre que le pedía trabajo mientras el presidente le responde que lo conseguiría “cruzando la calle” banalizando su situación retrata la desconexión del presidente con temas que le han costado caro como el desempleo, la baja calidad de vida y el poco tacto con los más vulnerables.

Macron se enfrentó a un fenómeno que ya está normalizado: Una extrema derecha que arrasa en el voto rural e incluso puede colarse en la clase obrera. La fragmentación entre urbes cosmopolitas y zonas rurales sigue creciendo al ritmo de la globalización, lo aprovechó Trump y se demostró en las dos elecciones en las que participó, incluso ganando una con menos votos que Hillary Clinton (favorita de las grandes ciudades). El nacionalismo es un refugio para quienes se sienten abandonados al interior del país, tanto en Francia, como en Estados Unidos, Brasil o Inglaterra, entre otros.

Entonces, para pasar al voto lepenista -e incluyendo a los de Zemmour-, se parte desde el campo y se encuentra fuertemente relacionado a los Chalecos Amarillos, una revolucion sin líder, de trabajadores olvidados y perjudicados por políticas ecológicas como el impuesto al diésel o la implementación de la energía eólica. Estos dos puntos fueron debilidades de Macron que Le Pen supo aprovechar -incluyendo en su campaña que cerraría los parques eólicos-.

Desde un discurso y un léxico más simple, el Frente Nacional pareció representar mucho mejor las necesidades de una clase obrera y trabajadores rurales, profundizando además allí su rechazo a las medidas del cambio climático. Tal es así que Pablo describe la agenda verde de Macron como un “eje de dificultad” y “contrario a quienes fueron los chalecos amarillos”, enmarcándola dentro de las problemáticas que afrontan los países más desarrollados en la transición ecológica. Otro gran punto de coincidencia con el trumpismo.

A Macron le fue esquivo el voto rural por sus choques en la protesta mencionada, mucho del electorado popular le fue reticente y además también perdió con el otro nacionalismo de Jean-Luc Mélenchon, en este caso de izquierda. La gran campaña de Francia Insumisa tiene base urbana por sobre todo, con un gran aporte joven -en coincidencia con Pablo, ni para atraer a la juventud le funcionó a Macron la agenda verde-.

A partir de su crecimiento y su consolidación en la izquierda, el arco político francés quedó en gran parte dividido en tres polos. Y si bien Mélenchon no es un desconocido en la política francesa ni un outsider, al repetir balotaje Macron y Le Pen, es el menos analizado y dateado de los candidatos, Pablo precisa que tiene “un voto menos medido” y sus aportes como especialista consolidan una pequeña y valiosa guía sobre Francia Insumisa y su líder:

  • Caló hondo en la juventud y se quedó con la franja de 18 a 25 años que Zemmour apuntaba a sumar al otro extremo.
  • Tuvo un voto educado, con buena presencia en las élites culturales -de gran relevancia en Francia-, desmintiendo también que el macronismo sea un movimiento puramente elitista. 
  • Contó con una gran base parisina de seguidores, en la ciudad del amor y las luces se destaca hacia el este, copando los barrios más populares y zonas densamente pobladas con clases medias culturizadas y también con arraigo popular en el Gran París. En la primera vuelta, en la capital lo apoyó el 30% de los votantes, apenas 5 puntos debajo de Macron.
  • En su personalidad política se destaca adaptabilidad y solidez, como una especie de “Pino Solanas francés, que se mueve como una minoría dentro de una mayoría” transitando en espacios como el comunismo y socialismo pero siendo un integrante libre de esas grandes estructuras, manteniendo su esencia política.
  • Es el gran armador de la izquierda, un sector que llegaba dividido por dentro y que lo tuvo como galvanizador de una crisis y lo posiciona como el líder a pesar de que como él mismo dijo es su último lustro en la política.

Sin dudas que el papel de la izquierda y Mélenchon será muy relevante como tercero en discordia entre el Frente Nacional y el centrismo macronista en las elecciones legislativas. Él mismo ha puesto un techo alto con el puesto de Premier Ministre como norte. Este cargo funciona como un jefe de gobierno francés dentro de su sistema semipresidencialista, establecido por De Gaulle en la fundación de la Quinta República a finales de los ‘50.

Que Mélenchon acceda a ese cargo decantaría en una situación particular, conocida como cohabitación, que sucedió por primera vez en los ‘80 durante la presidencia del socialista Mitterand, con Jacques Chirac asumiendo como premier siendo de un partido opositor. Este “hijo malquerido” según Pablo, puede terminar funcionando como un bipartidismo dentro de un mismo gobierno y para ejemplificar su definición recuerda como “vampirizó” al mismo Chirac, al que le costó varios años llegar a la presidencia -en la que vivió la última cohabitación con Lionel Jospin, del Partido Socialista-.

Hablar de esa posibilidad marca el éxito de Mélenchon, aunque en términos reales Pablo avisa que es bastante difícil pensando que el marco político de Francia tiene un trinomio poderoso, por lo que si Macron repite una buena elección le bastará con blindar su amplia alianza centrista para asegurar un premier afín.

Francia Insumisa: El principal fortalecido de cara a las legislativas. Fuente: Ipsos.

El mapeo de votos no está completamente consolidado, pero arroja claros indicios y patrones que sirven como diagnóstico: Mélenchon acumula un voto joven, urbano y educado que le disputa las grandes ciudades y las élites culturales a Macron. Le Pen construyó una sólida base obrera, con buen aporte rural y desde allí se hizo con las zonas industriales, hoy en caída demográfica, a lo que se suma la costa mediterránea por la influencia de la inmigración desde África. Macron sigue teniendo el control de las grandes ciudades y la costa atlántica, asegurando un gran caudal de votos, alcanza élites económicas, culturales, el voto progresista, europeísta y, además, la ancha avenida del centro sigue llevando su nombre.

¿Y qué votos también pueden alcanzar de los candidatos minoritarios?

Elaborado por Facundo Cruz para La Gente Vota de Cenital

Pactos, caídos y otras piezas

El sistema político francés quedó coptado por lo que Pablo -en palabras de Emmanuel Todd2– resume en tres populismos. Aún así, estos no son los únicos actores y, de cara a las legislativas, será muy interesante seguir los caminos y decisiones de ellos como las de los otros candidatos que no alcanzaron la segunda vuelta.

De ese grupo de eliminados, quien más se destaca por su mediatización, discurso y perfil es Eric Zemmour, el ultraderechista que le dio una mano a Le Pen en su moderación solo con presentarse. Este escritor fue mucho más allá en su programa y basó su campaña en la teoría del gran reemplazo: Nuevas etnias y razas que reemplazarán al linaje francés puro. Pablo precisa en que Zemmour “tiene dos hipótesis: Una política y una sociológica. En la sociológica le fue muy mal, plantea que Francia tiene un problema cultural y étnico más urgente e importante que económico” ahí perdió con Le Pen. “En la política no le fue tan mal, plantea que el apellido Le Pen fue derrotado por octava vez” y no le falta razón para esgrimir el desgaste de la familia y pensar en un “gran movimiento o bloque nacional y jugar adentro en una especie de PASO a ver quien es el futuro líder de la extrema derecha”. 

El 7% alcanzado en primera vuelta no pareció un gran desempeño -teniendo en cuenta que a fines de 2021 se consideraba su posibilidad de segunda vuelta-, y se lanzó a buscar un gran pacto de derechas, incluyendo al ala más conservadora del gaullismo. Esta jugada fue rechazada por el Frente Nacional para evitar la simplificación entre izquierdas y derechas, con un discurso nacionalista que sabe que ha alcanzado algunos votos de Mélenchon.

¿En qué queda el pacto de la derecha? No habrá lugar para una gran coalición, pero el espacio que ocupen el ruralista Lassalle y Dupont-Aignan -siempre cercano a Le Pen- todavía está por verse. La escisión del gaullismo es algo más difícil como bien remarca Pablo, ya que “en ese esquema quedan muy minoritarios, les conviene cerrar con Macron, serían furgón de cola del lepenismo en una base política y socioeconómica armada. Lo poco que tienen lo van a jugar dentro del ala derecha de Macron”.

Del lado de la izquierda la situación es algo distinta, un análisis que deja Pablo en la charla es sumamente ilustrativo: “Hoy el partido más serio en Francia en términos estructurales es el Frente Nacional, que hace 40 años viene haciendo lo mismo” en contrariedad con esta izquierda que surge “como algo más nuevo y hay que ver hacia donde arranca” ya que es una fragmentación “galvanizada por Mélenchon”.

A partir de estos tres apuntes se entiende la importancia de las legislativas y el liderazgo de Mélenchon como político más tradicional y radical. Con pasos por el comunismo y el socialismo, tiene el indiscutible voto masivo en el arco izquierdo y la responsabilidad de consolidar un espacio que pueda disputar la hegemonía centro-extrema derecha entre Macron -y un posible sucesor- y Le Pen -o Zemmour-.

Hay voluntades de acercamiento hacia el ecologismo de Jadot y el comunismo, a pesar de sus pasadas reticencias con el espacio que hoy lidera Fabien Roussel. ¿Qué hará el socialismo? Si bien ya tiene el voto del ala más radical y soberanista, se disputa con Macron la parte más progresista, a la que ya se acercó mediante la juventud. Si bien Pablo también coincide en que lo mejor para el socialismo es pactar con Macron -al igual que para los Republicanos- en ese gran centro, Mélenchon puede haber establecido su punto de partida desde la izquierda para comenzar su camino hacia el centro.

En ese sentido, los roles del socialismo y el gaullismo aún no están establecidos, pero lo más sano para su subsistencia parecería ser permanecer bajo el ala macronista, no hay que olvidar la poca estructura territorial que tiene La República en Marcha -un partido totalmente personalista- para soñar con tomar ese amplio centro si la facción del presidente desaparece una vez que en 2027 ya no pueda presentarse.

El nuevo líder de Europa

Con su reelección no queda ninguna duda, Macron asume un liderazgo europeo tan claro que hasta tiene tintes napoleónicos. Estuvo a la cabeza de las negociaciones con Putin antes del estallido de la invasión a Ucrania y es, desde el retiro de Merkel, la cara visible de Europa en todas las aristas que involucran a la Unión.

El carácter externo es el más firme y claro en Francia luego de la elección, si bien los dos principales competidores tienen un sesgo anti europeísta, se han visto obligados a ceder. Le Pen pasó de un frexit a la necesidad de reformar la Unión desde dentro y Mélenchon ha centrado sus críticas más cercanas a la OTAN y Estados Unidos como líder de occidente que en la UE.

Con Alemania en recambio y en crisis energética por la guerra, Inglaterra por fuera con el brexit y Rusia como factor de unidad en una causa común, la Unión Europea parece revitalizarse en tiempos de multilateralismo para relanzar su rol geopolítico. La guerra habla “de la vitalidad del concepto de la Unión, porque si todos los vecinos de Rusia quieren ingresar demuestra más de lo que parece” y luego Pablo diferencia allí a la OTAN porque Ucrania “no va a ingresar, pero si a la UE”. 

En ese marco, el eje francogermano gira su liderazgo hacia Francia y Macron apuesta a la independencia del continente entre Estados Unidos y oriente -o más bien, China-. En el contexto de guerra actual, Pablo recuerda:

“La vieja idea gaullista de la defensa común de los ‘60 -que es trasversal a todos-, de cuando se fue de la OTAN, incluso se mantuvo cuando volvió Sarkozy. No se hacía porque Alemania no quería salir del consenso interno de no militarizarse tras su reunificación, ahora que esto cambio, los franceses van a apuntar a eso con el apoyo alemán en una Europa menos neoliberal y más geopolítica por la retirada norteamericana de varias partes del mundo y por el ascenso chino.”

Agrega que Francia “intenta siempre ser un actor más y no quedar sumergida en el conflicto, no ser solo un sándwich de la bipolaridad. Van a intentar estar en el campo sin quedar sumergidos en lógicas norteamericanas, sino tener una lógica propia con China”. Esto intentó Macron en la negociación con Putin cuando se sentó en aquella mesa larga, y finalmente su fracaso tampoco le vino mal a Estados Unidos: Occidente se entrelazó en contra de Rusia y el mismo Putin se alejó mucho de Europa, ya sin Merkel como nexo ni Alemania como un aliado comercial (hasta perdiendo el Nord Stream 2).

La relación Biden, sin ser muy estrecha, es claramente mejor que la que tenía con Trump, enfrentándose sobre todo por el abordaje medioambiental. Ambos son los grandes centristas de occidente -casi los únicos puntualiza Pablo- y comparten causas comunes, aunque, sin perder su pro occidentalismo Macron intentará avanzar hacia otras esferas. No en vano fue la ofensiva diplomática francesa luego del acuerdo AUKUS, que le hizo perder un gran contrato con Australia y lo vio marginado de un acuerdo multilateral relevante, mostrando que puede ser aliado de Estados Unidos sin sumirse en sus lógicas.

Semáforo francés: Economía en rojo, sociedad en amarillo y futuro verde

Las demandas del pueblo francés se presentan en orden: El poder adquisitivo fue la principal preocupación de cara a las elecciones según recabó el portal Orden Mundial. Aunque el porcentaje de paro en Francia es el más bajo desde la crisis de 2008, Macron afronta el fenómeno mundial de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo, lo que registra una gran cantidad de trabajadores que viven de un esfuerzo que no alcanza o no les resulta suficiente a finales mes.

El problema, dice Pablo, es la UE en este caso, ya que Francia “no tiene acceso a la soberanía monetaria” al integrar la zona Euro, y deberá “enfrentar la expectativa inflacionaria”. Sobre este tema profundiza muy claramente Jorge Arguello, actual embajador argentino ante Estados Unidos, en su libro “Diálogos sobre Europa”3:

“Al ceder la soberanía monetaria y eliminar los márgenes de maniobra nacionales que da una política fiscal, la eurozona confío ciegamente en los mecanismos de mercado para resolver potenciales problemas dentro de la región” (193; 2015)

Continúa diferenciando entre cómo los países periféricos de la UE basan su crecimiento en el flujo de capitales o inversiones, mientras que los centrales lo hacen a partir de la exportación de bienes y capitales. En esa lógica, Francia afronta dos escollos: 

1) En lo que hace a la relación de exportaciones y PBI, no entra en el Top100 de exportadores con gran peso de ventas para su producto interno, es uno de los grandes exportadores del mundo pero no es una componente esencial de su economía (Aporta casi el 20% de su PBI).

2) La crisis actual, debido a la guerra y la post pandemia, se ha extendido en todo Europa, provocando inflaciones poco habituales en los países de la Unión. La política conjunta y la cesión de soberanía, no solo en una causa común sino también hacia los mercados, deja poco margen de maniobra a un continente que se mueve en grupo y que, además, representa el principal destino exportador de Francia, por lo que esa reacción en cadena podría afectar su comercio exterior.

Argüello entrevista en su investigación a William Cash, periodista britanico especializado en política, donde convergen en la crítica hacia la política one size fits all, una obsesión europea que no contempla las realidades nacionales y mucho menos las intranacionales -la misma que provocó movilizaciones en Grecia y Portugal-. Este punto fue clave para el Brexit del Reino Unido -muy apoyado en zonas rurales inglesas- y muy similar a la reticencia de Le Pen con la UE, ganando así el apoyo de los ruralistas franceses.

Pero no todas son malas noticias para Francia, el país galo tiene un valor muy importante y que toma aún más relevancia gracias al contexto de crisis energética del 2021 -profundizado por la guerra rusoucraniana-: La energía nuclear. Pablo relata que:

“Desde la década del ‘60 Francia decide su política nuclear por soberanismo, lo hace De Gaulle para no depender de los árabes y el petróleo, más que por ecología. Por eso le pesó menos la crisis del ‘73 a Francia por su soberanía energética basada en lo nuclear”.

La similitud entre la crisis del petróleo y la crisis del gas (ruso) tienen un mismo denominador común para Francia, su matriz nuclear -que hoy significa el 70% del consumo de energía nacional-.

Si bien, como se abordó anteriormente, la cuestión energética dentro de su mentada agenda verde ha significado altos costos para Macron, la situación mundial le da una carta fundamental desde la cual sostener su soberanía energética y hacer pie en una crisis que afecta a prácticamente todo el resto de Europa. 

El contexto de crisis y su liderazgo además le proveen la oportunidad exportar energía proveniente de allí como conocimientos en la materia. Este punto es interesante hacia el futuro de la transición ecológica y la relación francogermana, en primer lugar Macron ya anunció la ampliación nuclear en octubre pasado junto a un plan de reindustrialización. En segundo lugar, Pablo recuerda que “Alemania Occidental siempre fue antinuclear”, en coincidencia a las medidas de desnuclearización tomados por la coalición semáforo liderada por Scholz -e influidos por su pata verde, la cual no es tan fuerte en Francia y de todas maneras es macronista-.

El margen económico es escaso, los números no son determinadamente rojos por la crisis pero sí rojos por la urgencia de abordaje para un gobierno que ha sido duramente criticado por su alejamiento popular y acusado de elitista. Los chalecos amarillos fueron la oveja negra de Macron, aún más que la pandemia y su pelea sanitaria, y su relación con la sociedad está en un punto medio que le demandará más temprano que tarde una especial atención. El plan verde, reformado, puede valerle liderazgo continental -incluso mundial en materia ecológica-, exportaciones y soberanía, pero debe ser muy cauteloso en su aplicación a partir de las señales que envían los polos rurales alrededor del mundo en relación a cómo la transición los ha postergado (y como surgieron quienes se aprovecharon de ello).

Désormais

De aquí en adelante las prioridades, opina Pablo, para el futuro inmediato del nuevo/viejo gobierno pasan por “coser todas las fracturas en un contexto económico difícil las fracturas que tiene Francia hacia adentro” y “evitar la cohabitación” con acuerdos parlamentarios. Ese mismo trabajo debe extenderse a la sociedad toda para suturar a una Francia muy fragmentada y dispersa, habiendo sorteado las dificultades que significan la ola de derrotas oficialistas en el marco de la pandemia y la marea de extrema derecha que inunda al globo.

“Despolitizar a la política, pero sobre todo a la sociedad” sintetiza Pablo en un pasaje que también destacó que subsistir al temporal y afirmarse -como uno de los únicos- sobrevivientes de aquellos emergentes de la clase 16/17, algo que puede verse como excepción al ser una crisis nacional que se “procesó desde el centro y no de los extremos”, lo que demuestra que la sociedad francesa no está completamente entregada al surgimiento radical, sino que su estructura política tradicional (socialismo y gaullismo) brindan una base centrista que Macron ha interpretado muy bien para pasar de emergente a un capitán de tormentas.

Su triunfo, menospreciado para Pablo por “analistas franceses disconformes con su gobierno”, no deja de ser claro y darle margen de maniobra para consolidarse y decidir si fortalecer su estructura partidaria o dar un salto hacia Europa en 2027, dejando un país unido y no en manos del nacionalismo radical.

Si, Emmanuel Macron es dueño de todo este rompecabezas, el detalle es que adquirió las piezas sin la caja ni la ilustración de guía, por lo que el encaje de las piezas y su posterior resolución depende más que nunca de su capacidad para gobernar y su habilidad política. Sans pression.

Bibliografía

  1. Entrevista a Pablo Touzon, politólogo especialista en Francia y director de Revista Panamá
  2. Conferencias y entrevistas de Emmanuel Todd en Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=m1x_HjDJQU8&t=20s y https://www.youtube.com/watch?v=GHBosZ4lrqo&t=50s
  3. Argüello, Jorge. “Diálogos sobre Europa: Crisis del euro y recuperación del pensamiento crítico” en Capital Intelectual (Buenos Aires; 2015).

Escrito por

Casi Planificador Comunicacional y Profesor en Comunicación Social por la UNLP. Especializándome en Marketing y Comunicación Política. Fanático del mapamundi.

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