Que deus nos abençoe e nos proteja

El presente artículo forma parte de la segunda entrega de un ciclo que se pregunta sobre la influencia electoral del evangelio en las elecciones futuras en América Latina, en particular en esta emisión se analizará el caso de Brasil. Para interiorizarse sobre el tema, recomendamos la lectura de la primera nota que señala los principales conceptos que brindan luz sobre el fenómeno.

¿Cómo convencer para cambiar la forma de creer? Y a la vez no tanto. El evangelio tiene, sin dudas, en Brasil a su sede central. El crecimiento sostenido de la religión protestante lleva décadas en estas tierras, un fenómeno que le ha ganado tanto lugar al catolicismo que vale la pena preguntarse, aunque el foco continúe siendo la fe en Jesús, como se convence de creer de manera distinta.

Este fenómeno popular tiene un punto de inflexión en los ‘70 cuando el pastor Edir Macedo funda la Iglesia Universal del Reino de Dios, a la cual llevaría a la televisión e inmortalizaría a través de la melodramática y famosa frase ¡Pare de sufrir!. Estas transmisiones tan llamativas fueron el punto de partida para las vías alternativas que el evangelio tomaba para llegar al público y que, a partir de la globalización y nacimiento de las nuevas tecnologías, serán un puente a un nicho que el catolicismo perdía: La juventud.

Este crecimiento exponencial hizo que, desde hace algunos años, el evangelismo se consolide en la disputa por la agenda política en Brasil. Parte de ello ha sido observable en el surgimiento de partidos políticos cuyas herramientas desplegadas les otorgó capacidad de incomodar a los partidos políticos tradicionales. 

Un ejemplo reciente de este devenir lo refleja el ascenso al poder de Marcelo Crivella, obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios que se hizo con la alcaldía de Río de Janeiro en 2016. De ser misionero durante una década en África, a quedar a la cabeza de la segunda ciudad más poblada de Brasil. En ese mismo año, hubo otro factor novedoso: aproximadamente, unos 250 pastores y obispos evangélicos se postularon a cargos de alcalde o consejeros municipales. Por último, en el Congreso Federal hubo un progresivo crecimiento de los escaños en manos del evangelismo, administrados por el Frente Parlamentario Evangélico.

Particularmente, para la nación verdeamarela, su punto de inflexión fue la Reforma Constitucional de 1988, año en el cual se restableció la democracia. En dicha ocasión, el papel determinante para este traspaso de la comunidad evangélica desde su postura apolítica hacia su politización estuvo en manos de la Asamblea de Dios.

Un hermano vota por un hermano: un adepto de una Iglesia evangélica es considerado por los fieles más ‘confiable’ que los demás candidatos.” Así lo define la politóloga de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, Denise Rodrigues. Lo que supone este comportamiento es que la simple pertenencia al evangelismo produce el beneficio de tener asegurada la adhesión de los fieles al momento del voto.

Un caso que manifiesta esta alusión es el de Jair Bolsonaro, actual presidente de Brasil. Atrás en el tiempo (2016) quedó su episodio en las aguas del río Jordán, momento en el que se produjo la ceremonia bautismal por, nada más ni nada menos que, un pastor de la Asamblea de Dios. Lo cierto es que, dos años después, el paulista se convirtió en el primer jefe de estado que ingresa al Palacio de Planalto con un discurso pentecostal. Datafolha dejó por sentada la superioridad bolsonarista en el evangelio en una encuesta: Los votos protestantes fueron en un 69% para el Messias.

Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos.” Con esa frase sembró su campaña y, una vez en el cargo como presidente, en su primer discurso supedita su mandato a la supervisión de Dios. ¿Casualidad? No, para nada. Mucho menos lo fueron sus importantes medidas y declaraciones conservadoras. Y es importante, de cara a los próximos comicios, considerar un factor determinante para su victoria en segunda vuelta. Ella se vincula a la férrea concentración del evangelismo que atraviesa en el país una transición notable. A ello se le suma la división que hubo en el catolicismo, religión que se prevé en declive frente al ascenso del evangelismo.

Punto y aparte para el potencial próximo presidente de Brasil, un viejo conocido. Lula Da Silva, como acérrimo representante del Partido de los Trabajadores (PT), tuvo a mediados del año pasado un acercamiento con el pastor evangélico Paulo Marcelo Schallenberger. Pastor cuyo pasado reciente tiene la candidatura para concejal para San Pablo por el partido Podemos (2020). Ahora bien, esta decisión estratégica del equipo de Lula nos trae novedad en cuanto a los flancos que pretende cubrir (además de que sea el núcleo duro del Messias) y que le sirvan de apoyo para derrotar a Jair Bolsonaro.

Esta relación con el evangelio de Lula no es nueva, ya que mientras era reiteradamente derrotado en su afán por la presidencia durante los ‘90, el famoso Edir Macedo formaba parte de las filas del Partido Liberal (PL), que llegó a coalicionar con el PT. En 2002, el pastor abandonó las filas liberales, aunque su credo apoyó a Lula ese año para llegar a su primer mandato. Vale la mención para el fallecido José Alencar, vicepresidente de las fórmulas de Lula en sus presidencias (2003-2011) y confeso creyente del evangelio.

En enero de 2020 el doctor e investigador en demografía José Eustaquio Alves tuvo un diálogo muy interesante con Infobae, del cual se destacan algunas reflexiones para el caso: luego de afirmar que para 2032 el evangelio desplazará al catolicismo como la principal religión en Brasil, aseveró que “apoyaron masivamente a Bolsonaro y tienen presencia en su gobierno, pero si fracasa probablemente volverán a saltar y apoyarán a otro. Son muy pragmáticos y piensan en los intereses estratégicos de largo plazo de sus iglesias”. Sostiene esta referencia en la huida del barco de Dilma Rousseff luego de su destitución (2016) y al comienzo de una crisis institucional, aunque la misma bien pudo haber comenzado con el llamado kit gay para la educación escolar sobre la homosexualidad.

Nuevamente, Edir Macedo vuelve a escena. El icónico pastor pasó de formar parte de una de las primeras coaliciones de PT de Lula a apoyar firmemente a Bolsonaro en 2018 abriendo todos los pasillos de su televisora Récord para su campaña electoral. Ya como presidente, Jair se lo retribuyó con un pasaporte diplomático.

El retorno de Lula a la arena política brasileña lo obliga a atacar directamente el corazón del electorado bolsonarista. Tal es así que el candidato progresista contó que, durante su periodo de encarcelamiento, miró muchos programas de televisión evangélica. Para pensar esta necesidad de alianza con el evangelio, Felipe Betim destaca en el diario El País un discurso del ex alcalde de Maricá, Washington Quaquá, en el que el militante del PT señala que “Cristo era más próximo de las tesis colectivas, distributivas y de la tolerancia que de su contrario. Pero ésa es una discusión que el PT aún no abrazó”, marcando desde donde podría el Partido cimentar las bases de una unión clave.  

La aproximación del candidato progresista a la religión trae a la mesa un suceso interesante para analizar, no sólo en Brasil sino también proyectando a nivel regional. La posibilidad de deconstruir los valores cristianos como propios del sector conservador alumbra un sendero no menos que sinuoso donde estarán confrontados temas como el aborto, el matrimonio igualitario y la defensa de los derechos de la comunidad LGBTIQ+.

A esta altura del juego, Bolsonaro acelera su narrativa conservadora y condena siempre que puede el aborto legal en cualquier lugar del continente, a sabiendas de que su popularidad en el evangelio decrece tanto por su manejo de la pandemia como por la recesion economica. Y, como si fuera poco, la imagen del Messias es arrastrada por escándalos de corrupción como el del mencionado alcalde Crivella. Es difícil imaginar una moderación bolsonarista, contrariamente, todo indica que radicalizará aún más su posición y alimentará la polarización. O, peor aún, como Jair se siente tan trumpista, ya está convencido de que lo van a estafar con el voto electrónico y alimenta la fragilidad institucional. Por el lado de Lula, el desafío será acercar posiciones entre el progresismo y las masas religiosas conservadoras, incluso hasta coqueteando con la centroderecha para armar una ambiciosa coalición ¿Lo logrará?

Escrito por

Casi Planificador Comunicacional y Profesor en Comunicación Social por la UNLP. Especializándome en Marketing y Comunicación Política. Fanático del mapamundi.

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