Entre conejos, huevos y política

Artículo en conjunto de @sebadokita y @brunodiforti

La Semana Santa es uno de esos periodos del año que, para el mundo católico, lleva consigo una serie de tradiciones y actividades de orden religioso y cultural en todo el mundo. Su larga data de trascendencia la ha convertido, también, en un punto del calendario con un fuerte arraigo sociocultural en Latinoamérica, algo que además no excede al orden de lo político. En ese sentido, si bien el momento litúrgico que se conmemora es, junto con la Navidad, tan relevante como histórico, el propósito de este desarrollo radica en extraer un compendio de sucesos que trascendieron más bien por su connotación histórica y política.

Esta semana, que comienza con el Domingo de Ramos y finaliza con el Domingo de Pascua o Resurrección, ha trascendido por fuera de la religión católica y se ha transformado en una costumbre hispanoamericana (y prácticamente occidental). Los días feriados se han arraigado en el calendario y la cultura de cada país, como por ejemplo en Latinoamérica y Argentina, donde es una costumbre ver, en época de pascuas, un fuerte movimiento turístico.

Hay que realizar una salvedad histórica, que se vincula con el periodo rotatorio de la Semana Santa. Ello se debe a que, originalmente, el pueblo judío celebraba la fiesta de pascua en recuerdo de la liberación de la esclavitud de Egipto, el día de la primera luna llena de primavera. En ese sentido, la fecha la fijaban en base al año lunar y no al año solar de nuestro calendario moderno. De este modo, he aquí la razón por la que la Semana Santa cambia de fechas cada año, ya que se le hace coincidir con la luna llena.

Por otra parte, podríamos afirmar con cierto grado de certeza que, producto de una serie de procesos históricos similares y dinámicas sociales, Latinoamérica adoptó para sí una personalidad cultural definida. Parte de la sociedad de cada uno de los países comparten esta semana el fervor y la religiosidad a flor de piel. 

Es por ello que, para el presente desarrollo, se decidió posicionar el lente en la región latinoamericana para poner de manifiesto lo que representa este periodo religioso y cómo se ve afectado por las decisiones políticas. Para tal fin, se hará un poco de historia sobre sucesos que tuvieron lugar en estos días, mencionando puntualmente un hecho que sucedió en Argentina hace 35 pascuas atrás. Y, a su vez, también habrá un espacio para desarrollar el arraigo que comparte a lo largo y a lo ancho de América Latina la Semana Santa.

Acontecimientos históricos

Plano internacional: Imperio y casualidad, la creación de la OIT en Semana Santa

Transcurría el año 1919 y el mundo se encontraba subsumido en lo que había dejado la Primera Guerra Mundial. Una bisagra en la historia que dio con la firma del Tratado de Versalles, documento que cerró una puerta y abrió otra que, con el tiempo, demostraría ser más tormentosa.

De todos modos, el propósito de traer a colación este suceso histórico se debe a que, en el momento que corría la Semana Santa del año 1919 se produjo la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Su gesta fue resultado de una Comisión de Trabajo previamente establecida por la Conferencia de Paz. Dicha Comisión, presidida por el presidente de la Federación Estadounidense del Trabajo (AFL) y representantes de otros nueve países, dieron con un entramado organizacional tripartito, lo que la convirtió en la única agencia de la ONU con esa forma de organización. En ese marco, había representantes de gobiernos, empleadores y trabajadores.

Desde su creación y hasta la actualidad, la consagración de la OIT bajo los pilares de la promoción de la justicia social, de los derechos humanos y laborales reconocidos internacionalmente han permitido que el organismo contribuye, en varios países, a mejorar la situación económica y las condiciones de trabajo. Es por ello que, cualquier intención de diseñar normas de trabajo o políticas públicas no puede lograrse sin un marco adecuado de cooperación entre gobiernos y organizadores de empleadores y trabajadores.

Plano nacional: 35º de una Semana histórica en Argentina

La celebración de Semana Santa, a diferencia de otras fechas históricas, no tiene arraigo en un día específico sino en un rango temporal entre marzo y abril. La conmemoración de la resurrección de Jesus no tiene una fecha pactada como el día de la Memoria, Verdad y Justicia el 24 de marzo, pero sí tiene una relación intrínsecamente oculta.

Más allá de su cercanía en el calendario, lo que une a Semana Santa y el 24M es, quizás, el último gran intento militar por tomar el poder en Argentina. En 1987 tuvo lugar, la primera de cuatro y más relevante, Levantamiento de los Cara Pintada, un alzamiento liderado por el teniente Aldo Rico, en lo que fue una cruzada en contra del gobierno de Ricardo Alfonsin y la joven democracia argentina.

A fines de 1986, el gobierno radical de Alfonsin promulgó la Ley de Punto Final, que establece un límite de tiempo máximo en el cual se podían juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos por los militares durante la dictadura maquillada bajo el nombre de Proceso de Reorganización Nacional. Básicamente, todo crimen no denunciado antes de diciembre de 1986 quedaba en el olvido.

A pesar de esta sanción, el desfile de los militares hacia los tribunales continuaba. Fue por ello que el descontento de los acusados se transformó en amotinamiento a partir del acuartelamiento de Ernesto Barreiro en la Ciudad de Córdoba, el primer militar rebelde fue acompañado por el cuerpo de su cuartel y dio lugar a la insurrección que tendría como cara visible al mencionado Rico.

Rápidamente, cuando los medios de comunicación informaron lo sucedido, el grueso de la sociedad argentina salió a las calles en forma autoconvocada para repudiar el levantamiento militar -y manifestar toda su voluntad de no repetir la noche más oscura de su historia-. Al gobierno alfonsinista le costó muchas críticas la sanción de la ley de Punto Final, luego acompañada de la Ley de Obediencia Debida (para sobreseer a los militares de bajo rango por “seguir órdenes de superiores”), de parte de la sociedad, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, militantes de izquierda y otros actores sociales.

Luego de apagado el intento de revolución militar, El famoso discurso del presidente en aquel tiempo fue: Felices Pascuas, la casa está en orden, en lo que fue una jugada para apaciguar y enaltecer la tranquilidad de la ciudadanía que, a su vez, le permitió algo más de consistencia institucional a su gobierno, pero tuvo altos costos en su imagen en la sociedad. 

Han transcurrido 35 pascuas desde aquel entonces y, con la derogación de dichas leyes mediante, el orden democratico de la casa criolla debe ser el máximo valor a defender por todo el arco político. Quien iba a pensar que, producto de una pandemia, la recurrencia a la institución castrense devenga en una colaboración sustancial, junto con las fuerzas de seguridad y autoridades civiles, para supervisar la gestión de la incertidumbre que un virus ocasionó desorden en todo el mundo.

Contextualidad política

¿Pueden ser las Pascuas un punto de polarización política? En este punto, se encuentra directamente involucrada la religión, tanto por los creyentes como los agnósticos. Por ejemplo, este informe releva las diferencias entre Demócratas y Republicanos en EEUU a la hora de celebrar las Pascuas. La celebración puede conllevar un trasfondo político en torno a su profundidad, volviendo a la introducción del artículo, entiendo a Semana Santa como una costumbre cultural -sobre todo por sus días feriados- y la congregación familiar detrás de los huevos de chocolate dominicales.

El informe de YouGov profundiza entre la asistencia a la Iglesia, la felicitación a allegados y la simple celebración o no de la festividad. Probablemente, un triunfo del catolicismo por sobre todo es el arraigo de la Semana Santa, resultaría improbable pensar que una gran mayoría de ateos quisiera borrar la fecha del calendario.

En Latinoamérica, solo Uruguay ha efectivizado su laicismo respecto al tema: Desde 1919 sancionó la llamada Semana de Turismo, donde el término oficial respeta el espacio no laborable para las celebraciones y la conmemoración, sin extender su significado religioso al resto de la población.

Uruguay es una excepción en el marco continental sobre la desvinculación de Iglesia y Estado, aunque en los últimos años vienen sucediéndose hechos políticos y sociales que aumentan la brecha entre el catolicismo y las naciones. Por un lado, el rechazo de la legalizacion del aborto -aprobado en Argentina y discutido a lo largo del continente-, con contrapuntos como Guatemala declarándose como capital Provida, mostrando como las disputas politicas en torno a una tematica pueden marcar lo arraigado de la religión en un país y sus habitantes.

Pero el avance progresista en torno a la familia no es el único punto de crisis en el catolicismo, su arraigo cultural y fechas conmemorativas. En ese sentido, el progresivo crecimiento de adhesiones al evangelismo, una manifestación religiosa disidente, es conocida en todo el continente -en Politólogos al Whisky ya se profundizó sobre esta arista, se puntualizó sobre Brasil y próximamente se hará sobre Colombia-.

Para los evangélicos, no todas las celebraciones religiosas se asemejan al catolicismo, a pesar de coincidir en la creencia de la Biblia y de Jesus. En consonancia con el arraigo de Semana Santa al calendario más allá de la creencia, en este blog se describe que el evangelio evita la Cuaresma -como preludio de Pascuas- por su liturgia: 

“(…) algo determinado por la jerarquía de la iglesia. Llega a ser algo mecánico. Es algo que la gente hace porque su iglesia les manda a hacerlo. No encontramos nada en la Biblia que indique que debe ser una jerarquía. A sí mismo, una adoración mecánica es algo frío y artificial.”

Desde dentro de la misma religión, la costumbre cultural de Semana Santa comienza a ser más triunfo a medias de la Iglesia Católica.

En 2019, el pastor Ezequiel Molina Rosario declaró para Z101 -portal digital de República Dominicana- que “Las iglesias evangélicas, que tienen una libertad extraordinaria, cada una lo celebra de una manera distinta, pero conservando siempre el giro alrededor del señor Jesucristo”. La cita resulta muy pertinente para interpretar el avance evangelico y, sobre todo, su fuerte penetración en públicos jóvenes (donde el catolicismo experimenta su caída más prominente). La libertad de celebración e interpretación del carácter religioso es un punto problematizado en el citado artículo sobre el evangelio y la política.

Por su parte, en el caso de Brasil, el país más grande de América Latina, el evangelio tiene un crecimiento acelerado y un rol protagónico en la política. Tomando al Estado de mayor tamaño como referencia, con los puntos aquí mencionados, se abre un interrogante cada vez más necesario de abordar: ¿Pueden el crecimiento evangelico y la liturgia narrativa de Semana Santa combinarse en un punto crítico para una caída del catolicismo en el continente?

La celebración América Latina atravesada por el día de las Américas

La singularidad que tiene la Semana Santa del año 2022 es que coincide con el Día de las Américas (14 de abril). Intentaremos contextualizar esta fecha, trayendo a racconto el qué y el por qué de esta celebración. A grosso modo, en primer lugar se puede destacar que tiene un gran significado para la comunidad iberoamericana.

Su historia tiene nicho en el siglo XIX, en la que el mismísimo Simón Bolívar presentó la propuesta de crear una asociación de países americanos. Producto de esta propuesta nació, hacia el año 1890 lo que se conoció como la Unión de las Repúblicas Americanas. A comienzos del siglo XX tuvo un periodo en el que pasó a llamarse Unión Panamericana, pero duró hasta mediados de siglo, cuando en 1948 se creó formalmente por medio de la Carta y se lo llamó Organización de los Estados Americanos (OEA).

El primer Día de las Américas fue celebrado en 1931, lo que lo convierte en el organismo regional más antiguo a nivel internacional. Y el 14 de abril fue resultante de que en ese día, pero en 1890 se crearon la Unión de las Repúblicas Americanas y su secretaría permanente, la Oficina Comercial de las Repúblicas Americanas. Un dato adicional: Honduras, Guatemala y Haití declararon esta fecha como fiesta nacional desde donde se promueven los principios del panamericanismo. Y, a su vez, esta celebración cuenta con un himno propio, llamado “Himno de las Américas”.

Así las cosas, la OEA tiene como pilares la búsqueda del fortalecimiento de la paz y la lucha contra la corrupción en la región. Actualmente, está integrada por treinta y cinco miembros, de los cuales veintiuno se reunieron en 1948.

Si bien el mencionado organismo internacional es un parteaguas para evitar roces, es  interesante traer a colación que la coyuntura que envuelve a la región latinoamericana no dista tanto del momento de la creación de la OEA. Este se encuentra marcado por ciertos desequilibrios que se erigen en las políticas activas de los diferentes gobiernos. 

Y, lo que se suma a este escenario es la percepción de que la OEA no solo tiene un lineamiento supeditado a los intereses de los Estados Unidos, sino que no encauza eficacia en la resolución de problemas. Ejemplos de su ineficacia se remontan a su respuesta en los sucesos ocurridos en Nicaragua, Honduras y Bolivia.

Es por ello que se vuelve imperante la disposición de una estrategia de alcance regional y en la que los organismos regionales, funcionando como actores con capacidad de influir en un marco de imparcialidad. 

Para concluir, en ese sinuoso camino de la OEA parece transitar también Latinoamérica, con elecciones fragmentadas y presidentes que asumen con muy poca representación en su propio parlamento -caso Costa Rica, Chile, Perú-, polarizaciones como en Brasil, Colombia o Argentina. A contramano de lo que podrían indicar resultados electorales, Latinoamérica no vive un giro hacia la izquierda -ni consolidaciones de derecha- sino que se encuentra en un proceso de constantes cambios y rupturas, acelerado por lo vivido con la pandemia COVID-19, que pareciera ser, más que nada, una era de desgastes y crisis institucionales de las democracias occidentales.

Escrito por

Casi Planificador Comunicacional y Profesor en Comunicación Social por la UNLP. Especializándome en Marketing y Comunicación Política. Fanático del mapamundi.

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