Las transformaciones del movimiento feminista en la sociedades europeas a partir del siglo XVIII

Aún hoy en día se les dificulta a las mujeres la inserción en el mercado laboral, en la política y demás ámbitos. En el 2022, atravesando un mundo de derechos conquistados y por conquistar, es importante saber desde cuándo, cómo y dónde fueron los comienzos de esta militancia interminable. En este articulo se recorrerá las transformaciones del movimiento feminista en las sociedades europeas.

La cultura burguesa fue instalada en el siglo XVIII, basándose en ideales como el trabajo, la propiedad, el orden, la religión y el autogobierno. Sin ir más lejos, acompañaba los valores de la Revolución Francesa: libertad, igualdad y fraternidad (Kocka, 2002), pero… ¿estos valores incluían a las mujeres? Por supuesto que no, estos derechos civiles eran destinados a los hombres.

Para ese entonces, la sociedad era de hombres de carrera, una sociedad burguesa en su estructura, donde se valoraba la ciencia, el desarrollo científico y el sistema capitalista (Hobsbawm, 1997). Los integrantes de esta clase se distribuían en cuatro caminos posibles: el arte, la milicia, la universidad y los negocios. Siempre se necesitaba de recursos iniciales para acceder a estos caminos (sobre todo a la educación), por lo que solo unos pocos privilegiados podían acceder, excluyendo, por supuesto, a las mujeres una vez más. 

Se consideraba que el hombre que no mostraba habilidad para llegar a propietario, no era hombre, difícilmente sería ciudadano… ¿qué era entonces la mujer? “Estos hombres personificaban el capital que demostraba su derecho a gobernar el mundo; sus mujeres, privadas por el dinero de sus maridos hasta de la satisfacción de dedicarse a las tareas domésticas, personificaban las virtudes de su clase: estúpidas (“ser una chica dulce y buena sin preocuparse demás”), mal educadas, nada prácticas, teóricamente asexuales, sin bienes propios y protegidas. Eran el único lujo que aquella época de sobriedad y ahora se permitía.” (Hobsbawm, 1997).

La revolución de 1848-1849 fue decisiva, con la democratización del voto masculino la estructura de la política se transformó en un sistema de notables, en política de masas y de clase. Para estos años, a nivel internacional, las mujeres demandaban la igualdad de género, la no discriminación y el derecho al voto. 

Luego de la primera guerra mundial, la clase media probó ser más fuerte que sus oponentes. La cultura del trabajo y del ahorro, del progreso y del orden se había esfumado. La familia y la división de los roles de género cambió profundamente.

Luego de años donde ni siquiera se nos consideraban ciudadanas, para el siglo XX, transitando un renacer del movimiento feminista, la producción de mujeres en la población activa aumento en distintos ámbitos. Las mujeres casadas entran en el mercado laboral, consiguiendo y luchando por la libertad y autonomía de tener independencia económica. 

La educación pasó a ser un factor condicionante para tener una buena calidad de vida y un lugar más asegurado dentro de la burguesía, las mujeres mandaron a sus hijos a educarse, disminuyendo así la mano de obra infantil (Hobsbawm, 1997). Este factor fue decisivo para que las madres debieran trabajar también para poder llegar a fin de mes. Podemos ver como se dejaban aun afuera a mujeres solteras, consideradas despectivas para la sociedad.

Las mujeres tenían mayor acceso a la enseñanza superior. Para este entonces, tenían posibilidad de desarrollar carreras profesionales, carreras abiertas al talento al igual que los hombres. 

En distintos continentes, el movimiento sufragista llegaba a su auge logrando el derecho al voto femenino. Aparecieron rebeliones contra doctrinas católicas como el divorcio y también la militancia por un aborto legal. Sin embargo, en estas sociedades europeas, quienes integraban los movimientos feministas eran mujeres de la burguesía. Por otro lado, para las integrantes de la clase obrera, en un contexto de derechos conquistados a la cabeza de la burguesía, había aún conquistas más importantes, que fuera de su clase social eran invisibilizadas, como por ejemplo, las pésimas condiciones de trabajo que sufrían día a día.

Haciendo un gran análisis a través de los siglos sobre las transformaciones en cuanto a las mujeres y sus derechos laborales, se puede ver que todo había comenzado en las épocas de proto industria. 

Las mujeres tenían un empleo en sus hogares, ya que este sistema de producción permitía combinar el hogar y el trabajo. Al mismo tiempo, además de su trabajo designado, realizaban trabajo no remunerado cumpliendo con tareas domésticas al estar en el hogar permaneciendo allí las veinticuatro horas del día. 

Para el siglo XX, muchas veces las mujeres eran involucradas al ámbito laboral como una “ventaja” para empresarios ya que la mano de obra femenina era más barata que la de un hombre por el mismo tipo de trabajo. Las transformaciones estructurales y tecnológicas permitieron la posibilidad de empleos en tiendas y oficinas. También, permitieron agilizar tareas domésticas a partir de la mecanización de las mismas, haciendo uso de lavadoras y comidas pre cocinadas. En cuanto a la cultura, los periódicos y revistas empezaban a mostrar por primera vez a las mujeres como personas de éxito. La moda estaba basada ahora en la mujer de negocios y en la mujer deportista (Hobsbawm, 1989). 

Si bien para este entonces los derechos de la Revolución Francesa se estaban extendiendo a la mujer, para algunas aún era un sueño independizarse del hogar y de sus maridos. Permanecía la lucha por la liberación sexual y el derecho de acostarse con quien ellas quisieran.  

En países como la Rusia de Stalin, las mujeres todavía estaban ligadas al seno de la casa, predispuestas a sus maridos que estaban haciendo política. Esto se puede ver claro en la historia de Vladimir Majnach y María Chausova. María deseaba volver a trabajar, pero Vladimir en noviembre de 1935, escribió a María desde Leningrado, donde se encontraba de viaje por trabajo: “¡Querida! Estaré ausente durante varias semanas. Ya te escribiré para darte instrucciones y novedades. Por el momento, lo único que necesito son algunos libros [sigue la lista]… Sería buena idea redecorar el vestíbulo: es un poco oscuro. Eso es todo. Asegúrate de que nuestro pequeño esté seguro y bien cuidado. Y tú cuídate también. Abrígate al salir… Olvida tu sueño de volver a trabajar. Tu lugar ahora está en casa”. Al igual que muchos hombres dedicados a la política, Vladimir creía que su vida familiar debía estar subordinada a sus obligaciones partidarias, ya que para el Partido, su trabajo era más importante que el de su mujer, y por lo tanto la obligación de ella era organizar un «hogar comunista bien ordenado» (Figes, 2009)

Para el año 1990, los porcentajes de participación de mujeres en ámbitos políticos habían aumentado. En este año habían sido o eran jefas de gobierno en 16 estados. Muchas desempeñaron cargos por primera vez, sin embargo, esta llegada mayormente a los parlamentos era por herencia familiar (Hobsbawn, 1989).

En 2016, el 44 % de las mujeres (de 30 a 34 años) tenía educación terciaria o superior, frente al 34 % de los hombres. Un tercio (el 31,4 %) de las mujeres con empleo trabajaban a tiempo parcial, proporción muy superior a la de los hombres (8,2 %), dando lugar a una brecha de género en equivalentes a tiempo completo. De igual forma, la baja tasa de empleo de las mujeres de más edad (de 54 a 64 años) puede reflejar el hecho de que las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de asumir la responsabilidad de cuidar familiares mayores o dependientes con necesidades de cuidados de larga duración, reduciendo su jornada laboral o abandonando el empleo por completo (European commission, 2016).

El movimiento feminista de hoy en día, lleva consigo un pedacito de cada una de estas historias protagonizadas por mujeres. Hoy luchamos, también, por las que ya no están y por un futuro mejor para las que vienen. Perdiendo el miedo al éxito, a la sociedad y a los varones. Transformando las experiencias en militancia. Porque esta lucha perdura en el tiempo, y aún queda mucho camino por recorrer. Para llegar a la igualdad que queremos y ser reconocidas como nos merecemos.

Bibliografía

European commission, 2016.

Figes, Orlando: Los que susurran. La represión en la Rusia de Stalin. Bs As, Edhasa, 2009. (Capítulo 3 “La búsqueda de la felicidad (1932-1936)” subpuntos 1 a 3 p. 233 a 287)

Hobsbawm, Eric: La era de la revolución, Buenos Aires, Crítica, 1997. “La carrera abierta al talento”.

Hobsbawm, Eric: La era del imperio (1875-1914), Barcelona, Labor, 1989. “La economía cambia de ritmo”, “La política de la democracia”, “La nueva mujer”.

Kocka Jürgen: “Las clases medias en Europa”. (Traducción de la cátedra de HSG, FFyL, UBA)

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