La variante Delta en China: guardia alta, vigilancia tecnológica y la mirada de Occidente

Durante más de un año, China vivió en una especie de realidad paralela a la de gran parte del mundo. Mientras muchos países atravesaban diferentes brotes y rebrotes de casos de Coronavirus, el gigante asiático impulsó exitosamente una política de “tolerancia cero” al patógeno. Con la ayuda de la vigilancia tecnológica, el cierre prácticamente total de las fronteras en todo momento y una población que acató en gran medida las restricciones impuestas por el Estado, el Partido Comunista de China logró mantener la pandemia al margen: desde la adopción de las medidas, China no volvió a registrar más de 1.000 casos diarios (ver Gráfico 1). Sin embargo, un reciente descuido en el aeropuerto de Nankín, provincia de Jiangsu, le abrió las puertas a la variante Delta y las alarmas volvieron a encenderse.

Se cree que la filtración se produjo el pasado 10 de julio, mediante un vuelo procedente de Rusia. Tras la llegada de este avión, días más tarde se conoció que nueve miembros del personal de limpieza habían dado positivo. Rápidamente, el virus se propagó por varias provincias y el país volvió a registrar circulación comunitaria luego de meses. Por caso, el pasado 9 de agosto, la Comisión Nacional de Salud informó 143 nuevos casos confirmados, la mayor cantidad desde enero. Sin embargo, en esta ocasión se sumó la particularidad de que se trata de la mutación originada en India, más contagiosa que la cepa original.

Gráfico 1 – Casos confirmados de COVID-19 en China (2020/21)
Fuente: Our World in Data

Ante esta situación, Politólogos al Whisky se contactó con dos argentinos viviendo en China: Salvador Marinaro, un salteño trabajando como docente en Shanghái, y Cecilia Catacata, nacida en Chacabuco y estudiando en Beijing. De este modo, ambos ahondaron en la situación epidemiológica del gigante asiático, las nuevas restricciones impuestas por las autoridades, las sensaciones de los ciudadanos de a pie ante el último brote y las herramientas que utilizó el Estado para contener la pandemia.

Con la guardia alta

Cuando se conoció la noticia de que los casos volvieron a saltar en China, a pesar de que proporcionalmente se trata de un porcentaje ínfimo (según el Partido Comunista, menos de 150 infecciones diarias en una población de casi 1.400 millones), muchos medios reprodujeron la información asegurando que el país había vuelto a imponer cierres copiosos. Sin embargo, lo cierto es que el Estado implementó un sistema de pruebas a gran escala y un aislamiento de la ciudad de Nankín, donde surgió el último brote. 

Cecilia Catacata, de 33 años, llegó a China en 2017 tras ganar un concurso de canto organizado por la Embajada de China en Argentina. De este modo, obtuvo una beca para perfeccionar el mandarín y se instaló en la capital del país, donde actualmente estudia Comercio Internacional. Al ser consultada vía Zoom por Politólogos al Whisky sobre cómo atraviesa Beijing esta nueva situación epidemiológica, contó que, a pesar de la baja cantidad de casos en la ciudad (poco más de 20 activos), las autoridades tomaron recaudos de todas formas.

Cecilia Catacata cuenta su vida en China vía InstagramFoto: Cortesía

“Se trató de reducir la cantidad de empleados que trabajan de forma presencial y se pidió a la población que no salga tanto a la calle. El asiático en ese sentido es súper obediente, entonces se está viendo mucha menos gente en la vía pública”, afirmó. En la misma línea, Catacata también remarcó que se tomaron medidas en torno a Nankín, limitando los viajes y las conexiones con la ciudad.

Por otra parte, la argentina hizo hincapié en la inquietud de gran parte de la sociedad china ante la irrupción de la variante Delta. “La gente volvió a tener un poco de miedo, pero más que nada porque llevábamos casi un año sin casos y con vida prácticamente normal”, exclamó.

No obstante, la joven valoró que durante el último año y medio el país “nunca bajó la guardia a pesar de tener pocos casos”. Si bien el barbijo dejó de ser obligatorio en lugares abiertos, los comercios volvieron a funcionar normalmente y se reanudaron todo tipo de actividades, siempre se mantuvieron los cuidados. “Se continuó con el escaneo de códigos y seguimos usando mascarillas en el transporte público y espacios cerrados”, aseguró.

Para llevar a cabo la política de “tolerancia cero” al virus, el Partido Comunista nunca flexibilizó el ingreso de extranjeros al país. Al día de hoy, todos los programas de turismo e intercambio de estudiantes están suspendidos. Para entrar a China, las personas de otras nacionalidades deben tramitar un visado muy difícil de obtener, pagar costosos pasajes y cumplir con severas medidas preventivas: dos semanas de cuarentena centralizada, otra en un domicilio particular y hasta seis pruebas de coronavirus en total (incluyendo en ellas pruebas de sangre y PCR).

La clave del control

Si bien esta actitud preventiva por parte del país ayudó a contener muchas infecciones, lo cierto es que el exitoso control de la pandemia de parte de China se entiende mayormente mediante los dispositivos de seguimiento y observación a la población. Por medio de WeChat, una aplicación multipropósito china que ofrece servicios de mensajería, llamadas gratis, redes sociales, un sistema de pago online, entre otros servicios, el Estado tiene registro de los lugares que los ciudadanos frecuentan. 

“A través de esta aplicación (que está asociada a los datos de las personas que la usan), se escanean códigos todo el tiempo. De este modo, se sabe en qué ciudades, zonas y hasta en qué comercios estuvieron las personas. Gracias a esa información, se puede rastrear a todos los ciudadanos que coincidieron en un lugar con un positivo de coronavirus para advertirlos y aislarlos”, explicó Catacata. 

En ese sentido, Salvador Marinaro, que es docente en la Facultad de Estudios de Lenguas y Literatura Extranjera de la Universidad de Fudan (Shanghái), coincidió en conversación con Politólogos al Whisky que la política de “tolerancia cero” al Coronavirus fue posible gracias a un “enorme proceso de vigilancia tecnológica”. “Como en Argentina, que está la aplicación CuidAR, pero a una escala de estar entregando información de con quién te reuniste y por donde estuviste todo el tiempo y aplicable a toda la población. Definitivamente, la estrategia fue a través de la tecnología”, sentenció.

China vista desde Occidente

El salteño, que es doctor en Estudio Globales y llegó a China tras recibir una beca académica, reflexionó sobre los cuidados que hay que tener a la hora de informarse sobre el gigante asiático. “En la Argentina hay un sesgo particular sobre China, ya que hay una especie de eco de los medios de las potencia occidentales. Pero también hay algo que se combina con los propios imaginarios que tienen los argentinos sobre cómo debe ser China. Muchos prejuicios”, explicó mediante comunicación por WhatsApp.

Salvador Marinaro es docente en una de las universidades más antiguas y prestigiosas de ChinaFoto: Cortesía

Si bien Marinaro dejó en claro que la censura en China “existe” y “es muy fuerte” (de hecho hay una agencia del Estado dedicada a esta actividad), consideró que “hay una interpretación en Occidente que la libertad de expresión es la única forma que tiene la población de exigir transparencia a los gobiernos”. Y añadió: “Sin embargo, acá hay otra percepción al respecto y otro tipo de pedido de responsabilidad hacia la forma de gobierno”.

Por último, contó que en Shanghái, a pesar de estar muy cerca de Nankín (el epicentro de este brote y una ciudad muy integrada económicamente), “por ahora no sucede nada”. No se aplicó cuarentena, ni cierre de comercios ni limitaciones a la circulación de la población. “Lo único que se estableció es que todos aquellos que pasen por Nankín o una de las regiones más afectadas, deberán hacer cuarentena al retornar”, concluyó.

De este modo, queda en claro cómo China con la acumulación de grandes cantidades de datos, el uso de algoritmos para procesarlos y la interconexión masiva de sistemas logró controlar la pandemia con mucho más éxito que gran parte del mundo (incluido Estados Unidos). Y como bien caracterizan Esteban Actis y Nicolás Creus en su libro La disputa por el poder global, el gigante asiático volvió a demostrar que, mediante la obediencia de su población y la Industria 4.0 (con la inteligencia artificial como elemento central de esta transformación), puede hacer frente a acontecimientos con impacto sistémico como la irrupción del coronavirus. ¿Será la tecnología la clave para continuar con su ascenso como megapotencia?

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