Más que un nuevo presidente: cambios y continuidades en la política de Irán

El nuevo presidente de Irán ya estaba decidido desde el vamos: Ebrahim Raisi, del bloque conservador, que antes de ser elegido por el 62% de los votos,. se desempeñaba como el líder del poder judicial iraní, completamente opuesto a la administración Rohani de tinte moderada, y quien goza de la “bendición” del Líder Supremo Alí Khamenei como presidente y posible sucesor, se transformará en una de las figuras importantes para encaminar un nuevo proceso en la política doméstica iraní.

La gestión de Hasan Rohani, el presidente saliente, ostentó los mejores y peores años en materia política iraní. El boom de los precios del petróleo y el acuerdo nuclear con la administración de Obama quedaron lejos de las condiciones actuales devenidas al recrudecimiento de las relaciones con Washington y la pésima situación económica doméstica. La decisión de Trump de abandonar dicho tratado, sumado a la negligente administración que culminó en una crisis con el aumento de la inflación, una devaluación con respecto al dólar y una caída del PBI (a su vez agravados por la pandemia del Coronavirus), encaminaron a las autoridades de la República a tomar las riendas y permitir un viraje al sector conservador de la política de Irán.

El futuro inmediato de la República Islámica de Irán fue transformar a Ebrahim Raisi en presidente, tal como los pronósticos predijeron y por la decisión del Consejo de Guardianes1 de “moldear” a los candidatos y dejar fuera a grandes competidores como Ali Larijani, que ha sido el presidente del parlamento con el mandato más largo. También se excluyó al vicepresidente Eshagh Jahangiri, que ha estado a un paso de la presidencia durante los últimos ocho años, y al ex presidente Mahmud Ahmadineyad, que tuvo dos mandatos entre el 2005 y 2013. 

En este sentido, esta controversial y criticada decisión dejó el camino claro para que Raisi hoy se transforme en el octavo presidente posterior a la revolución de 1977. Al respecto, cientos de iraníes en el país y en el extranjero, incluidos familiares de disidentes asesinados desde la revolución iraní de 1979, han pedido un boicot electoral. El hashtag #NoToIslamicRepublic ha sido ampliamente tuiteado por iraníes en las últimas semanas.

Para conocer a Ebrahim Raisi hay que remontarse a la década del ‘60, donde nació en Mashhad, la segunda ciudad más grande de Irán, y en su adolescencia estudió con el Líder Supremo y participó en las revueltas contra el sha. En 1981 fue nombrado fiscal de Karaj y cinco años después fue fiscal en Teherán. Posterior a la guerra con Irak, en 1988 fue nombrado por el entonces Líder Supremo Khomeini para conformar una “Comisión de muerte” en la cual se buscaba eliminar cualquier disidente a la República Islámica.

A partir de la gestión de Ahmadinejad Raisi en 2009 comenzó a escalar posiciones en el entramado de poder de Irán y llegó a ser fiscal general de este país. En el 2016 fue encomendado para ser custodio de Astan Quds Razavi, quien administra el santuario del Imam Reza en Mashhad y actualmente se desempeña como subjefe de la Asamblea de Expertos, órgano consultor del Líder Supremo con 88 clérigos en sus filas. Además, participó como competidor de las anteriores elecciones presidenciales que le dieron un nuevo mandato a Rohani y finalmente obtuvo el permiso para consagrarse como presidente de la República. 

Esta elección es atípica y se contradice con la historia reciente iraní, a pesar de que en el proceso de selección de candidatos en el pasado hubo una suerte de competitividad respetando facciones y grupos. En esta ocasión fue el Consejo de Guardianes, bajo la tutela de Khamenei, el que allanó el paso para la rama conservadora. En este sentido, la ciudadanía y los principales contrincantes desafectados de la contienda electoral llamaron a boicotear las elecciones, lo que condujo a una apatía generalizada de la política para la generalidad de la población irani. En este contexto, se preveía que el nivel de participación en estas elecciones sea bajo, y así fue, los números son contundentes: la agencia de noticias semioficial iraní Fars informó que el 49% de la población acudió a las urnas, lo que implica un fuerte descenso respecto a las elecciones del 2017, donde el 70% de la población iraní participó. 

La decisión de coptar y encaminar las elecciones a Raisi tiene dos visiones. Por un lado, están los que dicen que Khamenei está preparando a Raisi para ser su sucesor como él mismo lo hizo con el ayatolá Ruhollah Jomeini en 1989, después de haber sido presidente. Según esta opinión, si Raisi se convirtiese en Líder Supremo, su “falta de credenciales” revolucionarias y religiosas le obligaría a depender de la oficina del líder saliente que conllevaría a una especie de gobierno en la sombra en el que el hijo de Khamenei, Mojtaba, es una pieza clave. Por otro lado, algunos afirman que seleccionar a Raisi sería llevarlo al fracaso y al olvido: implicaría enfrentarse a un entramado más complejo de decisiones y dependencias ocupando el rol de presidente, sumado al desgaste por una administración que desde el inicio presenta grandes desafíos en lo doméstico y en el exterior, erosionarían la imagen de Raisi y le permitiría al líder elegir a su sucesor preferido.

Superando este debate que tiene sus pros y contras, pero dependen de un futuro que no pasó,  se establece que el mandato de Raisi no opondría grandes desafíos para el entramado de poder en Irán y los cambios que se presuponen en la República. Khamenei es consciente que su mandato como líder, y por consiguiente su vida, terminará y quiere aclimatar las estructuras de Irán en pos de mantener el poder de su familia. Desde ya hace varios años se sondea la idea de transformar el sistema presidencial iraní a uno parlamentario, y aún más, abolir la figura de Líder Supremo a un consejo que tome las riendas del poder real en Irán. Como expone Ali Vaez:

“Un sistema parlamentario reduciría las fricciones entre los cargos del líder supremo y el presidente que existen actualmente en la bifurcada estructura política de Irán y facilita que un parlamento receptivo pudiera destituir y sustituir al jefe del ejecutivo. De este modo, una de las instituciones representativas clave del sistema -su ejecutivo- ya no podría desafiar a sus teocráticos no elegidos, reforzando el control del líder supremo”. 

Raisi se enfrentará a una situación interna compleja. Tal como se mencionó en líneas anteriores, la economía irani se desplomó y la calidad de vida de los ciudadanos fue en deterioro, lo que provocó una gran ola de insatisfacción con la gestión saliente y grandes protestas en las ciudades más importantes del Estado. Por su lado, la respuesta del gobierno no se hizo esperar y hubo grandes y sangrientas represiones hacia los manifestantes. 

En números concretos, desde 2018 se evidenció una contracción de la economía a un 12%, su renta real per cápita en un 14% y las exportaciones de petróleo del país en un 80%. El impacto de las sanciones, exacerbado por la pandemia de Coronavirus, ha provocado una de las peores crisis económicas de la historia del país, con una tasa de inflación que alcanza el 50%.

La Encuesta de Ingresos y Gastos de los Hogares de Irán, administrada por el Centro Estadístico de Irán, muestra que la tasa de pobreza absoluta del país aumentó un 11% entre marzo de 2018 y marzo de 2020, mientras que el nivel de vida medio cayó un 13% a nivel nacional. La moneda perdió casi una cuarta parte de su valor, lo que hizo que el salario mínimo cayera de 260 a casi 70 dólares al mes. En 2017, el 27% de los iraníes no pudo satisfacer el requisito nutricional básico diario de 2.100 kilocalorías, y la proporción de la población que sufre de esta privación aumentó al 40% en 2019. En este periodo, las familias iraníes disminuyeron sus gastos en educación y entretenimiento en un 30% y un 32%, respectivamente.

En este camino, Raisi tiene que enfrentar dos problemas que se interrelacionan: la deficiente situación y administración económica y el descontento y la frustración social de la ciudadanía con la élite política de la República. Pero también, por su parte, el plano exterior seguirá siendo igual de complejo que la administración Rohani. 

La relación con occidente necesita enmarcar lazos de entendimiento para revitalizar el posicionamiento internacional de la República y no caer en un aislacionismo como se hubiera imaginado. Irán deberá prevalecer en Viena en el marco de las negociaciones por el Acuerdo Nuclear, en las cuales se juega parte del destino político, diplomático y económico del país.

Durante su campaña, Biden prometió salvar el JCPOA y nombró a un enviado experimentado, Robert Malley. Pero el tiempo para avanzar antes de las elecciones iraníes era corto y el equipo de Rohani, dirigido en Viena por un viceministro de Relaciones Exteriores, ni siquiera tenía permiso para sentarse en la misma sala que los estadounidenses a medida que se acercaban las elecciones presidenciales. Esto, sumado a la falta de entendimiento entre las delegaciones estadounidenses e iraníes, dificultan el proceso de negociación del Acuerdo y hoy las esperanzas de revitalizar el mismo son modestas.

Otra cuestión fundamental para la nueva administración es el contrapeso político y estratégico que plantea Israel, y en cara a la nueva administración del primer ministro Bennett, se plantea como incógnita si se mantendrá una estrategia hostil hacia Tel Aviv o puede plantearse un futuro diferente para la región.

Pero más allá de todo, la relación con el exterior parece quedar en un segundo plano con respecto a la situación en el seno del Estado. Una buena relación con occidente sería fundamental y beneficiosa para Teherán, considerando que se pudo evidenciar durante estos años de convulsiones y enfrentamientos que la administración ha podido sortear la estrategia de máxima presión de los Estados Unidos y mantenerse a pie a pesar de las complicaciones que esto contrajo.

En este punto y para finalizar, Irán con la nueva administración debe transitar un camino de profundos desafíos. Raisi promete poner “la casa en orden”, pero a su vez se toma noción de los planes del Líder Supremo que implicarían una serie de cambios fundacionales de la República que se consagró en la Revolución de 1977 y que plantearía una profunda reforma de las estructuras más importantes de la maquinaria política del Estado iraní.

Notas al pie

1 Para comprender el rol del Consejo de Guardianes y el funcionamiento de la República Islámica se recomienda ver: Al Jazeera: Gerald Tan explains Iran’s political power structure  y leer: The structure of power in Iran.

Escrito por

Licenciado en Gobierno y Relaciones Internacionales UADE Maestrando en Defensa Nacional UNDEF Especializado en cuestiones nucleares y Medio Oriente.

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