Una zona de promesas y sacrificios: ¿Qué pasa con el litio en Argentina?

El lunes 1 de marzo el presidente Alberto Fernández inauguró el 138° período de sesiones ordinarias del Congreso de la Nación pronunciando un extenso y encendido discurso con el que se desmarcó de la gestión anterior al mismo tiempo en que explicó el camino a seguir. El objetivo principal del gobierno es claro: recuperar un sendero de crecimiento sostenido que se encuentra ausente en el país desde hace más de una década: según cifras del INDEC, el PBI cayó un 9,9% en 2020. La idea no es solo recuperar lo perdido, sino aprovechar el impulso de la reactivación en pos de crear un círculo virtuoso que permita recomponer los salarios y generar nuevos puestos de trabajo.

Es ahí donde entra en juego una industria que, si bien se encuentra en una fase temprana, muestra señales de crecimiento bastante prometedoras. En su discurso Fernández nombra varios conceptos, casi de pasada: litio, movilidad sustentable, cadena de valor. Mientras que estas menciones pueden parecer secundarias en un discurso tan prolongado, el hecho de que estén incluidas en la agenda del gobierno les otorga un esperado reconocimiento como parte del futuro escenario político. Es probable que uno haya escuchado sobre el litio y sus usos alguna vez, pero para comprender mejor sus propiedades y potencial estratégico es ideal familiarizarse con ciertos conceptos.

En Argentina, la gran mayoría del litio se encuentra en las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca, en forma de salmuera debajo de los salares. Este líquido contiene numerosas sales que se decantan sucesivamente en grandes piletones gracias a la evaporación del agua hasta obtener la materia prima deseada: el carbonato de litio. Finalmente, este material se exporta a los países que lo utilizarán para fabricar el producto que todos conocen: la batería de ion de litio. Otro dato fundamental a destacar es que la Argentina contiene el 17% de las reservas de este mineral a nivel mundial, detrás de Bolivia (30%) y Chile (21%). Estos tres países conforman el denominado “triángulo del litio”, una región que contiene el 68% de todo el litio del planeta. Se trata de una cantidad nada despreciable, aunque la extracción es aún reducida: según datos de la Secretaría de Minería del Ministerio de Desarrollo Productivo, hoy en la Argentina hay apenas dos minas de litio en operación, una en construcción y 18 proyectos avanzados; y a pesar de poseer el 17% del litio mundial, nuestro territorio cuenta con solo el 7% de los recursos mundiales dedicados a su extracción, colocándose por detrás de países con menores reservas como China y Australia.

Si se mira la participación del litio en las exportaciones del país (un 0,2%), actualmente es ínfima en relación a, por ejemplo, la del complejo sojero (27,1%). Pero un fuerte aumento de la demanda proyectado en los próximos años y la formación de una cadena de valor en territorio local podrían hacer del litio una actividad con más peso en la economía nacional. En diciembre del año pasado, desde la Secretaría de Minería de la Nación se dieron a conocer proyecciones prometedoras: al cabo de una década, las exportaciones del sector del litio aumentarán alrededor de diez veces su tamaño hasta alcanzar los USD 2100 millones. En un país que sufre de una constante restricción externa, esta cifra es más que prometedora. Debido a la fluctuación en los precios de los commodities agroganaderos, poseer una mayor diversidad de actividades generadoras de divisas se coloca como una prioridad para las perspectivas de crecimiento futuras.

Sin embargo, las proyecciones de la Secretaría de Minería pueden variar ampliamente según el enfoque puesto en el camino del litio. Este, como cualquier proceso extractivo, está compuesto por múltiples fases, que van desde la extracción de la salmuera de litio en los yacimientos hasta la fabricación de la batería gracias a la cual estás leyendo esto. Este hecho no es trivial, ya que es la cadena de valor la que define el potencial de la exportación de este mineral. No es lo mismo exportarlo en bruto que encargarse de su refinamiento y crear industrias que puedan desarrollar y producir baterías en el territorio nacional. El segundo caso no solo podría generar una mayor entrada de divisas, sino también ofrecer una senda hacia la independencia tecnológica, la creación de más puestos de trabajo y una mayor demanda de mano de obra calificada. Además, leído en clave regional, este proceso brindaría una oportunidad de desarrollo a una región históricamente relegada al segundo plano como lo es el Norte Grande, recientemente relanzada y explicada por Dana Sager en este artículo.

Aunque la actividad litífera pueda parecer esperanzadora, no todo es color de rosas. Es imposible imaginar un futuro ideal sin antes cuestionar el modelo de extracción transnacional y dependiente, junto con las graves consecuencias socioambientales que conlleva a causa de la inexistente regulación. Actualmente, la soberanía sobre la extracción del metal es muy limitada. A pesar de iniciativas estatales como JEMSE (Jujuy Energía y Minería Sociedad del Estado), la gran mayoría de la actividad pertenece a empresas extranjeras como la estadounidense Livent (ex FMC, en el salar de Hombre Muerto) y la australiana Orocobre (en el salar de Olaroz), que operan con total libertad y escasa supervisión oficial. 

Esta situación en donde prima la desregularización ha conducido a un acentuado declive socioambiental. Cabe recordar que el proceso de extracción precisa grandes cantidades de agua para decantar las sales en los piletones. En una región de alta escasez de este bien como la Puna, su uso desmedido está llevando al desplazamiento forzoso de la población local, creando terrenos denominados “zonas de sacrificio”, que han quedado desérticos e inhabitables debido al alarmante estrés hídrico. Además, luego de obtener la sal deseada, las restantes son desechadas en el lugar, junto a los piletones y sin tratamiento alguno. Expuestas a los fuertes vientos, estas se trasladan causando efectos perjudiciales a la agricultura y ganadería cercana. Por otro lado, casi la totalidad de la exportación es primaria: las empresas se llevan el carbonato de litio sin procesar, generando un valor agregado casi nulo para el país. El camino finaliza con la compra del producto final a los países centrales que lo fabrican; esto es, a un precio mucho mayor, generando un marcado déficit comercial para el sector.

Aclarada ya la situación actual, cabe preguntarse: ¿Qué incentivos hay para revertir esta situación y profundizar la inversión sustentable en el área? Si se analiza la cuestión en un contexto global, aunque el ritmo del cambio no sea vertiginoso, es evidente que el mundo se está moviendo en dirección a un futuro más sustentable. Según una encuesta realizada por Poliarquía en mayo de 2020, casi 9 de cada 10 argentinos consideran al cambio climático una amenaza para el presente o futuro, mientras que en muchos otros países los números son similares. Esta cuestión de a poco hunde sus raíces en el sistema actual: del lado de los individuos, en forma de cambios en los patrones de consumo; y del de las autoridades, con legislaciones e incentivos. 

Un ejemplo de este cambio se encuentra en la industria automotriz. La demanda de baterías eléctricas asciende año tras año en todo el mundo, ya que no solo atienden las necesidades de la industria de dispositivos portables, sino que cada vez son más utilizadas para vehículos eléctricos y almacenamiento de energía renovable. En países como Alemania, India o Japón, este cambio es impulsado por políticas gubernamentales que planean prohibir la venta de motores de combustión interna (es decir, alimentados por combustibles fósiles) a partir del 2030 o 2035, ofreciendo a la vez incentivos para la producción y el uso de medios de transporte sustentables. 

El rápido progreso de la I+D en el área, estimulada por este tipo de medidas, acelera cada vez más la adopción masiva de vehículos eléctricos personales, acercando las nuevas tecnologías a las principales demandas de los consumidores: precios accesibles, mayor autonomía y menor tiempo de carga. Para observar de cerca la importancia del sector público en la transición, no hace falta más que cruzar la cordillera. Chile ha comenzado a electrificar la totalidad de su transporte público, con la intención de terminar antes de 2040. Más de 1000 buses completamente eléctricos operan actualmente como fruto de una fluida relación comercial con la automotriz china BYD con Santiago como eje para este ambicioso experimento.

Tras observar el panorama global, es fácil deducir el potencial futuro del litio. Entonces, ¿dónde se encuentra parado el gobierno presente? Previamente se vió que la Secretaría de Minería proyecta un veloz crecimiento para esta industria, pero el cumplimiento de toda proyección depende del despliegue de señales y acciones concretas. Desde el Ministerio de Desarrollo Productivo se puede observar un primer acercamiento. Durante los primeros meses del año, el ministro Matías Kulfas hizo público el interés del gobierno por el crecimiento del sector. En febrero firmó un memorándum de entendimiento con la automotriz china Jiangsu Jiankang Automobile, en el cual se enmarca un acuerdo para la fabricación de buses urbanos eléctricos y baterías de ion-litio similar al de Chile. Luego, en sintonía con el discurso presidencial del 1ro de marzo, difundió entre las cámaras y gremios automotrices del país un primer boceto de la ley de electromovilidad que, entre otras cosas, fija el año 2041 como límite para la producción de motores de combustión interna. Debido a la escasez de diálogo entre las partes, el proyecto de ley no fue bien recibido por el sector, pero a pesar de esto la intención es lograr las modificaciones necesarias para poder enviarlo al Congreso. 

El ministerio que preside Kulfas es el más activo en el tema, pero no todo acto provino de él. Asimismo, el canciller Felipe Solá se reunió con su par boliviano para delinear una estrategia común en cuanto al litio de la región. Por otra parte, el último movimiento de Nación fue la conformación de la Mesa Nacional del Litio junto a las provincias de Jujuy, Salta y Catamarca, en un intento de articular una visión general para avanzar en el desarrollo industrial, científico y tecnológico vinculado con el elemento.

Como demuestran sus últimas acciones, el interés del gobierno por el litio es claro. No obstante, es difícil estimar el grado de protagonismo que tendrá en el futuro próximo de la agenda nacional, ya que dependerá de la perspectiva que se adopte sobre el mineral. ¿Será visto como un canal para la recuperación y el desarrollo regional? ¿O se tratará de un apéndice en los lineamientos generales para el rumbo del país? Cuando el presidente expuso a comienzos de año en el reconocido foro de Davos (donde se reúnen las principales figuras empresariales del mundo junto con considerables líderes políticos), afirmó que “hay condiciones para que la Argentina asuma el rol de liderazgo en materia de electromovilidad con un marco legal robusto que estamos diseñando”. 

Las promesas abundan. Sin embargo, la falta de hechos y decisiones concretas mantienen, tácitamente, un vacío legal y ambiental que es aprovechado por los grandes jugadores, en detrimento de las comunidades locales y el ecosistema del altiplano. Abrazar una lluvia de proyectos mayormente primarios y riesgosos no es algo libre de juicios. Es cierto que la pandemia puso sobre la mesa otras prioridades, pero la urgencia de implementación del marco legal es alta si el objetivo del gobierno es evitar la perpetuación del modelo litífero actual. El entusiasmo oficial se hace notar; pero el salto a la acción, por ahora, es limitado. Mientras tanto, el reloj corre.

Referencias bibliográficas

Delbuono, V., Such, T., Toledo, E., Jerez, D. (2017). Informe especial – Mercado de Litio. Dirección de Economía Minera – Ministerio de Energía y Minería de la Nación, Argentina. Recuperado de: http://informacionminera.produccion.gob.ar/assets/datasets/marzo_2017_-_informe_especial_litio_.pdf 

López, A., Obaya, M., Pascuini, P., Ramos, A. (2019). Litio en la Argentina: oportunidades y desafíos para el desarrollo de la cadena de valor. Banco Interamericano de Desarrollo. Recuperado de: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/bid-litio-final.pdf 

Nacif, F. (2020). Litio en Argentina: dos décadas de explotación. FARN, Argentina. Recuperado de: https://farn.org.ar/iafonline2020/articulos/5-3-litio-en-argentina-dos-decadas-de-explotacion/

Un comentario sobre “Una zona de promesas y sacrificios: ¿Qué pasa con el litio en Argentina?

  1. El proyecto es viable .siempre que se cuide lo ambiental. Y la necesidad de las personas con acceso al agua ..me pareció muy interesante lo expuesto por el estudiante de economía Santiago Frenkiel

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