La insurrección de las mariposas: Día Internacional de la violencia contra las mujeres

Corría el año 1930 y Rafael L. Trujillo Molina comenzaba una escalada hacia lo que sería su dictadura, causante de un hito histórico desgarrador para todo el pueblo dominicano. Sin embargo, había algo que no preveía: se tendría que enfrentar a Las Mariposas. Minerva, Patria y María Teresa Mirabal eran tres de las cuatro hijas de Enrique Mirabal y Mercedes Reyes Camilo. Fueron criadas en un hogar rural en el municipio de Salcedo que, con la llegada de Trujillo al poder, lo perdería todo.

Las Mariposas creían fervientemente que el régimen del dictador llevaría al país a la ruina, por lo que se asociaron a la organización guerrillera de izquierda “14 de junio”. Es allí donde se las reconocerá como Mariposas, ya que Minerva utilizaba ese pseudónimo para identificarse en los asuntos políticos. Las hermanas, junto con sus maridos, eran las cabecillas de la agrupación, es por ello que más de una vez quedaron bajo arresto. Pero ellas no solo fueron privadas de su libertad, sino que también torturadas y violadas reiteradas veces mientras yacían en cautiverio. Es allí donde se deja entrever un tipo de violencia que atañe específicamente a la mujer, el cuerpo visto como territorio de guerra, como sitio para ejercer terrorismo de Estado.

A pesar de todo el dolor y el sufrimiento, las hermanas Mirabal no dejaron de luchar y es por ello que perdieron la vida. El 25 de noviembre de 1960 fueron encontradas muertas dentro de un auto en el fondo de un barranco. Momentos antes, un equipo enviado por el dictador las habría matado a golpes y metido dentro del vehículo para simular un accidente. Mientras Trujillo creía que así se terminaría su calvario, este accionar llevaba en su génesis la semilla de su propia perdición, puesto que el avasallamiento a la vida de Las Mariposas le pondría un rostro visible a las calumnias generadas por su régimen. En mayo de 1961 el pueblo decide ponerle fin a la vida del dictador; la pérdida de las hermanas Mirabal había sido la gota que rebalsó el vaso.

Veinte años más tarde, en 1981, se celebró en Bogotá el “Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y el Caribe” donde se decidió asignar al 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, en memoria de Patria, Minerva y María Teresa. Luego, en 1993, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Declaración Sobre la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer a la que definió como “Todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vida pública o en la vida privada.” (Art. 1).Finalmente, en 1999, la ONU apoyó que el 25 de noviembre sea, de manera internacional, una jornada de reivindicación a través de la resolución 54/134.

Aunque todas las mujeres pueden sufrir violencia de género, no todas la experimentan de la misma forma y algunas son particularmente más vulnerables, ejemplo de ellas son las que se encuentran dentro del grupo lgbtiq+, las migrantes, refugiadas, entre otras. Del mismo modo, también es importante reconocer que la violencia se deja ver en diferentes esferas y que no solo se reduce a la agresión física. Esta misma se puede plasmar, por ejemplo, en discursos que reproduzcan la naturalización de conductas nocivas hacia la mujer, como la polémica frase esbozada por el presidente chileno Sebastián Piñera, el cual aseguró que “A veces no es solamente la voluntad de los hombres de abusar, sino que también la posición de las mujeres de ser abusadas”.

La expresión más extrema de la violencia de género es el femicidio, que se reconoció como tal y se insertó dentro del Código Penal argentino en el año 2012. Las muertes por causa de género eran una realidad ignorada e inclusive romantizada, puesto que comúnmente se conocían como “crímenes pasionales”. Si bien la conquista de los derechos de las mujeres se ha desarrollado de una manera formidable a través de los años, pareciera que el Estado muchas veces queda un paso atrás. Recién en el año 2015 éste hizo un registro nacional de femicidios, mientras que la organización “La Casa del Encuentro”, ante la falta de políticas públicas, comenzó a desarrollar su propio observatorio desde el año 2008, siendo la única fuente de datos confiables  durante siete años. 

Sumado a esto, aún hoy existen normas y políticas que accionan mecanismos que generan mayores desigualdades, como por ejemplo la condena a la interrupción voluntaria del embarazo, las trabas para el acceso a la educación en diversos países, ablaciones genitales, entre otras. Es pertinente destacar que las estadísticas no son solo números, sino que representan vidas, vínculos, sueños y un sinfín de cosas detrás. Así como el asesinato de las hermanas Mirabal dejó a cinco niños sin madre, en los doce años transcurridos desde el 2008 hasta el 2019, 4.058 hijas e hijos en Argentina sufrieron la misma pérdida a causa de la violencia machista. 

Según estudios de la ONU, mundialmente, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental. Asimismo, solo el 52% de las mujeres que viven en pareja decide libremente sobre sus relaciones y salud sexual. En 2017, una de cada dos mujeres asesinadas fue víctima de una pareja (formal o no) o miembro de su familia. Estos datos pueden parecer abrumadores, pero son solo una porción de lo que a diario mujeres y niñas tienen que vivir en carne propia. Es necesario darle una entidad y categorización para poder hacerlo visible. Es por ello que un día como este debe ser utilizado como un mecanismo de concientización y reclamo, ya que su objetivo no solo es llamar la atención sobre la desigualdad, la discriminación y las distintas formas de violencia, sino también exigir la implementación de las políticas públicas que aún faltan para prevenirla y poder erradicarla. 

En honor a Minerva, Patria y María Teresa, a su hermana Dedé por contar al mundo su historia. A Micaela García, Candela Sol Rodríguez, Lucía Pérez, Diana Sacayán, Wanda Taddei, Natalia Mellman y a todas aquellas mujeres que la violencia machista se llevó consigo y nunca más devolvió. A las que sufren todos los días sus consecuencias, a las que luchan por transformar el mundo. A todas las mujeres. 

Ni una menos, ni una más.

Escrito por

Estudiante de Sociología (UBA). Feminista, entre otras cosas.

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