Luciendo mal: Fast Fashion y COVID-19

Disclaimer: antes de leer este artículo, se recomienda ver The FAST FASHION trap & how to escape | #whomademyclothes por Justine Leconte y/o Fast Fashion Explained In Under 5 Minutes por Kristen Leo

Se denomina compañías fast fashion a aquellas que realizan recambios de colecciones a tiempos acelerados, proveen un gran surtido a precios reducidos. Entre las más conocidas se encuentran ZARA (grupo Inditex), H&M, Forever 21, Boohoo, Misguided, T.J. Maxx, L Brands (Entre ellas Victoria’s Secret), Fast Retailing (Uniqlo), Topshop, Primark, GAP, Nike, Adidas, etc.

El boom del segmento, heredero del pret-a-porter, se dio durante los 90’ y 00’ caratulándoselo como una “democratización de la moda”, ya que permitía acceder a prendas con estilo similar a las de las grandes pasarelas a cambio por muy poco dinero. Sin embargo, este rótulo es, por lo menos, engañoso.

La única manera de garantizar estos precios irrisoriamente bajos es recortando costes, al realizar outsourcing de casi toda su producción a talleres de explotación laboral conocidos como sweatshops. Estos están ubicados en países del tercer mundo, donde el nivel de vida es extremadamente bajo, hay poca o ninguna seguridad social ni control gubernamental de las condiciones de trabajo y la sindicalización es inviable.

Pero no sólo se externaliza la producción sino el riesgo. Al subcontratar, las empresas se desligan de responsabilidad legal para con los empleados, por lo que no debe asegurarse que las instalaciones se encuentren en condiciones, no haya niños trabajando en las plantas, los sueldos sean dignos y pagados -según un informe de Salarios Dignos de la campaña Ropa Limpia, ninguno de estos alcanza para cubrir necesidades básicas-, etc. En adición a esto, el pago por las prendas se realiza 30, 60 o 90 días después que las mismas llegan al destino de comercialización; es decir, que si hay algún sobresalto durante la producción o transporte de los bienes, los trabajadores no recibirán paga.

Como informa Leire Regadas, la pandemia de coronavirus ha frenado inevitablemente el ritmo del fast fashion, que ha provocado pérdidas de hasta 3.500 millones de dólares solo en Bangladesh. Las consecuencias de las cancelaciones de pedidos y pagos retenidos han recaído directamente sobre las trabajadoras textiles, la mayoría mujeres y muchas menores de edad. Las fábricas cerraron en marzo sin previo aviso y dejaron en la calle a más de dos millones de personas sin cobrar el salario correspondiente; y las que continuaron abiertas o re-abrieron sus puertas, lo hicieron sin aplicar medidas sanitarias acordes.

A comienzos de marzo, ZARA lideró un compromiso internacional para pagarle a sus proveedores durante la pandemia, siendo seguido por H&M y otros pesos pesados de la industria. Sin embargo, un gran número de compañías no se unió a la campaña; y una investigación del WRC Worker Rights Consortium (WRC) en asociación con el Center for Global Workers’ Rights (CGWR) de la Universidad Estatal de Pensilvania demuestra que muchos de los comprometidos no pagaron o aplicaron descuentos de hasta un 50% sobre los trabajos finales (1).

Covid-19 Tracker: Which Brands Are Acting Responsibly toward Suppliers and Workers? Disponible en: https://www.workersrights.org/issues/covid-19/tracker/

Pero esta no es la única forma en que las grandes firmas textiles han buscado sacarle ventaja a la pandemia. Urban Outfitters, Uniqlo y H&M cerraron sus tiendas físicas en muchos puntos del globo y lo anunciaron públicamente a través de diversos comunicados. Sin embargo, las 2 primeras no revelaron si compensarían a sus empleados durante este tiempo; y H&M adoptó la política de sólo dar 2 semanas de paga continua. 

Estas empresas facturan miles de millones de dólares en el mercado mundial, ganando más dinero que conglomerados de lujo como LVMH, Hérmes y Pandora; y siendo de las empresas con crecimiento más estable desde la crisis económica del 2008. Entre febrero de 2018 y enero de 2019, Inditex rompió su propio récord de beneficios al alcanzar los los 3,444 millones de euros; H&M y Fast Retailing (Uniqlo), tuvieron facturaciones cercanas a los 20,000 millones de euros durante el mismo período. Amancio Ortega, fundador de Zara, Ortega se convirtió en una de las tres personas más ricas del mundo en 2019, con un patrimonio de más de 75.000 millones de euros.

Aún con la considerable baja de ventas, agencias de calificación financiera como Moody’s afirman que la mayoría de los distribuidores cuentan con liquidez para resistir una interrupción (comercial) de carácter no prolongado.

La “democratización de la moda” se ha manifestado como una socialización de las pérdidas, donde el costo, los riesgos y la miseria caen sobre los cuerpos de las ya vulnerables trabajadoras de los países del tercer mundo. Y esto no es un hecho aislado en tiempos atípicos, es una constante en una industria donde hay 20 grandes ganadores y más de 150 millones de trabajadoras perdedoras; y ningún tipo de accountability.

Ninguna  imitación de baja calidad de ropa de diseñador no puede lograr que esto luzca bien.

Referencias

(1) Un estudio del WRC afirma que el más del 72% de los compradores que cancelaron órdenes en proceso de producción se negaron a pagar por las materias primas compradas por los proveedores y un 93% por los cortes, remallados y construcciones de las prendas. El 98% de las empresas se negaron a pagar a los trabajadores que se encuentran suspendidos, en cumplimiento de las medidas gubernamentales para combatir al COVID-19. El 72% de los trabajadores no ha recibido paga alguna.

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