De la Primavera al Invierno en Medio Oriente

Artículo en conjunto con Lic. Sánchez Piccat, Alejo.

El proceso revolucionario comúnmente conocido como Primavera Árabe alcanzará a fines del año 2020 su décimo aniversario, y si bien los tiempos de las transiciones de régimen difícilmente puedan ser marcados o definidos con tanta puntualidad, parece pertinente revisar años más tarde en qué situación se encuentran los regímenes políticos que se vieron afectados por este período de cambio. En los últimos años, Medio Oriente se ha visto envuelto en una serie de acontecimientos que rememoran a los levantamientos de principios de la década, es por esto que se evidencia un proceso cíclico en el cual los Estados se encuentran en constantes desafíos de legitimidad y seguridad pone en velo a las elites gobernantes. 

La crisis con Irán, los levantamientos en contra del gobierno en Irak, Líbano, la guerra civil en Siria, la situación de Libia post Gadafi y la emergencia y resignificación de grupos terroristas en el territorio, obligaron a los Estados a protagonizar cambios considerables en la región. A continuación, se presentan los casos más significativos de dicho proceso. 

YEMEN 

Cuando las protestas explotaron en el país con la renuncia de Alí Abdullah Saleh y la asunción de su vice Abd Rabbuh Mansour Hadi, los principales medios festejaron la llegada de la “tranquilidad y estabilidad” en el Estado. Lejos de esto, Yemén está atravesando una guerra civil compleja de bandos difusos con la emergencia de grupos terroristas y grupos rebeldes tales como Al Qaeda y los Hutíes (rama chiita dentro del Estado). Sumado a esto, las principales potencias de Medio Oriente y del mundo infieren y despliegan sus proxys de influencia. 

La situación desde entonces se transformó en una guerra asimétrica, el caos fue aprovechado por los grupos terroristas, dejando áreas controladas por las distintas facciones que luchan en Yemén. Los números son alarmantes para la comunidad internacional, desde el 2015 murieron alrededor de 7.000 personas, la cólera y la hambruna se hicieron presentes, se estima que 14 millones de personas sufren de inseguridad alimentaria y 2 millones fueron afectadas por la enfermedad nombrada anteriormente. Se tiene noción de que 5 millones de personas fueron desplazadas. La “guerra olvidada” de Yemén se transformó en un campo de batalla desolado en el cual las motivaciones y la esperanza de cambio quedaron dilapidadas con el contexto actual que azota al país. 

EGIPTO

Si bien las esperanzas para este caso eran altas al comenzar las protestas, el resultado difiere mucho de lo buscado inicialmente. El persistente involucramiento de las Fuerzas Armadas egipcias en la política nacional luego de la caída del presidente Hosni Mubarak, así como la presencia de partidos políticos del islamismo ortodoxo como la Hermandad Musulmana, llevó a la transición a devenir en una puja constante entre los restos del autoritarismo y el deseo por la democracia que resulta – en el mejor de los casos – en lo que Steven Levitsky y Lucan Way denominaron un autoritarismo competitivo. El actual gobierno de Al-Sisi fue reelecto en 2018 por un extraordinario porcentaje de 97% de votos, pero ante denuncias de acoso e intimidación por el sufragio, bajísima participación y denuncias de coerción a fuerzas opositoras.

LIBIA 

Después de los levantamientos, la represión y la muerte de Kadafi, este Estado se vió inmerso en una guerra civil entre dos bandos que se disputa el control de la capital y responden a los intereses de las potencias vecinas y del mundo establecidas en el país africano. Por un lado, el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) dirigido desde Trípoli con reconocimiento de la ONU, por otro lado, el Ejército Nacional Libio (LNA) desconoce dicha gestión, encabezado por el general Khalifa Haftar. En el 2019, se hace una incursión para tomar el control de la capital y el LNA controla el 80% territorio libio, entre ellos los puntos más significativos en la producción de recursos energéticos. 

En este sentido hubo una intervención directa e indirecta de los países vecinos y las potencias apoyando a uno u otro bando (GNA: ONU, UE, Qatar y Turquía – LNA: EE.UU, Rusia, Francia, Egipto, Arabia Saudita, Jordania y EAU)  . El saldo es un Estado fallido que se ve envuelto en una contienda en la cual ambos bandos pretenden controlar la capital y poder asentar un gobierno que devuelva la calma al país; aunque esta última idea parece ser utópica y alejada en el tiempo en el contexto actual del país.  

TÚNEZ

La llamada “Revolución de los Jazmines” es frecuentemente reconocida por la academia como el único producto verdaderamente exitoso de la Primavera, siendo el primer caso en ver estallar la revolución contra el gobierno de Zine El Abidine Ben Ali, la misma logró sus primeras elecciones democráticas en Octubre del año 2011 y desde ese momento, parece nunca haber mirado atrás. Si bien las condiciones económicas se alejan de lo óptimo, la misma es aún una democracia joven con un largo camino por recorrer, calificando todavía como meramente electoral, y no liberal, en términos de derechos y libertades políticas concedidas a la ciudadanía se ha mejorado considerablemente en la libertad a medios, de expresión y sus últimas elecciones presidenciales (2019) fueron calificadas por organismos internacionales como libres y justas.

SIRIA

El caso sirio es, quizás, el más emblemático del proceso. Llegando ya a los nueve años de conflicto armado entre civiles y fuerzas estatales, el intento de transición parece alejarse cada vez más del sueño democrático. Con alrededor de siete millones de ciudadanos sirios dejando el territorio entre refugiados, solicitantes de asilo y perseguidos por las fuerzas del presidente Bashar Al-Assad, el régimen se presenta como uno de los más represivos del mundo, llevando al país a calificar literalmente como el “menos libre” del planeta según Freedom House. Al conflicto interno es necesario sumarle condiciones agregadas propias del caso como lo son la presencia en el territorio de grupos extremistas como el Estado Islámico (ISIS), la venta de armas a civiles -lo  que fomenta el conflicto armado- y las disputas territoriales previamente existentes con grupos minoritarios como los Kurdos.

IRAK

Si bien Irak no está dentro del grupo de los “originales” de la Primavera Árabe, se vio agitado no solo por las movilizaciones en su país sino que, en el contexto de las tensiones y el conflicto entre Irán y Estados Unidos, quedó envuelto en medio de presiones sociales que resucitaron las motivaciones exigiendo cambios en el gobierno. 

Los estudiantes y jóvenes iraquíes salieron a la calle a protestar por la corrupción y la falta de respuestas del régimen político que responde a minorías chiitas que no representan a la mayoría sunita del país. 

El 2020 inició con las protestas en la embajada norteamericana, la muerte del General Soleimani, el posterior ataque a las bases norteamericanas por parte de Irán. Todos estos sucesos se dieron en territorio iraquí, las manifestaciones no se hicieron esperar. La conjugación en contra de la presencia norteamericana en el país, la injerencia de Irán en la dirigencia política nacional y el estancamiento de la economía, crearon un contexto para que la sociedad se vuelque a las calles y rememore los sucesos del 2011 en la Primavera Árabe.  

La Primavera Árabe lejos estuvo de ser un proceso estabilizador exitoso para los países que se vieron involucrados en las movilizaciones iniciadas por la inmolación de Mohamed Bouazizi en el año 2011 en Túnez. Si bien el caso de Túnez suele definirse como exitoso, la empiria muestra que la generalidad de los Estados involucrados en dicho proceso se encuentran estancados o peores de lo que se encontraban al momento del estallido. A los casos analizados se suman las protestas en Irán, Líbano, Sudán  y Argelia. 

Medio Oriente comparte síntomas de insatisfacción por parte de la ciudadanía con la élite política, los regímenes y la rigidez a la hora de responder las demandas de la sociedad. Las movilizaciones masivas, las represiones, la búsqueda de candidatos outsiders y la falta de respuestas configuran un contexto poco pacífico para los Estados que deben responder y atravesar el proceso cíclico de la Primavera Árabe. Una historia que parece estar destinada a repetirse y reinventarse.

Escrito por

Analista política. Gobierno y Relaciones Internacionales.

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