Juntas pero separadas: feminismo interseccional

A lo largo y a lo ancho del mundo, las problemáticas sociales que enfrentan los grupos marginados son incontables. Machismo, racismo, xenofobia, homofobia, transfobia, clasismo y demás tipos de discriminación y opresión se desarrollan en diferentes partes del mundo al mismo tiempo pero con demandas diferentes y específicas.

El dilema anteriormente planteado se complica cuando un grupo presenta características que se solapan con las de otro, es decir que existen grupos de individuos que reúnen más de un tipo de opresión social: mujeres negras, hombres bisexuales, personas trans pobres, etc. 

El movimiento feminista no queda ajeno a esta sumatoria de rechazos y estigmas sociales y por esto dentro del movimiento se desarrolla una corriente que intenta explicar por qué la sumatoria de dichas opresiones tiene como consecuencia un nivel de marginalidad que aumenta según el grado de participación que las personas tienen en diferentes grupos minoritarios. Tal movimiento resulta dinámico: no se resiste a los cambios temporales y es acompañado por las nuevas generaciones desde novedosos lugares de reflexión. Su capacidad de transformación y lectura hace que este pueda desarrollarse en diferentes lugares, etapas históricas y en diversas culturas. Es así que este movimiento encuentra nuevos objetivos dependiendo del lugar en el que se manifieste y el tipo de demandas que las mujeres y disidencias de ese contexto socio-cultural requieren.

El extenso abanico de requerimientos que los grupos de mujeres y disidencias exponen a lo largo del mundo se adecuan a sus necesidades, necesidades que a su vez emanan de un contexto cultural en el que de diferentes formas las minorías son oprimidas. 

En el año 1989, la profesora de Derecho especializada en etnia y género y activista feminista Kimberlé Crenshaw bautizó esta superposición de problemáticas como “interseccionalidad”, dentro de un artículo publicado por la Universidad de Chicago.

¿Tantos feminismos como feministas? Sí, claro. El feminismo como canal de lucha y reclamo para avivar la libertad de todas, comprende la superposición de problemáticas como interseccionalidad. 

El feminismo interseccional logra entonces explicar porque una mujer blanca, de clase media y escolarizada que reside en América del Norte no vive el mismo tipo de opresión que una mujer afroamericana, de clase baja y sin escolarización que reside en el mismo lugar.

La interseccionalidad visibiliza la sumatoria de opresiones y arroja como resultado una lectura en la que el feminismo, como herramienta de cambio social, persigue el objetivo de la liberación total de las mujeres; pero esta faceta consigue remarcar que mujeres blancas, ricas, escolarizadas y occidentales retienen privilegios por sobre las demás.

Finalmente, esta rama del feminismo consigue visibilizar que este tipo de opresión “mixta” se reproduce incluso dentro de grupos que se unifican y consolidan en su deseo de libertad. 

Según los datos analizados por la Defensoría del Pueblo, las mujeres trans son las más vulnerables dentro del colectivo LGBTQIA+ argentino: en 2016, representaron el 77% de las víctimas de crímenes de odio en general, y el 92% de las víctimas de asesinato.

Esta vertiente del feminismo encuentra explicaciones a dilemas que se plantean como puntos de quiebre dentro del movimiento a multiculturalidad que esta corriente reconoce, ayuda a jerarquizar los reclamos dividiéndolos según las sociedades de los que estos emanan. Es necesario comprender que algunas de estas demandas son igualmente urgentes que los reclamos que emanan de sociedades que ya han abarcado y logrado conquistas en la misma materia.

Si bien feminismo multicultural incluye al feminismo negro y al feminismo interseccional, ambos términos definen una misma ideología que argumenta que el sexismo, el racismo y la opresión de clases están estrechamente vinculados. No podemos hablar de sexismo e ignorar cuestiones tan importantes como el nivel socio-cultural, la etnia o las cuestiones religiosas del entorno de las mujeres. Mientras que en Arabia el eje de reclamo gira en torno a si las mujeres pueden empezar o no a conducir por su cuenta, en gran parte de Europa y América del Norte, las mujeres reclaman protocolos asistidos contra la violencia obstétrica.

Reconociendo que ser mujer es un punto de partida de suma desventaja, cualquier otra caracterización personal vinculada a grupos minoritarios o desplazados no hace más que aumentar el grado de marginalidad.

El principal aporte que esta corriente supo sumar a la matriz feminista es la comprensión de que los objetivos de conquista de las mujeres alrededor del mundo son absolutamente dispares pero todos igualmente importantes ya que, el resultado de cualquier movilización o reclamo siempre apunta al empoderamiento y la liberación de la mujer como sujeto oprimido de la sociedad patriarcal.

Escrito por

Analista política. Ciencias sociales y Feminismo. Creadora de contenido en @Molunenas.

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