Medios y su influencia: Cuando la radio y la prensa incitan a un genocidio

El 6 de abril de 1994 se estrellaba el avión donde viajaba el presidente ruandés, Juvenal Habyarimana, de etnia hutu, producto de una acción premeditada. Tan sólo cuarenta minutos más tarde comenzaría la matanza tanto de hutus opositores, como de tutsis.

El genocidio no fue producto solamente de la manipulación europea durante la época de colonización. Años de control gubernamental sobre las emisiones radiales, transmisiones clandestinas, mensajes de odio y deshumanización de la etnia tutsi, incluso hits musicales ruandeses prepararon mentalmente a la población del país para que, en el momento indicado, comenzara la matanza. Los medios fueron el factor clave para que el ataque se diera con rapidez, precisión y tuviera tanta cantidad de víctimas fatales.

Desde la independencia de Ruanda, el gobierno comenzó con las difusiones de mensajes de odio hacia los tutsis por emisiones radiales, para así prepararlos para cuando fuera el momento propicio de iniciar los ataques. Para explicar en qué consistió el genocidio, Genocide and The Media escribe “Primero, la matanza fue altamente difusa. Aunque no se dio de forma uniforme o simultánea a lo largo del país, no dejó regiones afuera y la matanza en sí fue llevada a cabo en espacios tanto públicos como privados, incluyendo iglesias, calles, casas, etc.”

La identificación sistemática y la búsqueda de tutsi dependían de la compilación de listas exhaustivas a nivel local; el asesinato implicó la denuncia generalizada y la traición de amigos, vecinos y seres queridos.

En los ’90 ocurrió la proliferación de la radio como principal medio de comunicación masiva. Si bien también la prensa jugaba un rol importante, la radiodifusión era la forma efectiva de conseguir llegar a oídos de la población.

Debido a la alta tasa de analfabetos en la región, y en un país sin un periódico diario y pocos televisores, la radio era el medio de masa dominante. Los principales medios masivos eran las estaciones radiales “Radio Ruanda”, “Radio y Televisión Libre las Mil Colinas” (RTLM), y la revista “Kangura”.

Radio Ruanda, una estación estatal, fue considerada la estación gubernamental “oficial” y una parte leal del régimen del presidente Habyarimana. Había operado desde la víspera de la independencia de Ruanda en 1962, y sus emisiones tendían a ser más moderadas que RTLM. Esta última estación fue lanzada en abril de 1993, en un contexto de ampliación de representación de voces, pero sus opiniones ya se habían vuelto extremistas para octubre de ese año.

Allison Des Forges explica en su libro “Leave None To Tell The Story” que antes de la guerra, Ruanda tenía una sola emisora, y que escuchar la radio era una distracción popular entre la gente común y la élite por igual. En 1991, un 29 por ciento de todos los hogares tenía una radio.

Era usual que Radio Ruanda emitiera información falsa, particularmente sobre el progreso de la guerra, pero la mayoría de la gente no tenía acceso a fuentes independientes de información para verificar sus afirmaciones. 

Durante el genocidio, fue notorio el uso de la palabra “trabajo” como eufemismo de la matanza, principalmente por la RTLM. Debe entenderse en el contexto del desarrollo: la invocación del trabajo se basó en los discursos de desarrollo existentes, haciendo memoria a los trabajos comunales y la esencia agricultora de los hutus. “Trabajen ustedes los jóvenes, en todas partes del país, vengan a trabajar con su ejército. Venga a trabajar con su gobierno para defender su país”. 

No sólo leían una lista de ciudadanos de origen tutsi para marcarlos como objetivo, sino que también alertaban sobre escondites. Durante una entrevista, un hombre le dijo una vez a Kantano, vocero de la radio, que él y sus colegas habían matado a cinco inyenzi (cucaracha en idioma kinyaruandes, así se referían a los tutsis). Los voceros no hicieron más que alentarlos a “seguir así”. Como resultado del papel de la propaganda radiofónica, Samantha Power, (2001) afirmó que “los asesinos llevaban a menudo un machete en una mano y una radio de transistor en el otro”.

Por su parte, la revista Kangura se hizo famosa por su publicación de “Los 10 mandamientos Hutus”, la cual sostenía que tener una relación de cualquier tipo con una mujer tutsi era traición, ya que los niños nacidos de ella serían “híbridos con dos cabezas”, y por fomentar el uso del término inyenzi para hablar de tutsis.

Entre sus publicaciones más famosas puede leerse, “(…) una cucaracha no puede dar a luz a una mariposa. Es verdad, una cucaracha da a luz a otra cucaracha… La historia de Ruanda nos muestra claramente que un tutsi siempre se mantiene exactamente igual, que nunca ha cambiado. La malicia y la maldad siguen siendo tal cual las conocimos a lo largo de la historia de nuestro país.” Basaban su propaganda de odio en los mitos fundacionales de Ruanda, el catolicismo, y la historia que les enseñaban en los colegios. Debido a la baja alfabetización de la sociedad, utilizaban caricaturas sencillas en sus publicaciones, para poder llegar incluso a esa parte de la población que no sabía leer.

El proceso de enjuiciamiento no fue una tarea fácil, básicamente todos los habitantes de Ruanda y zonas aledañas cargaban al menos una víctima en su placard, ya sea por puro odio o en defensa propia. Los principales dueños y emisores de estos medios fueron condenados a cadena perpetua junto a demás genocidas, pero esto sucedió hace 25 años. Son condenas que estarían llegando a su fin en los próximos meses, debido a que una cadena perpetua equivale a un cuarto de siglo en la cárcel. Los condenados que saldrían en libertad, tienen un promedio de 55-60 años de edad. El director de Kangura continúo haciendo publicaciones de incitación al odio, incluso tras las rejas. 

El genocidio demuestra que la propaganda y los mensajes de odio son una muy poderosa influencia en las masas. Los grupos radicales hutu les dieron un uso muy eficiente para orquestar y ejecutar el ataque de forma tan precisa y masiva. Y del mismo modo en el que los medio fueron utilizados para fomentar el odio y el miedo, también podrían haber sido utilizados para apaciguar el conflicto y sosegar el odio y el resentimiento social por parte de ambos grupos. Los medios fueron los encargados de difundir los mensajes de forma tal que las personas no replicaran y, además, actuaran en consecuencia.

Los mensajes de odio fueron lo suficientemente claros y contundentes para infundir miedo y aún más desprecio hacia los tutsis, incluso más que en décadas anteriores, y así generar la influencia necesaria en la población para que se diera lugar a una masacre de tal magnitud.

Escrito por

Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales. Especializándose en estudios Africanos.

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