Nicaragua: ¿Una nueva Venezuela?

En abril de 2018 inicia en Nicaragua un episodio de protestas populares que canaliza el descontento de la población en contra del presidente sandinista José Daniel Ortega. 

Estas protestas comienzan después de que el gobierno realice una reforma al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS), que estipulaba un incremento en las contribuciones y una reducción de las pensiones para “mejorar el balance financiero del sistema de pensiones”. De esta manera, comienzan movilizaciones pacíficas, principalmente de estudiantes, que son reprimidas por la Policía Nacional, agentes antidisturbios y la Juventud Sandinista, un grupo simpatizante de las reformas, dando lugar a un estado de violencia generalizada.

Desde abril del 2018 se han producido al menos 325 muertes, según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, aunque organismos locales elevan la cifra a 594. Sin embargo, el dúo presidencial de Ortega y su esposa y vicepresidenta Rosario Murillo continúan negando las acusaciones en su contra, desmienten que hubiera presos políticos y replican que son víctimas de un intento terrorista de golpe de Estado promovido por sus rivales políticos. 

¿Estamos ante una nueva Venezuela? 

Tanto Maduro en Venezuela, como Ortega en Nicaragua, fueron elegidos democráticamente (aunque se los acusa de fraude) y han utilizado su posición para tomar el control del Gobierno y las instituciones clave. Ortega burló en el 2011 la prohibición constitucional de estar en el poder más de dos mandatos y en el 2014 la eliminó directamente de la Carta Magna. La oposición denunció fraude en los comicios municipales del 2008 y en los presidenciales del 2011. De los del 2016, en los que fue reelegido, fue excluida la principal alianza opositora. 

En ambos países han participado fuerzas parapoliciales en la represión y se acusa a ambos Gobiernos de respaldarlas. Maduro y Ortega dicen que hay un complot liderado por Estados Unidos para derrocarlos y califican a sus opositores de terroristas. Además, Nicaragua, Venezuela y Cuba están entre los principales socios militares de Rusia en América Latina y el Caribe, y no olvidemos que en marzo de 2014 los 3 países apoyaron la anexión rusa de Crimea. En el caso de Nicaragua, el país centroamericano ya era una de las puertas de entrada de los intereses rusos, y con la vuelta al poder de Ortega en 2007 se reactivó una fuerte relación iniciada durante la revolución sandinista. 

En línea con esta alianza, Rusia defiende a Nicaragua de intentos de intervención estadounidense, el año pasado ante la ONU, por ejemplo, el embajador ruso instó a Washington a que “abandone sus intentos inspirados en la tradición colonialista de influir en la situación en Nicaragua”. Moscú plantea que, si realmente se encuentran preocupados por lo que sucede en el país, deberían “levantar las medidas restrictivas que impuso Estados Unidos a ese país por motivos políticos”. 

El gobierno de Trump calificó en noviembre de 2018 a los tres países latinoamericanos como “la troika de la tiranía” por ser “fuerzas destructivas de opresión, socialismo y totalitarismo” (palabras de John Bolton, consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca).  A pesar de esto, Washington continuó con los esfuerzos de negociar de forma interna la salida de la crisis. En marzo de este año, Todd Robinson, el asesor para América Central del Departamento de Estado, dijo que Ortega está tratando de enmarcar el conflicto como una lucha ideológica clásica entre Nicaragua y Estados Unidos, pero que “no es el caso. El conflicto con Daniel Ortega es con el pueblo nicaragüense y su deseo de vivir en democracia y libertad”. 

¿Qué cambió?

Después de 14 meses de la crisis política, socioeconómica e institucional más grave del siglo XXI en el país centroamericano, el pasado 11 de junio la Asamblea Nacional de Nicaragua aprobó el ingreso de efectivos militares, naves, aeronaves y personal de los ejércitos de Estados Unidos (en su caso únicamente para realizar donaciones), Cuba, Rusia, Venezuela, México, entre otros. La Asamblea informó que la entrada es para “fines humanitarios, de adiestramiento e intercambio de experiencias” con el Ejército de Nicaragua. La colaboración militar no es algo nuevo en este país, pero en este decreto se menciona que los rusos van a colaborar con el “centro de transmisiones” sin dar mayores detalles de lo que significa. En consecuencia, y teniendo en cuenta el contexto de crisis del país, la oposición al gobierno de Ortega reclama porque se resiste a que el país sea visto como un satélite de los intereses geopolíticos de otras naciones.

Mientras tanto, los cuestionamientos internos e internacionales a la pareja gobernante continúan, pero estos se niegan a adelantar las elecciones de 2021 al 2019, reafirmando su mandato constitucional de cinco años que concluirá en 2022. 

Solo el tiempo dirá si la crisis en Nicaragua llegará a niveles tan críticos como la venezolana; mientras tanto, las costas del Caribe se enfrentan a dos líderes autoritarios que no se encuentran dispuestos a ceder poder en función de la libre determinación de sus pueblos.

Escrito por

Analista política y futura politóloga. Feminismo y relaciones internacionales. Cofundadora de @molunenas

2 comentarios sobre “Nicaragua: ¿Una nueva Venezuela?

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